
Por Jorge Iván Londoño Maya
*Sin afanes nos iremos centrando en el fútbol casero y en la copa Suramericana.
Y llegó la copa, y con ella el culmen al que todo club de jerarquía aspira. Se nos cumplió la ilusión que durante seis meses mantuvimos intacta desde aquel primer partido jugado el 23 de febrero en la cancha de Huracán, con un marcador a favor de dos a cero, y en el que Nacional mostró lo que a la postre sería, no solamente ser el campeón, sino el equipo con la mejor campaña, repleta de cifras que ya están engordando las libretas de los estadísticos.
Atrás quedan momentos inolvidables, unos de felicidad completa, otros de angustia, situaciones vividas, por ejemplo, en el partido en el Atanasio contra Rosario Central, cuando comenzamos con ese gol en contra, producto de una mano de Copete, quien, según el árbitro, en ese momento debió haber actuado, no como futbolista, sino como contorsionista del circo del Sol para evitarla, situación que nos obligaba a marcar tres goles para pasar derecho a la otra ronda, lo que al final se dio, con dedicatoria vociferada incluida.
Nacional nos hizo socios de esta empresa copera, la que vivimos intensamente, porque de entrada nos sedujo con su juego lírico, compacto, con las atajadas de Armani, con su solvencia defensiva y con sus goles de todas las facturas.
Como en todo, la suerte nos acompañó en algunos pasajes, pero fueron las virtudes, el empuje y el profesionalismo de los jugadores y del cuerpo técnico en lo que se fundamentó este exitoso proyecto.
Nos espera el Mundial de Clubes en tierra nipona, torneo que sumado a la Copa Suramericana, son los únicos eventos que nos faltan por ganar y para que la extensa vitrina de triunfos quede al tope.
Nada raro entonces, que algunos integrantes de la barra “Los del Sur”, salgan esta semana en buses rumbo a Yokohama, para ver si alcanzan a llegar el 18 de diciembre para la final, posiblemente a jugarse entre Nacional y el Real Madrid, ¡Y que se tengan!
Esperamos que para ese entonces, el profesor Rueda, quien por fortuna sigue rodando en Nacional, tenga a punto el engranaje del equipo con los nuevos integrantes que han llegado a suplir las plazas de los que emigraron a otros países. A propósito, todos los éxitos del mundo para los bien idos en su nuevo proyecto de trabajo y de vida.
Terminada la Copa Libertadores volvemos al Huracán político, al Rosario diario, a la lectura de las epístolas de San Pablo, y a seguir Independientes del Valle.
Sin afanes nos iremos centrando en el fútbol casero y en la copa Suramericana, con la tranquilidad y el relajamiento emocional que da el ser campeones de América; para muestra un balón, ayer perdimos con el Cali y ¡maldingasea!





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