Por Jorge Iván Londoño Maya. //
Columnista Cápsulas. //

Apreciados amigos:
Hace sesenta y cinco años escrituré mis afectos futbolísticos al Atlético Nacional, y en este largo trajinar he sido usuario de inmensas alegrías y profundas tristezas, plasmadas, a modo de ejemplo, en la primera Copa Libertadores, y en el Padrenuestro que recé al frente de los despojos mortales del inolvidable Osvaldo Juan Zubeldía, en la masiva despedida que le brindamos en el coliseo Iván de Bedout, en el enero de 1982.
Testigo de ires y venires, de copas alzadas, de copas rotas, hasta de sufrir paternalismos como el del Tolima, que como cirirí nos hizo la vida imposible. Pero como no hay mal que dure seis años, ni equipo e hinchada que lo resistan, con actitud, fútbol y goles recuperamos lo arrebatado y enderezamos el camino, a tal punto, y creo no equivocarme, de que hoy están más preocupados ellos que nosotros. ¡Válgame Dios!
Hoy nos volveremos a encontrar con el vino tinto y oro en instancias finales, como en aquel 2022-1 del cual fuimos campeones, de la mano de Hernán Darío El Arriero Herrera, y bajo circunstancias similares a lo que hoy estamos viviendo.
De memoria, ustedes y nosotros sabemos que los partidos de ida son la clave para cerrar la llave con candado. En consecuencia, la consigna para hoy en Ibagué es repetir el partido jugado ante Internacional, obviamente no con un marcador de esa magnitud, pero sí con mucha más actitud, orden, despliegue físico, inteligencia y eficacia frente al arco rival; con alta concentración en contención, en defensa y en el arco.

Usted, amigo Arias, nos ha mostrado en los últimos dos partidos que si se puede tener oídos abiertos a la sabiduría popular, y el hecho de escoger la mejor nómina y sembrar a cada quien en el puesto ideal, así lo demuestra.
Ahora bien, hay situaciones puntuales que son de su exclusivo resorte, como la planeación y la estrategia de juego; quién mejor que usted, que hasta lo enfrentó como jugador del verde, sabe que el Tolima tiene en Tatay, jugador nuestro, entre otras, el motorcito del medio campo, y a Sebastián Guzmán y Brayan Rovira, exnacionalistas, como pistones del equipo; entonces, echando mano de su leal saber y entender, buscará el cómo para ponderar a nuestros jugadores para lograr cortar los hilos del juego pijao.
Por fortuna, este semestre no ha estado sujeto a los vaivenes de orden técnico y futbolístico, que últimamente han acompañado a Nacional, como si fuera una maldición; usted, fue beneficiado de ese quite y ponga, al tener la oportunidad de dirigir el equipo, porque un día menos pensado, el bus del equipo no recogió en la esquina acordada al argentino Gandolfi.
Ha sido un semestre de grandes contrastes, con un juego que a veces sí y a veces no, con muchos cambios en la nómina, con cambios en posiciones, con llamado a jugadores que muy poco aportan a la causa; pero eso sí, con un rendimiento y una efectividad excepcionales, logrados con muchos goles a favor y pocos en contra, un extenso invicto de local, 13 partidos ganados, un empate y 5 perdidos, destacando entre estos la derrota ante el Pereira por todas las connotaciones conocidas, y otra ante Millonarios por Copa Suramericana, que cayó como cólico miserere, y que al final, fue el hecho imperdonable que nos ha mantenido “al acecho” de su trabajo, así los jugadores soporten la mayor culpa de lo sucedido en ese partido.
Que somos exigentes, no lo dude, porque así nos “criaron” todos los logros de Nacional, de ahí que confiamos en que este partido será la cuota inicial para llegar a la gran final, de la cuota de su trabajo, de los goles de Morelos, del ataque de Sarmiento y Rodríguez, de la inspiración de Rengifo y de su nueva apuesta en el cobro de los tiros de esquina; de la contención a lo Blas de Leso de Campuzano y Uribe, la defensa Samurái de Román, Simón, Tesillo y Casco (Haydar) y el arrojo y sabiduría de Ospina.
Todo lo anterior, enmarcado en el ambiente familiar que en buena hora ha llegado al camerino verde, en la alegría de todos verse disputando estas finales, en el espíritu combativo, la actitud, y la entrega sin limitaciones por una sola causa, conseguir la estrella 19. Vamos por ella.
“A veces no hay próxima vez; a veces no hay segundas oportunidades; a veces es ahora o nunca”. Bob Marley.





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