*River hizo todo mal y volvió a lo peor que creía haber dejado atrás: Tigre lo volteó con una dura goleada. Pésimo en defensa y sin juego ofensivo, cayó sin atenuantes por 4-1 en un Monumental que volvió a señalar culpables», La Nación.
–De Cápsulas. Juanfer Quintero titular, jugó 72 minutos. Fue relevado por Kevin Castaño quien ingresó en el 72.
–La Página Millonaria: Juanfer Quintero (5,5): Trató de cargarse el equipo al hombro, pero le costó. Abusó del pelotado cruzado para un Viña que tuvo una noche para el olvido y se fue nublando con el correr de los minutos. Con el 0-3 sacó un poco de rebeldía de adentro e hizo que el equipo se adelantara un poco, al menos que mostrara ímpetu. Algunos quiebres de cintura y gambetas que generaron peligro, pero todo solo no puede hacer.
Kevin Castaño (-): imposible de calificar por el momento del partido en el que entró, con River perdiendo por varios goles de diferencia y en inferioridad numérica.
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COMENTARIO DIARIO LA NACIÓN
River volvió al pasado reciente que pretendía dejar atrás. Si había dado un par de pasos al frente en las tres fechas pasadas, lo de este sábado fue un retroceso brutal, shockeante. Un desmoronamiento inaudito. La dura goleada sufrida ante Tigre en el Monumental retrotrajo a River a los aciagos partidos contra Sarmiento, Riestra, Gimnasia… Con el agravante de que ahora se trataba de una derrota lapidaria, irreversible desde el comienzo del segundo tiempo. Uno de esos golpazos que provocan aturdimiento y erosionan la confianza. Otra vez las dudas y el desconcierto. ¿Dónde quedaron la pretemporada regeneradora y el plus de los refuerzos? ¿Fue una pésima noche aislada o permanecen las cuestiones de fondo -blando atrás, desvaído en ataque- que vienen de arrastre?
La nube de bronca volvió a instalarse sobre el Monumental. El repudio señaló culpables: Colidio y Salas cuando fueron reemplazados, como símbolos de la anemia ofensiva, y Castaño en el momento de ingresar. Todo lo que un equipo puede hacer mal a lo largo de un campeonato, River lo condensó en 90 minutos. O en mucho menos tiempo, porque a los cinco minutos del segundo tiempo ya se había consumado el derrumbe. Un flan en defensa y sin ideas para jugar y atacar. Un desastre en toda regla, al que también contribuyó mínimamente el árbitro Zunino con una interpretación muy rigurosa de una pierna en alto de Vera sobre Cabrera. Fue roja directa, cuando una tarjeta amarilla hubiera sido lo más razonable. Al partido le quedaba media hora, Tigre ya ganaba 3-0 y River, que no sabía dónde estaba parado con 11, al quedarse con 10 se terminó de ir al tacho.
Los silbidos despidieron a River cuando se fue el descanso. Lo que venía mal, empeoró. Salió Viña, que emborronó lo aceptable de partidos anteriores. Superado en su sector y lento para proyectarse. Entró Acuña, pero lo de River era estructural, no funcionaba en ninguna de sus líneas. Los refuerzos que habían llegado para potenciar al equipo parecían confabularse para debilitarlo. Moreno, insólitamente, puso en juego un tiro libre en salida con un pase a los pies de Russo, que agradeció el regalo con un remate seco para el 3-0. Perplejidad total, la endeblez de River convertía a Romero y Russo en Haaland y Mbappé.
Entraron Galoppo, Castaño y Subiabre, ya no para revertir nada porque no había posibilidades, sino para correr un poco en un equipo paralizado. Tigre era una amenaza constante y a River el partido se le hacía eterno en su sufrimiento. Un zapatazo desde lejos de Rivero marcó un descuento anecdótico. Un gol de un defensor, mientras pasaron cuatro fechas sin que convierta un delantero. River regresó a las tinieblas que creía que había disipado.
(Fuente: Diario La Nación)






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