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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

*Lo imperioso era ganar este partido y se logró. Lo importante era recuperar el buen juego y la contundencia.
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15.500 fieles hinchas presentes, 18.000 descontentos hinchas ausentes y 11.000 castigados, abarrotaron el coloso de la 76, como cariñosamente le decimos al Atanasio Girardot. El general invierno hizo una pausa para recargar la vejiga, lo que permitió poner en funcionamiento el aguacero artificial, que andaba inundado de telarañas, que los hinchas se olvidaran de vestirse de plástico y volvieran a lucir sus camisetas verdes, y que retornara la temperatura de la eterna primavera.
Todo lo anterior fue el escenario propicio para el encuentro entre Nacional y Águilas, equipo que con el pitazo inicial del paisano Wilmar Roldán, se lanzó sobre su presa, pero gracias al par de atajadas de Mier no pudo lograrlo.
Nacional poco a poco se fue sacudiendo del susto y de la despelucada, y comenzó a elaborar su juego con la materia prima que tenia en el campo de juego. De Ossa, Banguero y Dorlan armaron su “jugado” y Candelo huérfano por el otro lado, porque Jader, el ahijado del técnico, es excelente para jugar, pero fútbol virtual.
De ese coqueteo entre De Ossa y Dorlan, nace la jugada que permite que los chorros luminosos instalados detrás de la porteria norte le den la bienvenida al golazo de Dorlan, logrado con su arma letal….el matracazo. Antes de esta accion, el portero Contreras habia contrarrestado dos acciones con aroma de gol, una del de siempre Dorlan y otra de Candelo.
Después del gol regresa a Nacional el fantasma del conformismo, vicio que tiene patentado ante notario, lo que le permite a Águilas retomar el vuelo pero sin la agresividad mostrada a lo largo del torneo.
Gastados los 15 minutos de descanso para los verdes, y de revisión y replanteo para los dorados, entramos a los 45 minutos finales, que sin poderlo anticipar, se convertirían en una prueba de “mesa basculante”, complicado procedimiento que conocemos los que tenemos el corazón “alborotado”.
El técnico Lucas González manda al campo de juego a Valdés y al ex nacionalista Castro, que ya pinta canas, a lo mejor por tanta banca, pero que para esta oportunidad se “pinchó” ante su anterior equipo, haciendo de las suyas por la punta izquierda, lo que obligó a Candelo a escupir mas de la cuenta.
Águilas sin titubeos se escrituró el campo de Nacional, y allí armó su nido. Abrió las alas para atacar por las puntas y las garras las apuntó para adelante. Nacional, como polluelo, corría y piaba pidiendo auxilio, pero Autuori, ensimismado como siempre, no lo escuchaba.
En medio de esa andanada de centros, de disparos de fuera del área, de cabezazos, de cobros de tiro de esquina, apoyado en mi memoria creo que unos 15, se erigió Mier como salvador de Nacional, con atajadas propias para el Circo del Sol.
Al minuto 63 entra Palacio y sale Jader, que a decir verdad, nunca estuvo. Luego entran Jarlan y Da Costa, quien por obra y gracia no sabemos de quien, llegó a Nacional a costa de los goles anotados en el fútbol boliviano. ¡Vaya argumento! Para muestra un botón, en la mejor opción de Nacional en todo el partido, manda el balón a la tribuna sur, a hacerle compañía a soledad Jaramillo.
El remate del partido incluye dos jugadas de “peloparado”, una acción de Zapata frente al jugador Rengifo de Águilas en el área, que las Águilas reclaman como penalty, pero que Roldán ve como normal, y una descolgada de De Ossa al mejor estilo de atleta keniano que termina en falta de Salazar, que el juez pita como penal, pero que el VAR, en una decisión sabia, cambia por un cobro de tiro libre, por haber sido fuera del área.
Nunca un pitazo para finalizar el partido nos había dado tanta tranquilidad y tanto remedio para la taquicardia de este segundo tiempo, tan sufrido como aquellas películas de terror de Alfred Hitchcock, de las que no salía sin uñas y sin un zapato.
Lo imperioso era ganar este partido y se logró. Lo importante era recuperar el buen juego y la contundencia, y se perdieron. Lo ideal era recuperar la marca registrada del equipo, y alguien por error la tiró a la basura.
Autuori dijo en la rueda de prensa “Voy a manejar a Nacional como creo que debo hacerlo”. Muy de acuerdo, pero en sano juicio.
“El peor error es hacer lo correcto con la persona equivocada, y hacer lo equivocado con la persona correcta”.
Anónimo.





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