Capsulas de Carreño

«A veces se juntan»… Hernán Peláez, Wbeimar Muñoz, Carlos Antonio Vélez, Iván Mejía…


POR WILLIAMS VIERA, desde USA.. //

 

 

En las aulas se habla que ningún tiempo es pasado, que nada ocurre en vano, que nada pierde sus huellas aunque las cosas sucedan separadas.

Y en esta ocasión llegaron fotografías, como si fuesen cartas, que dicen que todo es diferente como lo repiten nuestros abuelos y abuelas en las charlas de café.

Porque dicen, “a veces se juntan” y alguno de ellos le agrega el pensamiento del filosofo canadiense Marshall Mcluhan (q.e.p.d.): “El género humano es un animal que recuerda aún cuando quiere olvidar en el marco del desarrollo de esta aldea global que modificó al hombre y a la mujer en su esencia, ya que alteró desde su manera de comunicarse hasta la organización social de la tribu”.

Los maestros del periodismo radiofónico deportivo se juntaron el día que recibieron, en el 2011, el diploma de la Universidad Autónoma del Caribe cuando les otorgó el Doctorado Honoris Causa en Comunicación Social y Periodismo a Hernán Peláez Restrepo, a Iván Mejía Álvarez, a Carlos Antonio Vélez y Wbeimar Muñoz Ceballos, pero ¿quién es la dama que sonríe? Quien lo conozca, por favor nos escribe para completar, obviamente, el pie de foto. Por el momento, nos quedamos con su sonrisa…

A veces…

Entonces, en el momento que dicen, “a veces se juntan” hacen referencia, por ejemplo, a la foto de la noche del viernes 4 de noviembre de 2011 en la que aparecen Hernán Peláez Restrepo, Iván Mejía Álvarez, Carlos Antonio Vélez y Wbeimar Muñoz Ceballos junto a una bella dama de la que no recordaron, en el momento en que se escribía esta crónica, su nombre, pero sí hablaron de la sonrisa que además de iluminarle el rostro le daba luz a su alma y que celebraba la entrega de aquellos diplomas en el Hotel Country International de Barranquilla.

Peláez, por aquellos días, afrontaba un inconveniente de salud, pero se mostraba feliz en el instante que recibió el diploma que la Universidad Autónoma del Caribe lo galardonaba con un Doctorado Honoris Causa en Comunicación Social y Periodismo.

Igual aconteció con Mejía Álvarez, Vélez y Muñoz Ceballos, quienes, debido a la ocasión tan especial, se olvidaron por un rato de hablar de fútbol, pero especialmente Mejía y Vélez de lanzarse los acostumbrados dardos que escuchaban sus oyentes desde Caracol y Antena 2, sus respectivas trincheras.

“Aquello fue una noche de amigos, pero los ojos de los asistentes estaban puestos en lo que pudieran hacerse Mejía y Vélez. La verdad es que ninguno de los dos intentó llegar a los puños. No me pareció que se odiaran”, contaría tiempo después Francisco Figueroa Turcios en una crónica para el diario El Heraldo.

Hernán Peláez Restrepo levanta su diploma lleno de orgullo mientras los asistentes aplauden aquel momento imborrable.

Se agotan los cigarrillos y el café

En el momento que llegan fotografías a una sala de redacción en este tiempo de la pandemia ocasionada por el coronavirus, las cosas que están separadas, a veces se juntan. ¿Qué es lo que las une?

No hay duda que el ver a Luis Alfredo Céspedes posando como futbolista es un verdadero acontecimiento capaz de agotar los paquetes de cigarrillos y los pocillos de café que alguien tenga a mano.

Céspedes, en Pereira, es un personaje único de la radio. Uno de sus oyentes fieles, de esos que nunca cambian el dial y que lo buscan, así se encuentre en Cali o en Bogotá, lo vio en un partido de Caracol y Todelar, eso hace años.

“Cada vez que le llegaba la pelota a Luis Alfredo a uno le daban ganas de matarlo, pero terminábamos riéndonos con ganas. Era una fiera marcando. Ni él jugaba ni tampoco dejaba tocar la pelota al contrario. Era como si tuviera la consigna de que si él no jugaba, el rival tampoco lo haría. ¿Quería ser futbolista? Eso no lo sabemos”, contó Mario Ortiz, un hincha veterano del Deportivo Pereira de la época en que lo dirigió el paraguayo César López Fretes (q.e.p.d.) en 1966 cuando el equipo ‘matecaña’ logró el tercer lugar detrás del Independiente Santa Fe, campeón, y del Deportivo Independiente Medellín, subcampeón.

Luis Alfredo Céspedes, de pie, mano izquierda, integraba el equipo de Caracol-Pereira. ¿Qué año y quiénes integraban ese grupo de profesionales de la radio? Esa información quedó pendiente para una próxima asignatura.

La foto es el reflejo

Los abuelos y las abuelas, en las charlas de café y más en esta época en que se encuentran encerrados, sentados y viendo cómo pasan carros al frente de sus casas mientras el tiempo se les pasa como agua que se escapa de las manos, dicen, “las fotos son el reflejo de quienes aparecen en ellas, llenas de fantasmas. Ninguna fotografía se parece a otra, ni tiene la misma personalidad”.

Quizás por ese motivo es que las viejas postales son tan atractivas. En este caso se da con otra fotografía de un equipo de periodistas en Cali. Se distinguen, en ella, a Alfredo Palacios Rivera, locutor comercial, de pie, el primero de izquierda a derecha; a Jairo Chávez Ávila, también de pie, en sus inicios en la radio, es el tercero de la fila; abajo, los tres últimos son Guillermo García Jaramillo (q.e.p.d.), Óscar Rentería Jiménez y Joaquín Marino López (q.e.p.d.).

Y es que después de tanto tiempo en que se registró la foto, son pocos los que se atreven a recordar nombres y con sutileza prefieren hablar que “los periodistas de esa época jugaban antes de los partidos en los que actuaban el Deportivo Cali o el América en el Pascual Guerrero. Y es de los años 70 de la centuria anterior”.

Ese grupo era de la época en que la gente de a pie le decía a sus hijos una frase de Isócrates, orador-político-y-educador griego, debido al poder de la radio: “No te contentes con alabar a las personas de bien: imítalas”.

Entonces, seguimos en el juego planteado desde el comienzo. ¿Quién se atreve a completar la identificación de quienes deleitaron a los aficionados antes de los partidos del fútbol profesional?

Lo que sí sabemos es que muchos de quienes están en esa fotografía, en el momento que salió publicada en el diario Occidente, compraron el periódico con el único objetivo de guardar la página para sus nietos. El único fin que tenían era que descubrieran lo famosos que eran.

Equipo de fútbol de los periodistas deportivos del Valle del Cauca. Entre ellos aparecen, arriba, Alfredo Palacios Rivera y Jairo Chávez Ávila y abajo, Guillermo García Jaramillo, Óscar Rentería Jiménez y Joaquín Marino López. ¿Quién nos puede ayudar a completar los demás integrantes que marcaron el camino para el periodismo deportivo que apenas empezaba a florecer?

La carta

Lo que nadie sabía era que el comentarista Javier Giraldo Neira (q.e.p.d.) en los estadios en los que iba a transmitir los partidos de visitante del Once Caldas, recibía cartas de sus oyentes adultos.

Sin embargo, el día que el ‘blanco’ visitó a Bogotá para enfrentar a Millonarios, Giraldo Neira recibió una misiva de un muchacho.

“Maestro, ¿algún joven le dice algo que le haya comentado su abuelo?”, le preguntó Claudia Helena Hernández, periodista de Antena 2 en aquel entonces.

“Los muchachos de hoy no son como nosotros que vivimos para el fútbol y sabemos de la historia de los equipos. Los jóvenes, a pesar de las redes sociales, no saben de historia. Es la realidad de esta época”, dijo Giraldo Neira y guardó, en el bolsillo izquierdo de la chaqueta de RCN, aquella carta.

Entonces, la pregunta quedó en el ambiente: ¿botó la carta o la guardó entre los múltiples apuntes que tenía?

Fútbol, cerveza y un vaso con leche

El comentarista Javier Giraldo Neira (q.e.p.d.) cada vez que visitaba algún estadio en Colombia recibía alguna carta de sus oyentes que lo alababan o que lo criticaban.

Todos, de una u otra forma, esperamos un milagro. Y el milagro, como los abuelos y las abuelas que están sentados, es que todas las cosas se conjuguen y adquieran un sentido para la vida.

    Lo único real es que cuando creían que tenían todas las respuestas, de pronto, les cambiaron todas las preguntas y se quedaron sin palabras. Entonces, recurrieron a la memoria que son la eternidad y el instante.

      Por eso, nadie olvida que en las canchas del barrio Calima, en Cali, por la autopista suroriental, iba a jugar el equipo de fútbol de Caracol, a mediados de la década del 80 de la centuria anterior, que tenía entre sus filas al narrador Marco Antonio Bustos (q.e.p.d.) y el comentarista César Augusto Londoño, pero no podían faltar la cerveza, las empanadas y las consabidas risas de los participantes cuando alguien gritaba, desde un costado de la cancha, “a Lenis que le den un vaso de leche para que corra” en el momento que Ángelo Arbeláez le tiraba un balón en profundidad a Carlos Alberto, sí, el hombre del ciclismo y quien acaba de presentar, en Popayán, el libro que escribió y que tituló, ‘La radio que vivo’.

Eran los días de fútbol entre amigos, como Guillermo Durán, José Cardona o Julio Núñez, quien trabajó en Caracol durante 19 años haciendo remotos y reemplazos de los operadores de sonido que salían a vacaciones, pero Núñez debido a su perseverancia logró hace 15 años que lo vincularan por medio de un contrato laboral con sus debidas prestaciones de ley.

Entonces, Bustos, sin dejar de reírse, preguntó: “¿Por qué a Lenis le gritan ‘vaso de leche’?”.

      Ángelo Arbeláez, sin hacer pausa y sin pensarlo mucho, respondió: “Es que Carlos, de niño, siempre decía ‘quiero un vaso de leche’ en vez de ‘un vaso con leche’. Y si usted lo mira bien, cada vez que se quita la camiseta, parece un fantasma. Es más blanco que la leche”.

Todos, en aquella ocasión, se rieron.

En los 80 de la centuria anterior los operadores de sonido de Caracol y los periodistas radiofónicos encargados de los programas deportivos, los sábados, acostumbraban ir a las canchas de los barrios a jugar fútbol. De esos encuentros se conoció la razón de por qué a Carlos Alberto Lenis le dicen, entre sus amigos, “vaso de leche”.

 

A comprar la boleta

Ya lo dijeron los abuelos y las abuelas en esta historia lenta y dilatada cuando han visto las fotografías para esta crónica. El destino de cada quien es una línea que vibra en el instante del segundo. Es escuchar el imparable tic tac, tic tac, que es el  sonido conmovedor en las historias que se cuentan y que avanzan hacia adelante, pero también hacia atrás.

Y de eso bien sabe Hugo Ocampo Villegas, una institución del periodismo deportivo en Risaralda. Él es historiador de su departamento y en ese campo realizó dos libros: uno titulado ‘Protagonistas del deporte pereirano’ y el otro, ’Hechos del deporte risaraldense’ sin que nadie olvide que ‘Memoria técnica de los Juegos Bolivarianos’ es una compilación de resultados desde 1938 hasta el 2001.

En casi 50 años de trajinar por los campos del deporte, Ocampo Villegas recuerda con exactitud su primer día de trabajo radial.

“Fue un 24 de marzo de 1972 en un partido entre el Pereira y Millonarios que terminó a favor del local, 2-0, con anotaciones del colombiano Oswaldo ‘El Pescadito’ Calero y el paraguayo Eliseo Gaona Rivas. Inicié mis labores siendo un estudiante del último año de secundaria acompañando a Carlos Fernando Marmolejo (q.e.p.d.) y Henry Carvajal Castro en la emisora Ecos Risaralda, hoy Ecos 1360. El dato curioso es que tuve que comprar la boleta de ingreso al estadio que me costó 40.000 pesos para poder llegar hasta la cabina de transmisión porque no tenía carnet de acreditación”, diría Ocampo Villegas años después.

Miren la grabadora

Hugo Ocampo Villegas, toda una institución del periodismo deportivo en Risaralda, no olvida su primera vez en la radio. Y hace poco, al tener un trofeo en sus manos, la tribuna le gritaba, “Hugo, Hugo, ¿quién te regaló el trofeo?”.

Allí está, allí sigue estando. A pesar que murió el viernes 8 de noviembre de 1996, Armando Moncada Campuzano sigue en el recuerdo de sus oyentes, obvio, los más veteranos como nuestros abuelos o abuelas quienes aprendieron a conocerlo y admirarlo a través de esa poderosa voz que llegó al radio de sus casas a través de RCN, Caracol, Todelar, Grupo Radial Colombiano, Súper y Radio Sutatenza en la que organizó, en 1982, lo que se llamó Prodeportivo y con lo cual demostró que el periodista deportivo podía convertirse en empresario así tuviese que vender cupos publicitarios.

Él estuvo durante 50 años al frente de un micrófono y en ese lapso tuvo innumerables anécdotas que reflejan la capacidad de trabajo de este gordo bueno como lo llamó Arturo Abella (q.e.p.d.), director de Telediario (único noticiero que se emitía por la televisión en los años 70 a las 7:00 de la noche), en el momento de presentar la sección deportiva un día.

“Ustedes, muchachos, ¿no se cansan de dormir?”,  preguntó una vez Moncada a las 5:00 de la mañana, previo a la transmisión de una etapa de la Vuelta a Colombia. “Cuando lleguen a viejos, no van a poder ni respirar”, dijo y salió de la habitación del hotel y empezó a trotar, mientras sus compañeros se quedaban en la cama.

El relato lo contó hace años Jairo Chávez Ávila y fue confirmado, en ese tiempo, por Javier Hernández Bonnet, dos hombres de la radio que compartieron micrófono con Moncada en Caracol.

Pero el asunto es que de Moncada escribiremos en extenso en otra ocasión, pero lo haremos en un salón de billar, simplemente, como decía él, “al ser un lugar en el que se le quitan a uno las preocupaciones”.

Sin embargo, tenemos que volver al tema central y es la fotografía en la que se destaca el tamaño de la grabadora que usaba Moncada para realizar su trabajo.

“Ustedes no se preocupen por el tamaño sino de saber como se utiliza”, decía y soltaba una carcajada sonora y picaresca que, seguramente, llegó a los oídos de Dios sin poder evitar que se le cayeran unas lágrimas de los ojos.

Los recuerdos de quienes trabajamos con él, en Caracol Cali, se agolpan y nos impiden contar una serie de vivencias que llevaron al hermano de Jorge Eliécer a ser llamado, en los años 60 y 70 de la centuria anterior, Monseñor Moncada Campuzano debido a su obesidad, papada y calvicie que no le impidieron que sus oyentes lo escucharan con voz clara y fina que siempre lo acompañó, más la emotividad que le imprimió en el momento de cantar el gol en los estadios del mundo.

Pero, a todas estas, ¿qué pasó con la grabadora enorme que cargaba?

Al gordo bueno de Armando Moncada Campuzano (q.e.p.d.) nunca le faltó una grabadora así de grande cada vez que salía al exterior en las transmisiones de ciclismo o en cualquier estadio del mundo. Aquel artefacto era su más preciado tesoro.

 

Risa en la tribuna

En el momento que los abuelos y las abuelas vieron la foto del equipo de la televisión que recorría el país motivando a la gente con la campaña ‘una escuelita en tu corazón’, en algunos y en algunas las lágrimas corrieron por sus mejillas y hasta recordaban en la forma en que se desempeñaba en el arco el locutor Armando Plata Camacho o en  la manera en que enfrentaba a sus rivales, en ataque, Hernán Peláez Restrepo hasta el punto que le intervinieron su rodilla derecha en varias ocasiones.

“Los rivales gritaban, marquen a Lizarazo, pero cuando Peláez o Alberto Piedrahita Pacheco (q.e.p.d.) llegaban al frente todo se iba a la mierda cuando botaban la pelota causando con ello la risa de la tribuna al entender que aquello era para apoyar una causa”, contaría Jorge Barón años después.

En 1972 se organizó el primer equipo de las estrellas de televisión que adelantó una campaña que llamó “una escuela en tu corazón”. En él estaban, arriba, de izquierda a derecha: Armando Plata Camacho, Juan Harvey Caicedo, Pepe Cubillos, Jorge Barón, Otto Greiffestein, Armando Moncada Campuzano, Humberto Rodríguez Jaramillo y ‘El Cuqui’ López. Abajo, mismo orden: Juan Monroy, Alberto Piedrahita Pacheco, Alfonso Lizarazo, Hernán Peláez Restrepo y Julio Sánchez Vanegas.

¿Y qué comemos?

 Una de las sorpresas de los abuelos y las abuelas que participaron para escribir esta crónica por ser, en esta ocasión, los periodistas ciudadanos, fue tener entre sus manos una fotografía de este tiempo en la que aparecían los integrantes del grupo deportivo de Antena 2 de RCN-Radio, encabezados por Carlos Antonio Vélez, Henry ‘El Bocha’ Jiménez y Guillermo Arango, entre otros, sonrientes al igual que sus compañeros.

El emblemático programa ‘Planeta Fútbol’ se inició en 1989, año en que se canceló el campeonato profesional colombiano luego de la muerte del árbitro Álvaro Ortega.

Vélez, Jiménez, Arango y los demás quedaron inmortalizados por intermedio de una foto que captó el momento en que estaban los periodistas en el restaurante ‘Cocina Peruana La Molina’, ubicado en la calle 26C No. 4-43, en Bogotá, saboreando, entre otros platos, saltado de carne,  chaufa de mariscos, de pollo o de cerdo.

Uno de los meseros del lugar le contó, a uno de los periodistas ciudadanos, que “la primera vez que estuvo ‘El Bocha’ no sabía que era ‘chaufa’. Entonces, el cocinero salió y le explicó que era una especie de arroz chino”.

Lo que sí hay que decir es que nadie niega las maravillas de la tecnología, un comensal habitual de ese lugar sacó un teléfono celular del bolsillo del pantalón, tomó la foto y explicó lo que pasaba con el pitido del celular que recibía cuando llegó la imagen a miles de kilómetros del restaurante con lo que el mito del progreso estaba cumpliendo todas sus promesas, corría el vino y sonaba la música en medio de las presiones sociales de la tribu.

Un periodista ciudadano tomó la foto del grupo de trabajo de Antena 2 encabezado por Carlos Antonio Vélez y Henry ‘El Bocha’ Jiménez en un restaurante en Bogotá, en compañía de Guillermo Arango, de las nuevas promociones. ¿Hablarían de fútbol? ¿De política? ¿De mujeres? No sabemos, pero es seguro que algún comensal de aquella noche lo contará en las redes sociales. Eso es modernismo.

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9 comentarios

  1. juan gutierrez

    3 octubre, 2020 at 12:33 pm

    *Por la crónica «A veces se juntan»
    Por lo que leo, solo el Dr. Peláez tiene titulo académico real y válido. Ese cuento de tener estudios avanzados de derecho, no da derecho a un título. También entiendo, que un honoris causa se da por toda una trayectoria destacada en las áreas donde estos señores se destacaban, y su validez es el criterio de la institución . Si se lo merecían, queda a criterio de los afectos de quienes opinamos. Finalmente, creo que el reconocimiento de la citada universidad , mas que resaltar los logros buscaba una publicidad con personajes de reconocida trayectoria periodística.
    Juan Gutiérrez, Chicago, hincha del DIM-71

  2. JULIO BOBADILLA BECERRA

    2 octubre, 2020 at 10:18 am

    *Por la crónica «A veces se juntan»
    Me parece muy buena crónica. Amena y me hizo recordar todos los locutores que conocí desde niño.
    Tengo 66 años, y volví a recorrer el tiempo desde niño hasta abuelo que ya soy, de todos los narradores, comentaristas y personajes de la radio, que siempre admiré, y me hicieron vibrar con sus narraciones, y entender y asimilar cada comentario.

    Toda mi vida fui fanático de todos los deportes. Mi admiración y recuerdo para los que ya murieron y mi saludo a todos los que aun viven, ejercen o están retirados, pero que viven aún en memoria.

    Gracias por tan excelente crónica, con fotos, narrativa y anécdotas que hacen de su lectura un momento muy ameno y agradable.
    Felicitaciones.
    Julio Bobadilla Becerra, Armenia, Millonarios

    Del editor. Bienvenido Julio, acá desde Medellín la sede de Cápsulas. Es la primera vez que lo vemos por estos lados. «A veces se juntan» a cargo de un destacado cronista colombiano que vive en Estados Unidos, Williams Viera. Saludos.

  3. Alvaro Rivera

    2 octubre, 2020 at 8:15 am

    *Por la crónica «A veces se juntan»
    Es increíble! Cuando uno los oye hablar queda claro que no pasaron por una universidad, porque el lenguaje es el vehículo del pensamiento: por eso, por lo que hablan se nota que no piensan. Pero claro si pasaron por una universidad, por la Autónoma…jajaja
    Álvaro Rivera

    Del editor. Hernán Peláez es ingeniero químico.. Wbeimar Muñoz con estudios avanzados en derecho.. Carlos Antonio Vélez con estudios de derecho. ¿Y Ud. Álvaro cuáles son sus estudios?

  4. Alberto Naranjo ahuirrw

    2 octubre, 2020 at 6:48 am

    *Por la crónica «A veces se juntan»
    EXTRAORDINARIO. PARA RELEER HASTA EL CANSANCIO.
    Alberto Naranjo, Circasia, Quindío

  5. Efrain Herrera

    2 octubre, 2020 at 4:34 am

    *Por la crónica «A veces se juntan»
    La crónica es estupenda para aclarar que los títulos académicos se ganan en las universidades frente a jurados de verdad. Todos los personajes, se tratan de «profesores» en los canales de comunicación. Sin embargo profesor es una persona preparada que estudió para enseñar y no se ganó el título en una universidad de pacotilla por honoris causa. Como grita el hecho » no pero tome»,
    Efraín Herrera, Bogotá

  6. Jesús Armando Montañez Rodríguez

    1 octubre, 2020 at 7:00 pm

    **Por la crónica «A veces se juntan»
    Que «honor» recibir un título de semejante circo presidido por una vivaracha bailarina que está privada de libertad.
    Jesús Armando Montañez Rodríguez, Neiva, hincha de Santa Fe

  7. juan gutierrez

    1 octubre, 2020 at 6:20 pm

    *Por identificación de fotografía
    Claro es la argentina que llegó de Bailarina de variedades a Cartagena, quien se enamoró del dueño de la U y terminó de rectora. Ah,, y es la primera que un honoris causa, aunque merecido, se hizo en manada.
    Juan Gutiérrez, Chicago, hincha del DIM 71

  8. juan galvis

    1 octubre, 2020 at 3:04 pm

    *Identificación de foto
    La mujer en la foto es Silvia Beatriz Gette Ponce, si no me equivoco, sino disculpas, Slda.
    Juan Galvis, Sabaneta


    Del editor. Se refiere Juan a una leyenda de fotografía de la crónica de Williams Viera «A veces se juntan».

  9. david gómez

    1 octubre, 2020 at 3:03 pm

    *Por identificación de foto
    Silvia Gette Ponce, ex rectora de la Autónoma del Caribe, en líos judiciales actualmente.
    David Gómez, Manizales

    Del editor. Se refiere a una leyenda de fotografía en la crónica de Williams Viera «A veces se juntan»..

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