Capsulas de Carreño

Arbitraje: eterno retorno o un círculo vicioso.

 

Por Gilberto Maldonado Bonilla.

 

 

*El árbitro de fútbol no es ni bueno ni malo per se. Lo vemos bueno o malo debido a nuestros intereses afectivos.

El tema de los árbitros ha adquirido una importancia sobre dimensionada; y mucho más en el universo del resultado como la esencia prima del fútbol y por el auge de las casas de apuestas.

Los árbitros, en la esfera resultadista, deben ser una especie de hilo conductor al «éxito» deportivo de la divisa donde los aficionados han puesto sus afectos. Y de aquí esa especie de la inmoral memoria selectiva.

También, los árbitros de fútbol son incorporados a los intereses de los empresarios de las apuestas. Son portadores de los resultados políticos que son dialécticamente contrarios a lo que los equipos exponen en el campo de juego.

La crisis a nivel arbitral es eso: la necesidad de resultados, paradójicamente, no de los equipos sino de los hinchas pasionales y bipolares. Triste destino el de los llamados a «administrar justicia». Si algo hay injusto e irracional es la justicia y la racionalidad humana.

Profesionalizar al árbitro de fútbol, se ha escuchado y escrito infinidad de veces. Que es necesario incorporar la tecnología a la labor del árbitro, igual se ha escuchado y escrito.

Ni la profesionalización del arbitraje, ni la tecnología, El VAR, serán los factores llamados a terminar con la crisis arbitral en el fútbol. El resultadismo y los intereses de los empresarios de las apuestas son los factores que retrasarán o negarán definitivamente la posibilidad de conjurar una crisis que, en realidad no lo es.

El árbitro de fútbol no es ni bueno ni malo per se. Lo vemos bueno o malo debido a nuestros intereses afectivos. De nuevo, la doble moral de la memoria selectiva.

El tema arbitral del fútbol es, y será, la reproducción circular de la historia y, también, un circulo vicioso. Romper con ello implica una revisión que tienda a sobreponer lo lúdico sobre los fríos, mentirosos y amañados resultados.

Lo triste de la historia es que, a la larga, nosotros como aficionados, seguiremos siendo las víctimas y simples rebaños del periodismo deportivo, de los directivos de los equipos y de las casas de apuestas.

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