
Por María Victoria Zapata B.. //
Columnista Cápsulas.. //
Qué dolor nuestro amado DIM…! Desde sus oficinas lo despojaron de su amor propio, de su espíritu y su ambición; le arrancaron el alma y el sentido de pertenencia; lo dejaron sin nómina, sin fútbol, sin confianza y sin respetabilidad. Humillaron a su afición y, finalmente, LA DESTERRARON…!!!

Deportivo Independiente Medellín 1- Deportivo Pereira 1, marcador del partido de la sexta fecha, jugado anoche en el estadio Atanasio Girardot, ante escasos 8.778 hinchas. Otro empate rojo con sabor a derrota, a profunda decepción y a soledad en las tribunas. En un DIM hoy sin estructuras tácticas ni estratégicas de ningún tipo, el fútbol individual y colectivo es nulo, los liderazgos en el terreno de juego y banco técnico inexistentes, las ideas no aparecen, el presente es sombrío, el futuro incierto y, lo peor, la afición fue proscrita.
Por ello duele tanto ver en la gramilla un DIM desprovisto de su alma, su identidad y su fútbol, lo mismo que unas graderías despojadas del bullicio, el entusiasmo y la presencia de grupos familiares y de amigos, de los miles y miles de hinchas poderosos, hoy forzados al destierro.
No es preciso hablar de los fallidos experimentos posicionales de José Ortiz (en juegos anteriores), o John Montaño, de la orfandad del polaco Fydriszewski cuyo nivel cayó en picada, del caótico y acéfalo medio campo del DIM, del vulnerable sector defensivo, de la pérdida de gol en el equipo o de la confusión cada vez mayor por parte del técnico Alejandro Restrepo.
Porque el caso es que cada partido jugado reafirma lo tantas veces observado y diagnosticado: Independiente Medellín es el espejo de su incapaz dirigencia, un equipo sin columna vertebral ni líderes en ninguno de sus sectores, el rendimiento de los jugadores se igualó por lo bajo y el DIM es, hoy por hoy, un equipo sin rumbo.
Y mientras más avanza el campeonato, más retrocede el DIM. Lo que estamos viendo, fecha a fecha, es un equipo sin fútbol, sin orden, sin ambición y sin alma. Un DIM que se quedó sin líderes en el gramado y en el banco, un DIM despojado de su nómina, de su espíritu y, lo peor, de su afición.
Debido a la desviación de sus objetivos institucionales y de competencia desde sus oficinas, en el DIM no se cuenta con gestión ni ejecutorias administrativas encaminadas al crecimiento y posicionamiento del equipo. El único “proceso exitoso” ha sido el de la degradación de la plantilla de jugadores, reducida hoy a su mínima expresión en materia de cualificación técnica, deportiva y sentido de pertenencia.
El resultado, tal como lo expresé en mi columna anterior, es un Medellín con una dirigencia que carece de afinidad institucional, y una escuadra con grandes vacíos en su nómina, plano, predecible, con un fútbol que no cautiva ni enamora, carente de ideas y que, además, no produce alegría, no genera tranquilidad ni le da rienda suelta a la ilusión. Un DIM cada vez desgastado.
En ese orden de ideas, para nosotros, los hinchas, no hay expectativa por la participación roja en fase previa de Libertadores ni por el partido del próximo martes ante el Liverpool uruguayo. En un DIM en donde titulares y suplentes no marcan diferencia, no hay identidad ni estructura en el fútbol ni orden en su cuerpo técnico, amén de los reiterados exabruptos directivos, la credibilidad y la fe han cedido su lugar a la pesadumbre y el exilio.
Ayer, ante el Deportivo Pereira, se perdieron otros 2 puntos. Su escaso fútbol únicamente le alcanzó para un lánguido empate. Y también se hizo más profunda la brecha en confianza, en credibilidad y en ilusión… Las vacías tribunas del estadio Atanasio Girardot lo dicen todo.
María Victoria Zapata B.






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