
* Que sigan los tacos y las gambetas, pero bien viene una terapia contra el triunfalismo.
Triunfo pírrico: dícese de aquel que se consigue a costa de consecuencias desastrosas, es decir, peores que la derrota misma. Hágase de cuenta como si Nacional le hubiera ganado 4-0 a Millonarios el jueves en El Campín, pero hubieran terminado con lesiones largamente incapacitantes Marlos Moreno, Franco Armani y Daniel Bocanegra, por decir algo.
La palabra no tiene antónimo exacto en español pero, si lo tuviera, su significado semejaría a lo que verdaderamente ocurrió en Bogotá el mismo día: el equipo perdió 1-2; sin embargo, a mi parecer, esa caída resulta mucho más que saludable ante el riesgo que venía pregonando hacía un tiempo: la alerta roja ante el triunfalismo o la sobradez originada por la buena campaña del Verde.
Así que la explicación no es solo que todos los equipos se juegan ante Nacional el duelo de su vida. Eso es cierto, pero también lo es que cae muy bien al alma autoenaltecida percatarse de que hasta un alicaído equipo puede propinarle un revés que no estaba en sus cuentas. Qué bueno que haya ocurrido en nuestro rentado, en un partido de desatraso de calendario, y no en una instancia importante de Copa Libertadores. Digo yo…
El equipo ya venía con algunos tumbos, pero no se notaban ante las victorias. Tanto en comentarios de cafetería como en programas especializados de radio se oía una explicación justificatoria: no es el equipo ideal, que es el que juega Libertadores. Puede ser, pero lo de “equipo mixto” no se lo cree nadie en Colombia, con una nómina de hasta tres futbolistas de primer nivel por puesto, y unas alineaciones que si son de suplentes, son solo de Nacional, pues serían titulares permanentes en cualquier club grande del país.
Así que una buena ducha de humildad nada mal le cae a un equipo que en algunos momentos pareciera sentirse ya dando la vuelta olímpica con la Libertadores en alto. Pues no: es mucho lo que falta, y la Liga también es un objetivo lógico para tan fino andamiaje (al menos para nuestro medio). Y bueno es saber que para alzar las copas hay que luchar todos los balones, correr en todos los minutos y anotar en todas las oportunidades.
Muy bien, entonces, que sigan tacos y de gambetas. Pero que no se olvide que el objetivo es la red contraria, y que para cantar gol no basta ser y sentirse los mejores, sino demostrarlo con jerarquía, no con humos subidos. No porque se hayan elevado, aclaro, sino porque el riesgo se podía ver venir.
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EXTRATIEMPO. Lo mismo podría decirse hoy de las derrotas de Colombia ante Argentina y Uruguay, que hicieron pellizcar a Pékerman. O el empate con sabor a caída de la Sub-23 de Piscis ante Estados Unidos en Barranquilla. Golpes parecidos a las bofetadas terapéuticas que pueden darse en ataques de histeria para lograr la reacción. Por ahora, solo la Olímpica tiene final feliz.





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