Capsulas de Carreño

Para los jugadores del Atlético Nacional.

Por Jorge Iván Londoño Maya.

Atrás quedan veinte fechas con las mejores calificaciones alcanzadas por equipo alguno, con partidos muy buenos, buenos, regulares y malos. Hubo nómina suficiente para cumplir “los tratos” y recibir aplausos, alabanzas, criticas y hasta silbatinas.

Las estadísticas muestran una campaña excepcional que abrió el horizonte de la esperanza de miles y miles de seguidores. Que fue materia prima para que la prensa hablada y escrita se ocupara en todos los tonos por lo hecho, que encumbró al equipo al favoritismo absoluto para ser el campeón, sin importar que en el último partido de esos veinte, se hubiera perdido la marca de terminar invictos.

Todo estaba dispuesto, entonces, para afrontar la etapa final, hasta en el sorteo fuimos ganadores al tocarnos con Jaguares, el más modesto, pero solo eso, de los ocho clasificados. La llave comenzó con el partido de visitante, jugado más con estrategia  que con técnica, y el partido de local con un primer tiempo y parte del segundo  jugado mirando por encima del hombro, hasta que el timonel del equipo cambió de rumbo, porque íbamos a encallar.

Llegó el enfrentamiento contra Millonarios, con un partido de ida que tuvo la marca registrada del diseñador de atajadas Franco Armani y un partido de vuelta mas pasado por agua y sustos que con fútbol, pero con un final feliz como en los cuentos de hadas.

Y se oyó el pitazo inicial en Palmaseca para presenciar lo que sería un calvario, que gracias nuevamente a Armani no terminó en crucifixión.

Quedan noventa minutos para la resurrección. Para que lo humano supere lo físico y lo técnico. Para que el horizonte de esperanza no se nuble. Basta ya de números que solamente engordan libretas de apuntes y archivos de periódicos; de esos números fríos solamente hay uno que no se puede ignorar, el once: se requieren once hombres, once voluntades, once entregas, once actitudes y once guerreros. Ese domingo cuando salgan a la cancha siéntanse personas, hijos, hermanos, padres e hinchas. Escuchen los cánticos de la tribuna como un himno a la alegría,  sientan el orgullo de ser insignias de la institución que representan. Lleven la camiseta tatuada, no puesta.

Son noventa minutos para escribir otra página gloriosa en los anales de nuestro amado Atlético Nacional. Para reeditar el partido insignia de nuestro equipo, aquel jugado contra Rosario Central en nuestra casa por la Copa Libertadores, el cual contó con la obligación de anotar tres goles en 80 minutos y no recibir otro más en contra, y para darle motivos al niño que al término de ese mismo partido, nos mostraron por televisión echándose la bendición, para que esa sentida acción la repita …  Por favor…

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