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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

Hemos tenido que soportar tantas cosas los hinchas del Deportivo Independiente Medellín en los últimos años, que ya nos tocó probar, ante Junior, en el partido que definía el paso a cuartos de final en Copa Betplay, una clasificación sin color, sabor, ni alegría alguna. Fue, por el contrario, una clasificación marcada por la desazón, el desconcierto y la amargura.
Anoche, en el estadio Roberto Meléndez de la ciudad de Barranquilla, no bastaba con clasificar. Era, además, imperativo, ver un DIM con otro fútbol, con estructura colectiva, con mentalidad ganadora, un equipo diferente en todo al timorato y anárquico DIM que nos llena de zozobra y desesperanza en cada una de sus pobres presentaciones.
Nada de eso ocurrió. Por el contrario, el DIM que enfrentó al Atlético Junior fue una versión corregida y bastante aumentada del Independiente Medellín vulnerable en defensa, sin ideas en zona medular y huérfano de ataque. Un DIM temeroso, replegado- mejor dicho, colgado de los palos- y sin intención ni acción algunas de mitad hacia adelante.
Y como tantas veces ha ocurrido en esta temporada, ayer vimos un DIM con cuestionables planteamientos, erróneas sustituciones, mal en defensa y en ataque, acéfalo, carente también de corazón, sin dominio del balón, con cero propuesta, cero riesgo, cero argumentos, cero actitud, y cero aspiraciones. Un DIM obnubilado tanto en zona técnica como en el gramado. Un DIM cuya involución es total. DIM que no juega a nada.
Hoy, muchos hinchas nos seguimos preguntando por que tanta insistencia del técnico Alejandro Restrepo con un módulo tan pernicioso e inútil para el DIM como ese de 5-4-1 de anoche, además de apocado y cobarde, o con la titularidad de jugadores que, ya lo hemos repetido hasta el cansancio, en vez de aportar al equipo lo hacen ver en inferioridad numérica.
Nos preguntamos también por la abierta negación de la gestión de atacantes en virtud de los módulos ultradefensivos implementados, el desdén por la titularidad de jugadores como Diego Moreno o Cristian Graciano, entre otros, cuya técnica y fundamentación supera con creces las de algunos de los titulares y se hace visible en cada una de las escasas y/o reducidas fracciones de partidos de los que hacen parte.
A los hinchas rojos nos duele profundamente este DIM modelo 2024-II, cuyo retroceso es total, porque infortunadamente es un equipo sin fútbol ni alma, una escuadra cuya involución se manifiesta en todas sus líneas y frentes, en la que no hay un adecuado manejo y uso de la nómina, no hay identidad, estilo ni estructura táctica o estratégica, no hay juego individual ni colectivo y, lo peor, no hay aspiraciones ni ambiciones en su dirigencia, en su cuerpo técnico ni en sus jugadores.
Sigo convencida que con todas sus limitaciones y carencias el DIM podría dar mucho más que ese deplorable y amargo fútbol de cada partido suyo. Pero mientras no haya otras directrices dirigenciales, otra filosofía de juego por parte del Cuerpo Técnico y no se motive un cambio de actitud en sus futbolistas, que incluya una buena dosis de sentido de pertenencia, será utopía esperar algo diferente de este DIM y, en consecuencia, cualquier victoria local o visitante será flor de un día o cualquier clasificación como la de anoche, carecerá de color, sabor o alegría.
Por todo ello, el paso a cuartos de final en Copa Colombia no estimula ni reivindica al DIM frente a su hinchada, en ningún sentido. Tampoco despliega las alas de la ilusión. Porque el suyo es un fútbol sinónimo de tristeza y de frustración y un irrespeto mayúsculo a la fanaticada roja. El DIM no juega a nada y es una verdad que no la oculta ni la lotería de los penales, ganada anoche al Atlético Junior.
[María Victoria Zapata B.]




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