Capsulas de Carreño

“A mi manera: “Mafiosis o caballeros del honor” (Charles Figueroa Mendoza, Bogotá)

Charles FigueoaPor Charles Figueroa Mendoza,
Bogotá

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*Solo sobra recordar que nadie está por encima de la ley, y que tarde o temprano todos los mafiosos caerán.
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El argumento recurrente en las películas de Hollywood, cuando de bandidos se trataba, era la “cosa nostra”, individuos vestidos con traje de rayas, corbata ancha, sobrero de ala corta, zapatos pulcramente lustrados, finos autos y exuberantes bellezas de grandes pechos y caderas abundantes. Esa fue la imagen de Al Capone, Dillinger, “cara cortada” y  otras hierbas. Crecimos con esa idea de la mafia Siciliana, ignorando que los verdaderos mafiosos eran otros.

Si bien la palabra no tiene un significado claro pues algunos la relacionan con un acróstico “Morte Alla Francia Italia Anela”, un slogan siciliano usado contra invasores franceses del siglo XIII, otros le adjudican el término a un apócope de la “Mia Famiglia” pues estas son consideradas familias, y sus integrantes “Mafiosis” u hombre de honor, en fin, venga de donde venga el término en Colombia suficientemente sabemos su significado o por lo menos eso creemos.

Las mafias en mi concepto si están conformadas por bandidos, pero no necesariamente son ilegales. Hay aparte de los ya citados, otros mafiosos mucho más importantes y dañinos, he aquí algunos ejemplos: La banca no solo maneja los ahorros de todos nosotros sino que cuando tienen problemas los estados salen a imponer el impuesto del 4/1000.

A los gobernantes los elegimos y pensamos erróneamente que nos representan, pero solo atienden a sus intereses personales, generalmente salen elegidos por ayudas mafiosas. Algunas iglesias, muy bien organizadas, abusan de la ignorancia de sus fieles, no por creer en Dios, sino por pensar que dichos “pastores” son sus enviados, verdaderos delincuentes organizados.

Dentro de todas éstas mafias habíamos dejado de lado a la FIFA; todos sabíamos de su comportamiento de bandidos pero nadie se había atrevido a tocarla. Se necesitaba un país súper poderoso,  pues el argumento que mantuvo al organismo en la impunidad, y los convertía en intocables, era que “cualquier país en donde intervenga la justicia ordinaria será desafiliado”, pues bien la que corre el riesgo de ser “desafiliada” es ella.

Qué tiene el fútbol que, a sabiendas de su corrupción, es seguido por miles de millones en todo el mundo? Hoy por lo menos el planeta de aficionados se paralizó con la final de la Champions en Berlín ganada por Barcelona.

Mientras el globo se convulsiona con el espinoso asunto, en Colombia las cosas continúan como si nada hubiera pasado. La UIAF, encargada de vigilar el blanqueo de dinero, salió inmediatamente a colocar en la picota a siete equipos como para maquillar el tema, pero nadie se mete con la federación. No olvidemos que la mafia local, artículo 12 del código disciplinario, prohíbe a “la famiglia” recurrir a la jurisdicción ordinaria para reclamar sus derechos o dirimir sus pleitos.

Los “hombres de honor de la federación hacen lo que les viene en gana con los miles de millones de dólares que reciben a nombre de Colombia. Tienen sus propios tribunales a los que convidan uno que otro magistrado, no invierten un carajo en la preparación de los jugadores, los mismos que una vez formados explotan a placer vistiendo los colores de la selección. Sacan provecho abusivo de los estadios y del nombre de la patria en su propio beneficio. No pagan impuestos en las ciudades donde juegan sus partidos y viven como verdaderos sibaritas. Para mantenerse en sus puestos invitan a los torneos internacionales o los directivos de los clubes que venden su voto por un plato de lentejas.

La Federación Colombiana de Fútbol tiene 11 patrocinadores que desembolsan fortunas, derechos multimillonarios de televisión, contratos con multinacionales que pagan sumas exorbitantes por vestir a los seleccionados nacionales, perciben por transmisiones de radio, partidos amistosos, participaciones de la FIFA, Conmebol y hasta de los equipos profesionales reciben una tajada por ingresos de aficionados, en fin,  cobran a todos y por todo, y cuando se le pregunta a Luis Bedoya en dónde está todo ese dinero, responde con cinismo que todo se ha invertido en una discreta sede que tiene la federación en Bogotá y en gastos de funcionamiento.

Solo sobra recordar que nadie está por encima de la ley, y que tarde o temprano todos los mafiosos caerán. Si están a punto de ser extraditados Joseph Blatter y Jack Warner presidente y vicepresidente de la FIFA, no hay ninguna razón para que todos los bandidos no vayan a la cárcel. Es cierto que la justicia en este país es ciega y vendida, pero no hay mal que dure cien años, ni país que lo resista.

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