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Por María Victoria Zapata B. //
Columnista Cápsulas. //

En una noche lluviosa y un partido con muchas tensiones, escaso volumen de ataque, menos ambición y nada de fútbol, el Deportivo Independiente Medellín empató, sin goles, con Liverpool de Uruguay y pasó a la fase tres de Copa Libertadores.
A pesar de la mejoría que mostró en el período complementario del juego de ida hace una semana en el estadio Parque Alfredo Víctor Viera, y el favorable 2-1 por las anotaciones del polaco Fydriszewski y de Hayen Palacios, la presentación del DIM anoche en el estadio Atanasio Girardot fue demasiado pobre y no produjo más que desasosiego en su afición.
Porque el DIM que vimos ayer fue una extensión del equipo liviano y desarticulado de los últimos meses. Un DIM que jugó a defenderse, a no arriesgar y a no ganar. Un equipo sin ideas, sin argumentos y sin asociación. Un Medellín sin fútbol colectivo, muy poco juego individual y una motivación tan escasa como su fútbol.
Y es, igualmente, un DIM que no llama al optimismo, a la alegría, ni a la ilusión, por cuanto no muestra coherencia ni trabajo alguno en su juego, estilo o identidad. Que tampoco da evidencia de procesos, evolución o mejoría alguna. Un DIM anquilosado en un fútbol sin cohesión, ambición ni resultados.
Anoche, en el partido de vuelta ante Liverpool, el DIM jugó al empate. El riesgo, las condiciones y la búsqueda del arco contrario y del triunfo corrieron de cuenta del cuadro charrúa, decidido a darle vuelta a la serie, pero que pese a sus intenciones también tuvo protuberantes fallos en definición.
Llamaron la atención en Independiente Medellín las atajadas del cancerbero Ichazo, el gran trabajo de Fabra y el esfuerzo colectivo, aunque aparatoso, del equipo en los minutos finales del partido para la conservación del 0-0 que le entregó el tiquete a la siguiente fase de Libertadores, en la que enfrentará al ganador de la llave Juventud de Uruguay vs Guaraní de Paraguay… Un empeño que debió ser análogo en dirección al pórtico de Martín Campaña…
Sin embargo los 90 minutos jugados ayer ante Liverpool, que se hicieron eternos dadas las carencias del DIM a las que se sumó la muy escasa predisposición al triunfo, ratifican el retroceso del fútbol rojo, las severas limitaciones de su nómina y las deficiencias de todo tipo que muestra el Equipo del Pueblo en el terreno de juego.
Y confirman, así mismo, el desgaste del cuerpo técnico que encabeza Alejandro Restrepo, el precario nivel de la mayoría de jugadores y todos los cuestionamientos al manejo administrativo y deportivo del equipo.
Por tal motivo, y no obstante la clasificación, las preocupaciones siguen latentes y la intranquilidad también. El fútbol actual del DIM no produce más que desazón. Es una verdad imposible de ocultar: la pobreza de nuestro fútbol rojo es total, porque el DIM, lo reitero, no tiene estructura ni aspiraciones y, lo peor, es un equipo que no juega a nada, y anoche lo volvió a demostrar.
María Victoria Zapata B.






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