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Por María Victoria Zapata
*Gracias al cielo se le ganó anoche al Once Caldas…!!!
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El triunfo, 1-0, con gol de Jonathan Marulanda en el minuto 90+4, le entregó al DIM uno de los cuatro cupos a semifinal en Copa Águila y marcó, además, el comienzo de la era Bobadilla en el banco rojo.
Situaciones anómalas, tensiones y momentos difíciles enmarcaron un partido que tenía implicaciones de todo tipo para la familia roja. El problema presentado con la venta de localidades en las taquillas del Atanasio Girardot, la baja asistencia (9.235 espectadores), la hostilidad y protestas de la hinchada, materializadas en pancartas, cánticos y hasta reprochables agresiones verbales a algunos jugadores, la lesión de Germán Cano que obligó a su relevo, al minuto76, el conato de pelea entre Andrés Cadavid y Mauricio Cortés en los minutos finales y un agónico gol del lateral Jonathan Marulanda para sellar el paso a semifinales, hicieron de éste un partido atípico y difícil, tanto para jugadores como para aficionados.
POCO FÚTBOL
El juego como tal fue soso y aburrido en el período inicial. Dos escuadras excedidas en el transporte del balón en mitad de campo y carentes de ideas y volumen de ataque. Un Medellín con buen comportamiento defensivo y conocedor de la ventaja obtenida en Manizales y un Once Caldas escaso en movilidad y en ambición. Una que otra llegada sin mayor riesgo a los pórticos de Gerardo Ortiz y David González y nada más.
En el complemento, el DIM conservó su orden defensivo y atacó a partir del contragolpe. Once Caldas, por su parte intentó explotar el juego por los costados y sorprender con disparos desde fuera. La anotación de Marulanda, en la agonía del partido, rompió la monotonía de un partido al que le faltó el ingrediente ofensivo por parte de ambos contendores.
¿HUBO MEJORÍA?
Tácticamente el DIM mostró mejor disposición defensiva y mantuvo el arco en cero, toda una faena para un equipo que recibió 13 goles en sus últimos cuatro juegos (9 Nacional, 2 Santa Fe y 2 Once Caldas, este último en el partido de ida por Copa Águila).
También el DIM tuvo un líder en el banco. En 95 minutos de juego, Aldo Bobadilla no dejó de dar instrucciones, indicaciones órdenes y, sobre todo, confianza, a sus dirigidos. En la rueda de prensa hizo acopio de diplomacia, respeto y apoyo a la plantilla de jugadores y a la afición.
En el aspecto anímico ayer lució mejor el DIM y hubo jugadores que levantaron su curva de rendimiento, entre ellos Adrián Arregui, “autor intelectual” del gol y figura del compromiso.
¿Y LA HINCHADA?
Tal vez la mayor controversia del partido tiene que ver con la reacción de la hinchada anoche, en el Atanasio Girardot. Exagerada para algunos, justificada para otros, dicha reacción da cuenta de la gravedad de la situación por la que atraviesa el Deportivo Independiente Medellín y del distanciamiento total entre dirigencia, jugadores y afición.
Al ratificarme en lo que escribí el domingo, después de la segunda vergonzosa derrota ante Nacional “Ni en sus peores épocas, ni con sus peores técnicos, el DIM nos había humillado y pisoteado tanto a sus hinchas”, me niego a excusar acciones y expresiones que se salen del ámbito de la protesta para caer en el campo de la agresión.
No desconozco que la actitud de muchos de los jugadores es burlesca y degradante ni que la desmotivación, con unas cuantas excepciones, es la constante de la plantilla roja desde tiempo atrás. Tampoco ignoro el paupérrimo rendimiento de la gran mayoría de nuestros futbolistas ni las muchas caras que tiene la crisis actual del DIM, la misma que, queramos o no, repercute de manera directa en el comportamiento del equipo y en sus resultados adversos.
Pero ni las humillantes derrotas ni la falta de actitud de los jugadores nos otorga patente de corso para calificarlos de neveras, muertos, periqueros o de agredirlos verbalmente como se hizo anoche, desde las graderías del estadio. ¿Qué se han equivocado? Si y de mil maneras. ¿Qué nos han humillado? Si, y de la peor forma posible, lo reitero. En nombre de una pasión eterna y de un amor incondicional no podemos suprimir los límites entre la reprobación y la agresión y ajusticiar a unos deportistas que igualmente sufren las consecuencias de una problemática que, por una u otra razón, los afecta también a ellos.
Sigo convencida que la crisis actual del Deportivo Independiente Medellín en materia de resultados es apenas una de las manifestaciones de su caos administrativo, y así nuestros jugadores hayan cometido cualquier cantidad de pecados capitales no cohonesto con agresiones verbales ni violencia, de ningún tipo, hacia ellos.
Ahí también fallamos nosotros, como hinchas…!!!
[María Victoria Zapata B.]





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