Capsulas de Carreño

Algún día, ‘Lío’ (César Polanía, El País)

 

Por César Polanía, El Paíscesar-polaina

 

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*Tal vez su renuncia fue producto de la tristeza y el desespero. De la ‘calentura’ propia del camerino tras una frustración.
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El fútbol tiene esas casualidades. Infortunadas, a veces. Hace 30 años, por estos mismos días, una Argentina dividida entre el ‘menottismo’ y el ‘bilardismo’, y casi rota por dentro por los choques entre Passarella y Maradona por cuenta de la capitanía de la Selección, se coronaba campeona del mundo en México 86. De la mano de Diego —sí, de la mano y también de su pierna izquierda—, los argentinos cobraron con un 2-1 en la cancha una deuda de sangre ante los ingleses, que cuatro años atrás los habían derrotado en la guerra de las Malvinas. Qué casualidad que el gol más ‘pillo’ y el mejor tanto de la historia de los Mundiales haya sido ante Inglaterra. Tremenda venganza. Y luego, ante los alemanes en la final, esos mismos argentinos se comportaron como un ejército de jugadores intratables con la pelota. Al mando de ese pelotón estuvo un ‘general’ de 25 años que empezaba a colgarse significantes charreteras: ‘El 10’. ‘Maradó’. ‘El pelusa’. ‘El pibe de oro’. ‘Barrilete cósmico’.

 

 

Y resulta que por estos mismos días, tres décadas después de esa epopeya —más linda, valiente y merecida que la del 78—, Argentina, país donde el fútbol es una religión, llegaba a otra final, esta vez de la Copa América Centenario, comandada por otro ‘general’, uno con menos charreteras en la Selección, pero con todas las existentes en un club: Lionel Messi. ‘Lío’. ‘La Pulga’. ‘El Mesías’.

 

Sucedió entonces que ese ‘general’, que ya había perdido tres finales con Argentina—dos Copa América y un Mundial— volvió a caer derrotado en el campo de batalla, errando un penal. Y sucedió que renunció a la Selección. Y sucedió que con ello terminó dándoles gusto a todos los que siempre lo han comparado con el otro ‘general’ y lo han llamado injustamente ‘pecho frío’. Ese 26 de junio —diez años, diez meses y diez días después de haberse puesto por primera vez la camiseta de Argentina, qué casualidad— el ‘10’ dijo “no más”. Messi, quizás, se equivocó. Tal vez su renuncia fue producto de la tristeza y el desespero. De la ‘calentura’ propia del camerino tras una frustración.



Y entonces, ahora, todo se reduce a dos nombres. El Maradona del 86 y el Messi del 2016. Como si el fútbol fuera un deporte individual y no colectivo. Pero así es este deporte. Cuando la Selección gana, ganamos todos. Y cuando pierde, perdieron ellos, los jugadores. Pero algún día, Messi —estoy seguro de que volverá— alzará una copa con Argentina, evocará al Maradona del 86 y al Passarella del 78, y eso, con certeza lo escribo, no será una casualidad.

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