Capsulas de Carreño

Aníbal Carmelo “Pichuco” Troilo:  Su música, el fútbol y River Plate (I)

Por John Cardona Arteaga.
Profesor Universidad de Antioquia.
Expresidente Deportivo Independiente Medellín –DIM.

Además de su sensibilidad, los grandes compositores, directores y artistas tienen vivo su sentimiento deportivo, el apego a una divisa o la relación de amistad con baluartes de las instituciones vinculadas a disciplinas como el fútbol. Vamos a dedicar varios espacios en estas crónicas para resaltar esas relaciones de los más connotados hombres del tango con su deporte preferido y sus clubes.

El caso de Aníbal Troilo representa todas esas posibilidades. Inmenso bandoneonista y director de su propia orquesta. Practicante del fútbol en sus años juveniles y en su madurez como deporte recreativo, jugando con el grupo de artistas que integraba; amigo de reconocidas glorias del fútbol, así no militaran en el club de sus amores; seguidor incondicional y socio vitalicio de su amado River Plate por 50 años. Todo ello consagra una vida completa dedicada al fútbol y al tango. Así lo anticipa metafóricamente una de sus obras, Che bandoneón:

“Y esas ganas tremendas de llorar
Que a veces nos inundan sin razón,
Y el trago de licor que obliga a recordar
Si el alma está en ‘orsai’, che bandoneón.”

De su historia como figura emblemática del tango casi todo está dicho y escrito. Se trata de una de las personalidades más relevantes en la historia de este género. Sus cinco décadas en compañía del bandoneón marcaron toda una etapa irrepetible en el tango.

El 22 de junio de 2019, el profesor argentino Héctor Luis Agustini ofreció una magistral conferencia sobre la vida de Aníbal Troilo, en Rionegro, Antioquia, Colombia dirigida a los integrantes de Tangueros de Ley, un grupo de médicos que tienen el tango como una sus actividades culturales. Particularmente llamó la atención que, a pesar de ser hincha declarado de River Plate, como Troilo, el doctor Agustini no hiciera alguna referencia sobre la estrecha relación que tenía Pichuco con su club. Pretendemos en esta crónica mostrar esa faceta en la vida del Gordo.

En su niñez, como buen argentino, Troilo dividió su gusto entre el tango y el fútbol. Como él mismo lo declara, alternaba como centrohalf y centrofoward en los clubes Regional Palermo y San Salvador. Pero su deseo de jugar en primera fue truncado por su prematura afición por esa caja mágica y quejumbrosa que lo convertiría en el más famoso de los bandoneonistas. No podía ocurrir que ese niño entrado en carnes llegara a ser un jugador consumado, pero para el instrumento no había limitaciones. La responsable de esa decisión trascendental fue su madre, apoyándolo con la compra de su primer bandoneón cuando solo tenía once años.

Así retrata Matías Bauso la figura boteriana del joven Aníbal, presuroso en competir en su deporte preferido:

“El pibe gordito, el que tenía el carnet Nº 817 de socio de River Plate, se paraba de centro-half y distribuía el juego con inteligencia y elegancia. Tocaba corto y al pie, a pesar de los irregulares piques a los que el potrero sometía a la pelota. Con su voz chiquita ordenaba y alentaba a sus compañeros. A Yacumín (“el carbuña de la esquina/ que tenía las hornallas llenas de hollín/ y que jugó siempre de jas izquierdo/ al lado mío, siempre, siempre…/tal vez pa estar más cerca de mi corazón”), a Brunito, a los hermanos Quaranta, a Gatti o a Tito Cútalo.

Los domingos, después del partido, que siempre se extendía más de lo previsto, se apuraba para llegar a su casa y esperar que pasara el tío Juanca. Juntos iban a la tribuna de Alvear y Tagle a ver a la primera. A la noche, antes de dormir, ya con la luz apagada y los ojos cerrados, repasaba las jugadas de los cracks de la primera y soñaba despierto con jugar a su lado”.

https://medium.com/@matiasbauso/anatom%C3%ADa-del-bandone%C3%B3n-nocturno-c184ef540a3f

 

Pichuco (en el medio) con Tito y Giacumin 1920.

http://primerapagina93.blogspot.com/2016/11/anibal-troilo.html

A sus queridos compinches de juego los recordará siempre, como ocurrió con todos sus amigos, bajo el amparo de la amistad como un valor que lo acompañó toda su vida.

En plena madurez musical (1956), invoca sus recuerdos futboleros e interacción amorosa con su barrio en un poema hecho tango, que compuso en letra y música, y que más tarde interpretó en su propia voz envuelta en melancolía. Se trata del tema Nocturno a mi barrio. Esta es su letra:

Nocturno a mi barrio

Mi barrio era así,
Así…así… así.
Es decir,
qué sé yo si era así.
Pero yo me lo acuerdo así:
con Yacumín, el carbuña de la esquina,
que tenía las hornallas llenas de hollín
y que jugó siempre de jas izquierdo
al lado mío, siempre, siempre…
tal vez pa’estar más cerca de mi corazón.

Alguien dijo una vez
que yo me fui de mi barrio.
Cuándo?… Pero cuándo?…
si siempre estoy llegando.
Y si una vez me olvidé,
las estrellas de la esquina
de la casa de mi vieja,
titilando como si fueran manos amigas
me dijeron: Gordo…Gordo,
quedate aquí… quedate aquí.

Se puede escuchar Nocturno a mi barrio en la interpretación del Cuarteto Aníbal Troilo, recitado por Pichuco. La grabación es de 1968. Eran integrantes del Cuarteto: Aníbal Troilo en el bandoneón, Ubaldo de Lío en la guitarra eléctrica, Osvaldo Berlinghieri en el piano y Rafael del Bagno en el contrabajo.

https://www.youtube.com/watch?v=0j0Ls99sALA

Troilo siguió pegándole al balón en partidos amistosos con sus amigos, en veladas en las que no faltaba el divertimento, cuando la actividad musical y sus compromisos se lo permitían.

Sus sueños después de los partidos en la cancha de River se cumplieron. Su tío Juanca lo orientó, lo llevó a la cancha y lo hizo socio. Desde ese momento, con la asistencia habitual al estadio y la visita a los camerinos, se fraguó una relación indisoluble con sus ídolos y con su querida institución. En su carpeta de ídolos siempre estuvieron Bernabé Ferreyra “La Fiera”, los integrantes de la Máquina de River, Roberto Perfumo y todos aquellos que supieran interpretar la melodía de juego de la Banda Roja. En particular, se cuenta de su cercanía con dos glorias de River y muchos equipos, incluidos los colombianos. Se trata de José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera con quienes compartió sus alegrías, dentro y fuera de la cancha.

Las siguientes declaraciones así lo confirman:

“Yo los vi romperla después de haberse gastado las suelas en el encerado”, declaraba Troilo refriéndose a sus amigos jugadores.

“El tango es el mejor entrenamiento: al bailar se obtiene el ritmo, se aprende a cambiar de ritmo como en la milonga, se aprende a controlar los perfiles del cuerpo, como trabajar con la cintura y los pies mientras se hacen las figuras más complicadas. A lo mejor fui tan bueno en fútbol porque bailaba el tango cada noche”. Decía José Manuel Moreno, en respuesta a comentarios sobre su agrado por el baile”.

“El Gordo tenía gusto hasta para patear la pelota”, opinaba Adolfo Pedernera sobre la calidad de Troilo.

“Un día, el Gordo Troilo, que era un sabio, me dijo que el tango es fácil o es imposible. Y eso yo lo aplico al fútbol porque es igual; si sabés, todo es más fácil, si no sabés es imposible”. Comentaba Roberto Perfumo, gran amigo de Pichuco.

https://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-294339-2016-03-11.html

La afinidad entre River y Troilo iba en doble vía. Los dos se necesitaban en su fútbol y en su tango. El reconocido investigador y catedrático del tango Oscar Del Priore escribió una nota, de obligatoria lectura, sobre esta indisoluble relación, un poco después de la muerte de Troilo en 1975. El escrito se publicó en El Gráfico, bajo el título: “Pichuco: tango con banda roja”. Ahí va un aparte:

“La orquesta del Gordo nacía cuando comenzaban las obras del Monumental, y en un año feliz para River: lograba su tercer campeonato profesional. Futbolero de alma, Troilo había formado con su orquesta un equipo, siempre listo para los desafíos de otros cabarets. Él jugaba de centro forward. Siempre estuvo vinculado Pichuco a River. Nunca disimuló su fervor por la banda roja. Era común ver junto a su orquesta a los cracks de River.

Las noches de Tibidabo contaban a Troilo en la década del 40’ como animador permanente con sus tangos. Su fueye gambeteaba a los violines, se apilaba al piano y le servía el tango al cantor, que podía ser Fiorentino, o Marino, o Rivero. Allí iban a bailar Moreno, Pedernera, Labruna, Deambrosi… y muchas noches de sábados se hacían madrugada de domingo y ¡minga de concentración! La Máquina salía al Monumental con sueño pero con la música del Gordo en los oídos, y los aplausos a la variación de “Chiqué” se mezclaban con los que rubricaban las jugadas de lujo de Moreno, que eran inspiradoras como los rezongos de Pichuco…

Y cuando Labruna y Loustau se entreveraban en sus habituales combinaciones aterrando a la defensa contraria, parecía el Bandoneón Mayor en un contrapunto con el piano de Orlando Goñi… Y los gritos de Pipo Rossi eran como la voz del Gordo, en esos gemidos que le salían del alma cuando, embalado en alguno de sus tantos magistrales, daba indicaciones a sus músicos… Es que la orquesta de Pichuco era como un equipo de lujo… como aquel River, el inolvidable campeón…”.
https://www.elgrafico.com.ar/articulo/1088/31737/pichuco-tango-con-banda-roja

[John Cardona Arteaga – Profesor Universidad de Antioquia –
Expresidente Deportivo Independiente Medellín –DIM]

Medellín, junio de 2020

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Un comentario

  1. José María Otero

    26 junio, 2020 at 2:26 pm

    *Por crónica de John Cardona sobre «Pichuco» Troilo
    Así es la historia de Pichuco…
    José María Otero, Madrid

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