Por Gilberto Maldonado Bonilla
*Así se divide la historia del partido entre Cúcuta Deportivo y Atlético Nacional.
El equipo motilón quiso durante todo el partido; Atlético Nacional con una apatía nunca antes vista.
Y esa apatía, ese desgano; ese no querer saber absolutamente nada del partido y, menos, del significado de la palabra ética y respeto por los pocos aficionados que concurrieron al estadio, por poco se traduce en una derrota.
Si el fútbol fuera de merecimientos, la suerte del equipo motilón tendría que ser diferente a la registrada.
Atlético Nacional se encontró con dos goles y pare de contar. Ese vulgar, mezquino, anti-ético e irrespetuoso comportamiento futbolístico tendría que haber sido castigado.
Hablar de Atlético Nacional es hablar de antes y después de Marlos Moreno. Antes reinaron el caos, la desidia, el desgano, la pereza y el irrespeto.
El ingreso del juvenil Moreno le dio otro semblante a Atlético Nacional y dió la sensación de acabar con el monólogo estéril a cargo del Cúcuta Deportivo.
Pero la cantidad de agua contaminada fue superior a la limpia. Lo ejecutado por Marlos Moreno no alcanza a lavar lo sucio, futbolísticamente hablando, que fue Atlético Nacional.
Un resultado final casual; que rebasa con creces la esencia accidental de los resultados en si mismos. Un resultado que contiene la mancha del anti-fútbol.
Corresponde mirar ahora las semifinales. Y produce enorme preocupación, por lo visto la noche anterior, que Atlético Nacional tiene pocas posibilidades a la hora de los ajustes nominales a cargo de las lesiones y suspensiones.
¿Quién, fuera del arquero, puede ser considerado una verdadera alternativa?
El fútbol y la ética han sido asesinados. Atlético Nacional fue el Brutus encargado de la estocada final.





Haz un comentario