
Diez de las 16 selecciones que acuden a la Copa América Centenario son dirigidas por extranjeros, entre los cuales cinco argentinos: casi nadie es profeta en su tierra en el continente pero los foráneos son llamados como Mesías salvadores.
Con frecuencia, los directores técnicos son contratados cuando las selecciones tocan fondo y sus dirigentes no ven otra alternativa que buscar afuera lo que consideran agotado adentro.
Los argentinos Ramón Díaz (Paraguay), José Pekerman (Colombia), Gustavo Quinteros (Ecuador), Juan Antonio Pizzi (Chile) y Ricardo Gareca (Perú) llegaron a esos seleccionados montados en el prestigio que se ha ganado el fútbol argentino, marcado por astros como Diego Maradona y Lionel Messi y por el contagio de entrenadores con predicamento internacional como Diego Simeone (Atlético Madrid) y Marcelo Bielsa.
El experimentado Pekerman plantó a Colombia en cuartos de final de un mundial por primera vez en Brasil-2014, mientras su colega Quinteros sorprende en la clasificatoria a Rusia-2018 con un liderato compartido con Uruguay.
Dos alemanes y un francés
El alemán Jürgen Klinsmann, exseleccionador de su país y del Bayern Munich, intenta desde 2011 que Estados Unidos despegue a nivel internacional y sabe que esta Copa América es la gran ocasión o posiblemente el tren no vuelva a pasar en un país en el que el fútbol (soccer) masculino figura en el cuarto o quinto lugar de las preferencias deportivas.
Su connacional Winfried Schäffer ha recorrido medio mundo como entrenador de Emiratos Árabes Unidos, Azerbaiyán y Tailandia pero se asentó en Jamaica desde 2013 y les dio ‘Reggae Boyz’ cierta autoridad en el ámbito de la Concacaf.
El francés Patrice Neveu la tiene muy difícil en un país como Haití sumido en la pobreza y con escasa infraestructura deportiva, aunque se las arregló para clasificar a esta Copa América, uno de los seis de la Concacaf (América Central, Norte y el Caribe), en una Confederación que dominan ampliamente México y Estados Unidos.
Café con tequila
El colombiano Juan Carlos Osorio, un preparador físico devenido en técnico que encumbró a Atlético Nacional de su país, llegó a México para romper con el maleficio de no pasar de octavos de final en los mundiales desde 1994.





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