Capsulas de Carreño

Alerta piscineros y simuladores (Pablo Calle Jiménez)

Pablo-Calle

Por Pablo Calle Jiménez

 

*Acabar con la marrulla, la pérdida de tiempo y las acciones malintencionadas es muy fácil.

 

En mora estaba la Dimayor, ya era hora de poner en cintura a los piscineros y malintencionados simuladores de faltas. Para el central y sus asistentes es a veces imposible determinar en medio del partido si un jugador simuló, exageró e incluso agredió a un contrario. Pues para eso están las cámaras que no dejan escapar el menor detalle y permiten revisar las acciones aún después del partido.

Acabar con la marrulla, la pérdida de tiempo y las acciones malintencionadas es muy fácil. Lo único que se requiere es voluntad por parte de las autoridades competentes. El uso de las cámaras no debe servir solo para sancionar simuladores, sino para castigar agresiones no detectadas durante el partido e incluso para revertir castigos; no es justo que un jugador deba pagar con amonestación o incluso expulsión por la payasada de un contrario. Por más que el juez se haya tragado el engaño durante el partido, la decisión debe ser reversible una vez revisado el video.

Otro método que hemos propuesto en repetidas ocasiones, es que cuando un jugador haga parar el partido reclamando atención, deba pasar al menos 3 minutos fuera del terreno de juego. Es que no tiene sentido alguno que un futbolista haga parar el encuentro en medio de dramáticos gestos de dolor, haciendo temer por una lesión grave, haga entrar a los paramédicos y una vez salga del campo se pare como un resorte a pedir el reingreso. Lo más absurdo es que casi siempre el juez lo autoriza a entrar de inmediato. Con una simple norma como la propuesta, estas simulaciones se erradicarían casi en su totalidad.

Pero lo dicho, falta voluntad.

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