
Por Luis Felipe Gómez Isaza. –
Columnista Cápsulas. –

Como si fuera la batalla de Boyacá, superando las adversidades, la suerte que a veces da la espalda y sufriendo al final por el tiempo, la selección se impuso merecida pero sufridamente ante un rival fuerte, atlético y no muy técnico, por el que ya Portugal no había podido superar ni demostrarle autoridad.
Si, Cristiano Ronaldo y su opulenta corte se estrellaron contra el muro del antiguo Zaire que ni con Lumumba en la tribuna pudo ser franqueado, pero que para felicidad nuestra y después de ir contra un muro inexpugnable, el excelente y rápido Lionel Mapsi, se logró la victoria y el golero pudo ser batido por la misericordia divina que desvió la pelota cuando esta seguramente iría a ser bloqueada por él.
El seleccionado mejoró. No se puede negar y quien lo haga o dude posiblemente no es capaz de digerir que algo bueno podemos hacer. Desde el vamos, el equipo tomó la pelota con rotaciones fluidas, rápidas y sorprendentes que ponían a delanteros, volantes y al sureño Muñoz a boca de disparo, que siempre iban a ser controladas de manera magistral por el arquero rival, que ya a los quince minutos era la figura del encuentro.
El break de hidratación bajo los humos de la sele, que de manera pródiga había llegado al menos en ocho oportunidades, siendo todas negadas por el golero, la suerte y el amuleto que tenían en la tribuna y que de manera muda y extendiendo su brazo recordaba que si fueron capaces de liberarse de los belgas, ahora Colombia sería presa fácil de su sortilegio. El antecedente del empate del Congo ante Portugal y el desempeño nuestro contra Uzbekistán no me daba para apostarle con firmeza a los nuestros.
Pero Colombia estaba para derrotar fantasmas de esos que se aparecen y aunque la mala intención, la fortaleza y el permisivo arbitraje se alzaban como nubes de mal presagio contra los nuestros, el nivel del equipo, a medida que pasaban los minutos, sorprendentemente mejoraba. Congo cedió el balón a Colombia y esta insistía por todas partes, conducida por Gustavo Puerta, que desde atrás empujaba al equipo. Había mejorado Lerma, el arquero de infortunado debut corrigió yerros y daba seguridad, amén de que la defensa controlaba y armaba desde atrás al equipo.
Increíblemente, James se puso a tono y solo defecaban Suárez, que no encontraba camino, y el guajiro de Barrancas. Congo le apostaba a la fuerza y a la mente para quedarse con el empate o con una victoria, pues es sabido que a nosotros nos da por desconcentrarnos en cualquier momento y por ahí perdemos en medio de los lamentos. Pero Lorenzo movió bien el tablero, ingresó al mago Quintero y al setenta y seis, agonizando el juego, dejó a nuestro goleador, Daniel Muñoz, que por banda entraba veloz, que impactó la pelota que, luego de tocar un congoleño, descontroló al buen Lionel.
Colombia mejoró y mereció el triunfo, al final sufrimos como en el conteo de las elecciones presidenciales cuando por voto finish nos libramos de continuar en la incertidumbre de los nefastos vientos que nos arrastraban al abismo. Colombia es en realidad un sufrimiento, pero también un gozo y una felicidad. Colombia es amor y odio, tortura y placer. La verdadera medida del equipo será Portugal, hoy fue un gran examen y lo pasamos.





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