Capsulas de Carreño

Colombia en repechaje compartido

BARRANQUILLA. Miguel Ángel Borja, por una cabeza, para empatarle a Argentina y sumar en el combo 7 y 8 de la clasificatoria 4 de 6 puntos que con Reinaldo Rueda subió a la Selección Colombia del séptimo al quinto puesto. Foto Colfutbol.

  • Buen balance numérico.
  • Hoy exitosos, mañana deficientes.
  • Ojalá sea útil el ‘Entrenamiento Suramericano’.

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Por Tobías Carvajal Crespo

 

Después de perder Colombia por 0-3 con Uruguay y sospechosamente con Ecuador (que no parece ser tanto) por 1-6, la responsabilidad era bien grande para el técnico que viniese a reemplazar a Carlos Queiroz en la conducción del combinado nacional, máxime comenzando de visitante contra un rival urgido de triunfar como Perú y luego frente a Argentina, el segundo ‘coco’ del área.

Y ese reto lo asumió Reinaldo Rueda, con la complacencia unánime de todos los sectores del país, circunstancia que incrementaba indirectamente la ‘obligación’ de hacer bien las cosas. Y a tanto llegó ese beneplácito, desde que se insinuó acertadamente su nombre, que la Federación lo sonsacó del Chile al mejor estilo de las amas de casa de antaño, cuando de empleadas del servicio doméstico se trataba.

Como estamos en Colombia, la comparación nunca alusiva al experimentado profesional, pero sí al procedimiento.

De Rueda Rivera se esperaba que ‘pasará el examen’ con nota de 4 y si era posible alcanzar una ‘excelencia’ con 6. Fue lo primero, angustiosamente, pero a decir verdad dejó satisfechos, NUMERICAMENTE a todos los abonados al fútbol.

De no haber ocurrido ello así y en su lugar se hubiese padecido un empate y una derrota para seguir sumando escasos 4 puntos en media docenas de partidos  -y no mintamos ni en privado ni en público- de muchos puntos cardinales del país, a esta hora, estarían aportando leña para una hoguera al mejor estilo de la utilizada con la francesa Juana de Arco.

Y no es descabellado decirlo, pues en Colombia el canibalismo es proverbial en todas las esferas del diario acontecer. Sube como palma y cae como coco es una frase de vieja data que radiografía tal situación.

En lo que resta de las eliminatorias, dos tercios, difícilmente Colombia volverá a tener la fortuna de contar con el ‘aporte’ indirecto de sus rivales. Todos los resultados favorables: Brasil limpiando el camino de adversarios directos como Ecuador y Paraguay, mientras los restantes, en mayor o menor grado en la misma plausible labor.

Si bien ya estamos a empujones en zona de repechaje compartido hasta septiembre, ojalá en plan de franco ascenso, el equipo despierta inquietudes aquí, allá y acullá en 45 o algo más millones de quienes anhelamos ver al equipo en puestos de privilegio.

Colombia cuenta con David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado y Luis Fernando Muriel y/o Duván Zapata (y eso por su evidente engranaje en Atalanta) como el tridente prácticamente inamovible para enfrentar a los muy buenos, buenos, regulares y malos adversarios, independientemente de cómo se prevea el juego de tales. Los demás son susceptibles de sustitución por su evidente irregularidad.

Habitualmente el rival refrenda capacidades o desnuda falencias. Pruebas al canto: Yerry Mina gol frente a Perú y fantástico defensivamente y contra Argentina el reverso de la medalla. Luis Díaz, picardía, desequilibrio y hasta gol jugando frente a Perú y nublado y sustituido contra Argentina. Y así otros cuantos.

Con excepción de los ‘fijos’ anteriormente citados, no más allá de 3 o 4, que como robustas raíces afianzan el equipo en la cancha, la alineación para enfrentar cada compromiso, así se hagan varias lucubraciones de cómo estará conformada, es un enigma en cuanto a su rendimiento. Ya se verá sobre el terreno qué ocurre.

Que algunas otras selecciones lo experimenten no es excusa, pues mal de muchos consuelo de tontos.

Gran tarea para el caballeroso técnico Reinaldo Rueda: consolidar un equipo base que responda, línea por línea, salvo un ligero maquillaje según las circunstancias ocasiones de cada juego, a la imperiosa necesidad de contar con una selección de respeto, que clasifique a Catar 2022, con aspiraciones de llegar más lejos en instancias decisivas.

Ojalá el ‘Entrenamiento Suramericano’ que se avecina, sirva para comenzar a moldear sin angustias, sin la imperiosa necesidad de ganar a toda costa, sin la ‘obligación’ de justificar -su técnico- una contratación que ha comenzado a dar frutos, un equipo colombiano que realmente aporte, al menos en este rubro, tranquilidad y sano regocijo a un país que tanto lo requiere.

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