
Por Álvaro Santamaría Ochoa
*Barcelona exhibió la magia de su fútbol en cada gol. Espectáculo y magia son sinónimos.
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Barcelona 5 – Celta 0. ¿Qué mas puede exigir el aficionado al fútbol, a un equipo que lo tiene todo para mostrar?
Hay gambeta, maniobra, movilidad, alegría, solidaridad, orden y espectáculo.
Messi enciende el motor que activa inmediatamente toda su magia, inicia un recorrido con un altavoz anunciando una velocidad que se abre paso cual ambulancia que lleva en su viaje el destino de gol. Permiso que tengo la credencial de la inspiración y con un toque mágico pone el balón en un rincón tan lejos como imposible de controlar, solo las miradas impotentes del adversario presagiaban un diagnóstico fatal.
Una goleada con la anestesia del espectáculo que desaparece los errores del perdedor para solo resaltar la lírica de un juego que para Barcelona hace rato se volvió una obra de arte con pinceladas de lujo.
Neymar en su gol, mostró que el fútbol más que un juego es un arte , que permite repasar las hermosas figuras geométricas que parecían propias de un consagrado arquitecto. Su gol volteó todo, hasta el gesto de admiración que inclina la cabeza hacia el piso, significando respeto y genuflexión, hizo que todos invirtieran ese gesto levantando la cabeza para acompañar el recorrido del balón, que elevándose lentamente dibuja la belleza de un golazo, un balón que reposa en el fondo del arco, solo atrapado por la red porque la impotencia del adversario ya había renunciado a luchar contra la magia del fútbol de Barcelona.
La clave para ver un buen espectáculo es saber distinguir equipos que se arman con el talento, la técnica y la magia porque aunque todos son inteligentes, no todos tienen la varita que se necesita para » tocar » y brindar ese mágico espectáculo.
Contra la técnica en el fútbol no hay antídoto. Esto hay que verlo y vivirlo porque si usted solo lo cuenta, difícilmente le creen.
[Álvaro Santamaria Ochoa,
fútbol con identidad]





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