Capsulas de Carreño

Quedamos muy aburridos. Por María Victoria Zapata.

Atanasio Girardot, noche del sábado (24). Yairo Moreno con el control del balón, rezagado en marca el venezolano Yohandry Orozco, empate entre DIM-Tolima, 2×2, que dejó aburridos a los seguidores del cuadro rojo. Foto tomada de www.elrincondelvinotinto.

Por María Victoria Zapata B.

*Todo nos golpeó en el pálido empate del DIM, en el Atanasio Girardot, ante el  Deportes Tolima.

Mal Medellín,  con un fútbol de chispazos,  con  problemas defensivos  que comprometen igualmente al arquero David González y que cada vez se agudizan más,  con un medio campo que evidenció  una carencia total  de generación de juego, con dos delanteros  a quienes les tocó luchar “solos contra el mundo” y con un  cuerpo técnico que volvió a equivocarse   con  la conformación del onceno inicial, con la disposición táctica  del equipo, con la lectura el partido, con algunos de los relevos y con el cierre del juego  en momentos en los que  se requería mayor  profundidad y llegada para  anotar el tercer gol y asegurar el partido.

Y también  mal, muy mal, por   la reiterada  infravaloración de nuestra condición de local, en la que brillaron por su ausencia  el fútbol ofensivo, el volumen de ataque, la velocidad,  la posesión y manejo del balón, y esa jerarquía que debe imponerse en  casa pero que el DIM  dejó de lado, tal como ocurriera hace  pocas semanas ante Junior y  La Equidad.

Mal un DIM  que  incluyó en su nómina titular a un  jugador  que no atraviesa por un buen momento como  Ever Valencia,  que en los primeros minutos del partido se  replegó  y   que en el período inicial solo tuvo  dos opciones  en el pórtico de Álvaro Montero, una de ellas   al minuto 21, justamente en la acción individual de Yairo Moreno  para el golazo que abrió el marcador en el Atanasio Girardot.

Y mal un DIM que se equivocó de manera flagrante desde el banco  y que pagó, con un autogol al cierre del partido, su falta de ambición y su exceso de conformismo.

 

Sin fútbol
Con  un equipo sin protagonismo  ni fluidez,  con los volantes desconectados de los atacantes y con  un fútbol   que se centró en el despliegue individual,   Independiente Medellín fue dominado durante buena parte del primer tiempo por un  Deportes Tolima  que, aunque distante de aquel de otras temporadas,   buscó el  pórtico de González, explotó el juego por las bandas  y la media distancia y, además,  creó peligro con Ángelo Rodríguez, Luis Payares, Omar Albornoz y Sebastián Villa, autor del gol del  primer empate,  al minuto 39.

 

El conformismo  nos arrebató la victoria
Con la  sustitución de Ever Valencia por Mauricio Gómez ganó en profundidad el DIM.  Y fue  el  recién ingresado volante casanareño el encargado del centro a la cabeza de  Germán  Cano, para el segundo gol rojo, al minuto 52…  Una ventaja que no se supo defender ni aumentar.

No obstante el  triunfo parcial  y el desgaste físico de algunos jugadores tolimenses, que llevaron  al cuadro que orienta el técnico Alberto  Gamero al empleo del contragolpe,  el DIM  volvió  caer   en el contraproducente hábito de retrasar líneas, en el  perjudicial cierre del partido  y, en el minuto 78, en  el  insólito relevo de  Juan Fernando Caicedo por John Edison Hernández.  Con los  graves problemas defensivos que arrastra  el equipo   desde tiempo atrás   y con un rival que no cesaba en su búsqueda del empate,   a esa altura del juego el Medellín estaba obligado era  a asegurar el partido con una anotación más. Por ello,  reclamaba  no un volante de contención o mixto  sino otro delantero en el terreno de juego: Leonardo Castro.

Tan nublado como el  DIM en el gramado,  estuvo el entrenador Ismael Rescalvo  en instancias definitivas del compromiso. El autogol  de Jesús David Murillo, al minuto 87, para el 2-2 definitivo, premió la combatividad del Deportes Tolima y castigó  el conformismo de Independiente Medellín.

 

Un empate con mucho  de agrio y poco de dulce
Y  así como ocurriera  en la derrota con  Atlético Junior y el insípido triunfo ante  La  Equidad,  el  DIM  volvió a quedar en deuda en el estadio Atanasio Girardot.

Con un fútbol de ráfagas, de acciones individuales, de escaso orden  y  nula  solidez defensiva, el Equipo del Pueblo deja cada vez más atrás su promisorio comienzo del campeonato.  Con la errónea ubicación de  Andrés Ricaurte en primera línea  de volantes, la perniciosa rotación en la nómina con los consecuentes cambios en el módulo táctico y  estilo de juego,  la tardanza en las sustituciones  y el perjudicial  juego con líneas  retrasadas en su afán de defensa del cero o la  ventaja mínima de un gol, el cuerpo técnico  está perdiendo de vista la  vocación ofensiva, la lectura del partido y la gestión de mitad hacia adelante, que es la fortaleza del DIM 2018.

Anoche, con  ese juego  sombrío que solo alcanzó   para un   2-2 sin color ni sabor, con el autogol de Murillo, que  se suma al de Didier  Moreno ante el Once Caldas, con la inexplicable inclusión de Ever Valencia en la nómina inicialista y el  más inexplicable aun  ingreso de Goma Hernández al minuto 78 y un equipo  huérfano de generación de juego y profundamente descompensado,  el empate nos dejó muy aburridos y el fútbol del Deportivo Independiente Medellín nos  llenó de inquietud.

Ni  los puntos obtenidos hasta ahora ni la posición  en la tabla,  ocultan la realidad de un DIM  que hoy, transcurridas diez fechas del torneo, no  define su onceno titular,  no encuentra su fútbol, no observa mejoría en el  sistema defensivo,  y no es constante en su   gestión de armado y ataque.  Es,  lo reitero, una escuadra  que olvidó su buen comienzo de Liga, un equipo de chispazos,  un Medellín  que  cambió el fútbol colectivo por una aventurada  genialidad y  ya  no genera buen fútbol pero si muchas preocupaciones.   Un DIM que anoche, ante el Deportes Tolima, volvió a quedar en deuda con su  afición.
(María Victoria Zapata B.)

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