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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.

“Triunfó el fútbol, triunfó la justicia, triunfó Dios sobre todas las cosas. Nunca nos dejó caer, nunca nos dejó que el equipo bajara la cabeza. Siempre estuvimos con la cabeza en alto, con ganas” Jaime Alvarado.
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Lo ocurrido ayer, en las horas previas al partido de vuelta de cuartos de final Copa Colombia entre DIM y Boyacá-Chicó no tiene antecedente, explicación ni justificación.
Una jugada, de las más sucias que le hemos visto, al ente rector del del fútbol profesional colombiano, que debería ser garante del fútbol limpio y en paz, pero que hoy es un sainete cada vez más burlesco y reprochable.
Por eso anoche el DIM, despojado en repugnante “pupitrazo” de los puntos, de los 4 goles anotados el pasado martes en el estadio La Independencia, y también de su victoria categórica, saltó al gramado del Atanasio Girardot con una infame desventaja, 0-3, y la obligación de igualar y/o superar la misma cifra de anotaciones arrebatadas descaradamente por la Dimayor y los Pimentel, padre e hijo.
Y lo logró. Después de un primer tiempo y gran parte de un período complementario llenos de ganas, de combatividad, de amor propio y de opciones frustradas por un visitante que amuralló su sector defensivo y recurrió también de forma exagerada a la pérdida deliberada de tiempo, pudo vulnerar en tres ocasiones la valla de Orejuela, obligar a la definición desde el punto penal, y derrotar la trampa y la artimaña.
Las anotaciones de Perlaza, Chaverra y Sandoval, en los minutos 78, 85 y 90+4, respectivamente, lo mismo que los aciertos en los cobros de Leyser, el chino y Fory en la definición desde el punto penal, que finalmente ratificó el cupo rojo en semifinales, le dieron sentido al juego limpio y a la justicia tan infravalorados por los Pimentel (Eduardo y Nicolás) y por la Dimayor y su “decorativa” Comisión de Disciplina y castigo, que continúan dándole estocadas al fútbol profesional colombiano con sus irracionales determinaciones.
No obstante la expulsión de Fainer Torrijano al minuto 57, la herradura que formó Chicó alrededor del pórtico de Orjuela y el acelerado recorrido del cronómetro, el DIM, el DIM nunca desistió de su ataque, rezumó carácter y entereza, se jugó el partido de la dignidad y la vergüenza y rubricó con fútbol, goles y temperamento la clasificación de bla que trataron de despojarlo.
No se si anoche, en este partido tan aparte del DIM hubo un jugador rojo más destacado que otros, porque lo que sobresalió fue el enorme esfuerzo colectivo que involucró, además, zona técnica y tribuna, para un estadio que se refundió todo, en busca de la reivindicación tanto del juego limpio como del derecho de paso a semifinales, obtenido tres días atrás en la capital boyacense.
Y dudo, también, que en los últimos años haya tenido lugar un compromiso con el elevado componente emocional de este, ante Boyacá-Chicó. La rabia, la indignación, la solidaridad, el acompañamiento y, fundamentalmente, el ansia de justicia, que finalmente se dio con cada gota de sudor de los jugadores, con cada gol marcado, con cada penal convertido, con una clasificación obtenida con pulcritud y suficiencia.
Anoche, reitero, el DIM jugó un partido diferente, los hinchas rojos vivimos un partido diferente, y los seguidores de otros equipos del FPC se solidarizaron con nosotros, en este partido distinto en el que finalmente se impuso la justicia. Y ganamos todos: el DIM, el juego limpio y el fútbol sin trampas ni mañas.
[María Victoria Zapata B.]





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