Capsulas de Carreño

Días de radio.

Por Uriel Bautista Gamboa. Barranquilla

*La banda sonora de la radio sigue sonando en presente, pasado y en futuro.
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Antes que existiera el hombre, como dice una canción de Pablus gallinazo, la tierra ya escribía. En las piedras, en las cuevas y en las huellas del sendero quedaron los mensajes.

Luego los siglos se juntaron y los mensajes eran de humo, el telégrafo, el teléfono, la radio: la voz como fuente del quehacer cotidiano.

Ahora la nube es testigo de la maraña de comunicaciones que se filtran en el diario vivir.
Sin embargo todavía queda la romántica radio que con sabor campesino sigue acompañando la labranza de la existencia.

Mirando el pasado quedan en la memoria las clases de geografía que llegaban con las voces de la emoción que relataban a Colombia los duelos de los ciclistas: en el diálogo con San Pedro en el paso de la neblina por la montaña.

Los goles de Carlos Arturo en el resumen dominical del «Tráiler deportivo».
Las radionovelas que despertaban la imaginación y una narrativa con sobresaltos de la realidad.
La banda sonora de la radio sigue sonando en presente, pasado y en futuro.

En la provincia la radio tuvo su cuarto de hora. A nivel local, en Bucaramanga se recrearon las fiestas: la feria de Bucaramanga era todo un acontecimiento. Las voces de los locutores se identificaban con miles de oyentes. El sabor de Santander tuvo su máximo acento en la radio.

De repente no hemos dado en el clavo del humor y los quehaceres políticos: nos quedamos en el umbral de la picardía.

Siempre recreamos con una amiga el programa mañanero «Alegría de mi rancho». Las canciones simples y fiesteras son el alma del campesino, me repetía con insistencia la que hoy es profesora destacada de la Universidad Javeriana de Cali.

En el amanecer más allá del llano, sentí que no estaba en la llanura extensa, sino en un rinconcito santandereano: hasta ese lugar llegaba la alegría de mi rancho de Radio Atalaya de Bucaramanga.

Ahora en Barranquilla recuerdo cuando Rubencho me decía: «hoy me quiero complacer con el Cacique y la Cautiva». Y yo presto para oírme en la radio, desde el mismo estudio me ponían al habla con la discoteca automática. Ahora una emisora de Barranquilla, con sintonía total, sigue complaciendo a los oyentes, ahora por WhatsApp:¡nada se ha inventado!
Uriel Bautista Gamboa
Hincha de Millonarios
Barranquilla.
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Un comentario

  1. Saùl Restrepo

    13 agosto, 2022 at 2:29 pm

    NOSTALGIA POR LA RADIO
    El tema con este sistema de comunicación es que se volvió de historias y evocaciones de un pasado en donde quedan los recuerdos, muy buenos recuerdos de lo que significaba tener un ‘transistor’ en la casa y estar escuchándolo.

    Cada uno, si fue radio-escucha se acuerda de que escuchaba en tal época que era tanto para informarse como para pasar el día: Radio Reloj, Cómo amaneció Medellín, La voz de Colombia, Todelar, Super, Wbeimar lo dice o La Polémica, Montecristo, El Manicomio de Vargas-Vil, hasta La hora de los adoloridos.

    Cuando llegó la música al FM hubo que conseguir la grabadora con tal frecuencia, y algunos que teníamos un pariente en los yunais, era a quien se le encargaba y cuando lo traía, había fiesta con asado y varios vecinos pegados. Y todos viendo la novedad de una grabadora doble cassette.

    Pero también hay un recuerdo muy claro y vívido que era la calidad de los comunicadores, la seriedad de los mismos y la responsabilidad en la información como del medio que la emitía. La objetividad y la ecuanimidad eran preceptos inquebrantables de quien era periodista, ese era su juramento Hipocrático. El principio de Gutenberg que se veía en el primer semestre de Comunicación, luego pasaba a ser la ética al practicar siendo graduado.

    Ahora, lastimosamente eso se acabó, Lo que vemos en la actualidad son activistas del micrófono y sus opiniones están ligadas a su conveniencia.

    Mas que las historias, lo que da verdadera nostalgia es esto; haber perdido la profesionalidad en el periodismo. Cosa que empezó muy palpable después del 2015, lo que se ha denominado soterradamente como El efecto Santos.

    La pauta oficial acabó con la credibilidad de toda información emitida.
    Toca ya corroborar lo que se escucha y contrastar lo que se lee. Se interpreta la verdad, se le cambian las palabras a las cosas, lapidan a quien no les gusta, y lo peor; exaltan y dispensan la tendencia que les agrada.

    Y ahora si que la radio de antaño será aun mucho mas añorada. Ya están mandando echar a los periodistas que no le gustan al «Cambio». A Néstor Morales lo sacaron como a perro canequero en restaurante de Blu. Entonces para cuidar la ‘papita’, ya no habrá mas ‘imparcialidad’, sino pura lisonja y ocultamiento. Esto ya se ve y muy fácilmente en emisoras del Grupo Prisa.
    (Por eso Barrientos le renuncio a Gustavo Gómez y taparon lo de Fonseca).

    Así ahora intenten salirse, desligarse de eso, con trinos reclamando los fatales anuncios que hacen todos los días, que cada uno es peor que el anterior. Las emisoras matutinas de noticias y opinión directa e implícitamente ayudaron a la desgracia de hoy. Hasta el Félix asustado por el gas venezolano y Julito, por que no se quieren rebajar el sueldo en el Pacto. Eso sin contar lo que trinaron «enfadados» en su numeral diario del preocupado nutricionista y su tributaria, en donde el azúcar es malo y los alucinógenos buenos. Si, por eso del libre desarrollo de la personalidad.
    Con el ojo afuera, ya ¿Pa’ qué?

    P.S. Es mejor dejar de escuchar esta Radio actual y los programas cómico-políticos de la tarde, Yo lo hago desde el 19 de junio pasado y si trae salud mental. Lo recomiendo, hay otras formas de informarse sin frustrarse.
    Saúl Restrepo

    Hincha de Nacional
    Bogotá

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