Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

Una gramilla del estadio Atanasio Girardot en deplorables condiciones, unas tribunas semivacías, un juego sin chispa ni entusiasmo, y un DIM que otra vez decepcionó en su fútbol y actitud, enmarcaron el partido de la cuarta fecha de cuadrangulares, que concluyó en empate con sabor a amargura y a nueva frustración para nosotros, los seguidores del Equipo del Pueblo.
Y es que después de los 90 y un poco más de minutos jugados ante América de Cali, que dejaron un 1-1 sinónimo de profundo desengaño, volvimos a preguntarnos por la suerte corrida por ese aguerrido DIM que derrochó ánimo, vigor, fútbol, solidaridad, goles y ambición en la fase del Todos contra Todos.
Ese equipo líder y goleador se desdibujó por completo. Desapareció y fue reemplazado por un onceno apocado, displicente, incapaz, acéfalo y sin fortaleza mental. Se desfiguró su estructura colectiva, se diluyó su fogosidad, se desvaneció su fútbol y se perdieron sus goles. También se extraviaron el alma y el sentido de pertenencia.

Hoy, infortunadamente, no queda nada de ese Deportivo Independiente Medellín que retó marcadores adversos ante Santa Fe ( juego de ida en Copa Colombia), Junior (en Todos contra todos) Tolima, Once Caldas y Fortaleza. Un DIM cuyo fútbol llenaba por igual gramilla, tribuna y corazón y que sincronizaba, además, ideas, ataque, pundonor, combatividad, transpiración y gol.
En cuadrangulares no hemos visto más que un DIM falto de carácter y de claridad. Carente de corazón y de sangre en las venas. Un DIM lento, confundido y despojado de argumentos tácticos, fútbolísticos y anímicos. Un DIM vencido y eliminado por su propia indolencia. Una réplica de aquel vergonzoso Independiente Medellín que mancilló de manera infame el sentimiento poderoso en final ante Santa Fe, en el pasado mes de junio.
Seis meses después nos encontramos con un DIM que nos volvió a arrebatar la ilusión, a decepcionar y a lastimar el sentimiento de hincha. En medio de tanta indignación rescatamos al «polaco» Francisco Fydriszewski, un batallador incansable, un jugador íntegro, honesto y comprometido. Un verdadero ejemplo para el colectivo rojo del Deportivo Independiente Medellín, tan urgido en la actualidad de verdaderos líderes en sus oficinas y en el terreno de juego.
Por todo lo observado anoche ante América, en el Atanasio Girardot, insisto en un concepto expresado después de la derrota ante el mismo cuadro americano, el jueves inmediatamente anterior: Sin fortaleza mental ni anímica, sin jerarquía, sin políticas dirigenciales serias en materia de contrataciones y conformación de nóminas sólidas, equilibradas y con sentido de pertenencia, la historia se repetirá, y las frustraciones marcarán el cierre de cada campeonato para el hincha del DIM, que es irrespetado y maltratado una y otra vez. Nada más que decir.
María Victoria Zapata B.





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