Cetré, Estudiantes, golpe en Rosario

*El episodio destacado fue la actitud de los jugadores visitantes, que recibieron a su adversario formando un pasillo, pero dándole la espalda. El único fue convertido por Cetré.

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Los jugadores de Estudiantes festejan el gol del colombiano Cetré que eliminó a Rosario Centyral. (FOTOBAIRES), tomada de Página/12.


Por Juan José Panno.
Página/12

Batacazo de Estudiantes de la Plata que, contra todos los pronósticos, le ganó 1-0 a Rosario Central en Arroyito y se clasificó para jugar contra Central Córdoba los cuartos de final de la Liga Profesional.

El partido tuvo como antesala una particular movida de protesta de los jugadores de Estudiantes que hicieron un pasillo a sus colegas de Estudiantes de espaldas. La absurda decisión de la AFA de obligar a los jugadores platenses a recibir con honores al equipo que sumó más puntos en la tabla anual, tuvo un nuevo eslabón del desatino con el asunto de “ningunear” al rival. Seguramente los dirigentes de Estudiantes, con Juan Sebastián Verón a la cabeza, políticamente muy enfrentado a Claudio Tapia, fueron los que obligaron a los jugadores a esta desagradable jugada que algunos vieron simpática. ¿No era acaso un gesto de verdadera rebeldía negarse a hacer ese pasillo, aun a riesgo de recibir alguna sanción?

Lo cierto, más allá de estas cuestiones que no tienen que ver con el juego, es que Estudiantes puso de espaldas en el campo de juego al cuco de este campeonato.

El equipo de Federico Domínguez venía mal, había entrado a los octavos por la ventana, cuando se le combinaron algunos resultados y llevaba solo dos triunfos en los últimos ocho partidos. Pero esta vez se le alinearon los planetas y consiguieron un triunfo resonante, con un golazo de Edwuin Cetré y muchísimo esfuerzo.

El gol que le dio la victoria a Estudiantes fue muy lindo. Thiago Palacios (de gran primer tiempo) arrancó por el medio, con espacio cruzó la pelota hacia la izquierda, Medina se pasó arrastrando marcas y Cetré quedó muy libre para sacar un potente y exacto remate cruzado, que se metió por el segundo palo. Inatajable. Tuvo otra chance el visitante en una contra al inicio del segundo tiempo, cuando Farías quedó pie a mano con Broun, pero resolvió mal y permitió que salvara el arquero.

Después de esa jugada el equipo de Domínguez se limitó a aguantar, a revolear la pelota lo más lejos posible y tratar de pasar el tiempo sin sobresaltos. Y a pesar de jugar en los últimos minutos en inferioridad numérica por la expulsión de Amondarain, logró el triunfo y la clasificación.

El público que llenó el Gigante y que cantó aquello de “movete” sobre la mitad del segundo tiempo, despidió al equipo con tibios aplausos. La decepción fue muy grande porque soñaban con un título en la cancha, como Dios manda.
(Fuente: Página/12).

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