
Por María Victoria Zapata B. //
Columnista Cápsulas. //
No le alcanzó al Deportivo Independiente Medellín con los goles de Daniel Cataño, al minuto 3, ni de Daniel Londoño, al 26. Tampoco con el muy buen primer tiempo de un partido en el que las ganas, el ímpetu y la voluntad de rojos y verdes superaron con creces sus yerros defensivos, en un clásico intenso y emotivo en sus primeros 45 de juego.
Porque tal como ha ocurrido tantas y tantas veces con el DIM de Alejandro Restrepo, para el período complementario se desvanecieron la combatividad, el coraje, las ganas, la convicción, el amor propio que de manera especial acompaña los enfrentamientos entre los dos rivales de plaza, y también la obligación de luchar por un triunfo que mantuviera abierta, así fuera mínima, la posibilidad de una clasificación. Los dejó en el camerino.
Y para el segundo tiempo, mutó a un equipo pasivo, pusilánime, falto de carácter, de fútbol y de alma. Se desentendió del balón, del arco contrario y del contragolpe. Desestimó el ataque y olvidó que los goles definen los partidos, los resultados, los puntos y también las clasificaciones. Independiente Medellín regaló los segundos 45 minutos de juego y el fútbol le cobró su apatía, “generosidad” y amnesia, con un autogol de José Ortiz, cuando ya el tiempo y las alternativas se habían agotado en su totalidad.
Duele pero no sorprende.
Acongojaron la derrota y la eliminación; sin embargo, y en honor a la verdad, tampoco nos sorprendieron. No se podía esperar otra cosa de un DIM que en las 5 primeras fechas del campeonato obtuvo únicamente 2 puntos, que en condición de local cayó ante Internacional de Bogotá, Atlético Bucaramanga y, anoche ante Nacional, apenas empató con Tolima y Pereira en el Atanasio Girardot, que a mitad del torneo tan solo registraba una victoria ( al Cúcuta Deportivo, 3-1, en el General Santander) y, con la salvedad del juego aplazado ante Boyacá-Chicó que se jugará el 22 del mes en curso, en 15 fechas muestra un precario rendimiento de 37.5%
Tampoco podíamos esperar resultados de un DIM sin cohesión en su juego, sin estilo, sin identidad y sin coherencia en el trabajo técnico en la escogencia de titulares, planteamiento y lecturas de partidos. Un Medellín al que le faltaron trabajo desde el banco, fortaleza mental, ambición y que, además, con su escasa expresión futbolística desmintió igualmente la fábula escrita en sus oficinas, de un proceso con Alejandro Restrepo. Ni con él, ni con ninguno de los entrenadores que le antecedieron en los últimos 10 años, ha habido proceso alguno en el Deportivo Independiente Medellín.
Por ello, sin importar los puntos que se sumen en los partidos que restan por jugar ante Boyacá-Chicó, Alianza, Fortaleza y Águilas Doradas, el resultado será el mismo: una eliminación más y un fracaso más que, tal como lo hemos expresado en otras ocasiones, serán consecuencia directa de disparatadas políticas administrativas que le arrebataron al DIM sus raíces, identidad y su espíritu, y que también despojaron al hincha de la ilusión y la fe.
Exabruptos al por mayor.
Tal vez la mayor de todas las insensateces, el régimen de contratación de futbolistas, agravado en la “era Federico Spada”. Sin más rigor ni análisis que su bajo costo, los refuerzos, con una que otra excepción, mutaron a “montoneras” de jugadores genéricos, sin nivel ni mercado y carentes de las condiciones y conocimientos básicos para jugar en una escuadra de fútbol y, más, en una profesional. Línea a línea, la nómina roja se degradó en todo sentido.
Con una dirigencia, cuyas aspiraciones no van más allá del negocio personal marcado bajo el signo $$$, de cero inversión en el equipo, de la compra de jugadores baratos y sin mercado, la sumatoria de las eliminaciones y frustraciones desde el año 2018, las cuatro de 2024, la oprobiosa final con Santa Fe en junio de 2025, los descalabros en Liga y Copa Colombia seis meses después, y la anticipada eliminación en Liga 2026-I, son apenas el único resultado posible en virtud del desdén por los objetivos y metas institucionales, gestado desde las propias oficinas del Deportivo Independiente Medellín.
Conclusión:
Con este nuevo revés del Equipo del Pueblo queda ratificado- por enésima vez- que nada diferente podemos esperar de una dirigencia compuesta por impíos que se hacen pasar por creyentes poderosos. Que NO tiene cercanía afectiva con el DIM ni con su afición. Tampoco reconocimiento, valoración del objeto deportivo del DIM, ni ideal de competencia. Con ella, el DIM solamente seguirá “sumando” fracasos y más fracasos y el hoy desterrado hincha, decepciones y más decepciones. Ahora solo nos queda rogar al Altísimo que la participación en fase de grupos de Copa Libertadores sea por lo menos digna y decorosa. Los temores no son pocos…
María Victoria Zapata B.