
Por Jorge Iván Londoño Maya
*Muchos quedaron conformes con el empate, pero creo que estábamos para más que eso.
El equipo, el cuerpo técnico, los directivos y todos los colombianos llegamos al Metropolitano montados en carro del cuerpo de bomberos. Y no era para menos, porque para el partido contra Uruguay veníamos precedidos por el sonoro triunfo ante Paraguay, máxime en condición de visitantes.
Todo era algarabía y confianza en el triunfo, amparados en el juego, el empuje de la tribuna y en el calor que dizque con toda seguridad iba a minar a los uruguayos. Pero cual, si el calor aporrea por igual a los nuestros como a los visitantes, y los 22 terminan igual de sudorosos.
La duda rondaba por los lados del equipo que Pékerman alinearía contra los charrúas, hasta que llegado el momento se conoció el bien guardado secreto. Era el mismo onceno que jugó contra Paraguay, con una sola y lógica modificación, Macnelly por Barrios, ante la necesidad de elaborar más ataque, por nuestra condición de local.
Sonó el pito del árbitro argentino Pitana, (recuerden que los argentinos son primitos hermanitos de los uruguayos, de ahí la sutil sutileza para llevar el partido) y Colombia mostró que estaba dispuesta a regalarnos un partido con toque criollo, que incluyó un gol tempranero que nos puso a sobarnos las manos.
Pero pasaron 15 minutos para que Pitana, con esa sutileza, diera por falta una acción de Farid, falta que habrá que analizarla con microscopio. Se cobra el tiro libre y el mismo Farid “peina” el balón hacia atrás para que el Metropolitano se inunde con un fuerte olor a “Cebollita”. Desde ese momento comienza el concierto para hacer tiempo, algo en lo que los celestes son maestros y en defenderse hasta con los dientes.
El segundo tiempo se inicia con el mismo agua…cero del primero, mucha agua y cero efectividad, y con el cambio obligado de Muriel por “crakdona” (palabra ajena para que no me vayan a cobrar derechos) lo que le da más profundidad al ataque pero no efectividad. Pero como el fútbol tiene sus “no te lo puedo creer”, es Suárez quien aprovecha un beriberi de Murillo y nos empaca el segundo.
Pékerman entra a Berrio, que por los pocos minutos que ha jugado en dos partidos, todavía no sabe a qué sabe el balón, y a Martínez para darle más contundencia al ataque, (al menos por el físico) pero es Mina quien haciendo de chef y de mesero logra el empate, porque hace el pase para Cuadrado quien centra para que sea el mismo Mina quien venza a Muslera con un cabezazo de 10 pisos de altura, y sentencie el empate a dos goles.
Muchos quedaron conformes con el empate, pero creo que estábamos para más que eso. Personalmente esperaba mucho más de Bacca, quien por lo visto se desempeña mejor en potreros ajenos, y de Muriel, que aun jugando en la sala de la casa, no pesa para nada. Cuadrado cuando juega serio como en Asunción la pone cuadrada, pero cuando exagera o pierde el balón nos pone peliparados.
En noviembre jugaremos contra Chile de locales y contra Argentina de visitantes, juegos cruciales que requieren no solamente de un profundo análisis técnico, sino de un cambio extremo en la forma de jugar de algunos, que hasta el momento siguen en el equipo, más por lo mucho que hacen en sus clubes, que por lo poco que hacen en la Arenosa.





Haz un comentario