Dulce empate de Rojos y desilusión amarga de Verdes

Edwin Cardona marcó de penal. Jugó 45 minutos. Nacional piensa ahora en el encuentro del jueves por Libertadores. En Liga ya está clasificado aunque el empate en el clásico dejó sabor amargo. Foto @nacionaloficial.

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Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

 

El partido que antecedía al clásico fue el de Pasto y Fortaleza, que tuvo una adición de 5 minutos, que a la postre se convirtieron nada menos que en 11, suficientes para que a los televidentes nos privaran de ver los actos protocolarios del clásico paisa, porque cuando dieron el cambio, la pantalla parecía llena de minisigüí, debido el polvo rojo de los extintores que se regó por todo el estadio.

 

El pasado 2 de mayo se celebró el día de San Atanasio, de ahí que 42 mil y pico de asistentes fueron a felicitarlo; de ellos, una cuarta parte fueron hinchas verdes apostados dándole la espalda a Itagüí; los demás pura rexixtenxia roja, necesaria para soportar el tremendo aguacero que se largó al final del partido.  Se nota que la cancha la han maquillado con rubor verde, porque ha mejorado en relación con el último encuentro.

 

Nacional, que nuevamente luce el verde “chillón”, acusa la ausencia de Marino, quien sigue en cuidados especiales con miras al partido de este jueves contra Internacional de Porto Alegre. En su reemplazo sigue Arce, quien esta vez mostró mucho más.

 

Bajo las órdenes de Rojas se inicia el partido, con más dominio del poderoso, que muy temprano toca el timbre con disparo de Chaverra que pasa lamiendo el paral. Un fuera de lugar anula el gol de León y luego Ospina en atajada saca un balón que llevaba cara de gol al tiro de esquina.

 

Minuto 33. Arce sale raudo para el área roja, Homer lo escolta por detrás, y cuando llegan al área lo empuja y cae; el árbitro  deja seguir el juego, pero suena el ring del VAR para advertirle que hubo empujón; Rojas se acerca a la pantalla y en un “Minuto de Dios” determina que si hay falta. Cobra Cardona que engaña a Aguerre, y el verde se monta en el marcador.

 

Medellín tuvo la oportunidad de empatar, en un cobro de tiro de esquina; balón que supera a Ospina y Matheus y le queda servido, con lechuga y tomate a Homer quien lo eleva. Minutos antes de terminar el primer tiempo, Castillo ve la tarjeta amarilla, que es la segunda que le muestran estando en el banco. ¡Hágame el favor!

 

Para la complementaria sale Cardona y entra Asprilla, y el  panorama es el mismo, con el DIM al taque; pero llega lo inesperado, la tarjeta roja para Francisco Chaverra por codazo a la mandíbula de Asprilla, falta que fue advertida también por el VAR. Al minuto 58 llega la lectura del evangelio según San Mateo, que anuncia la entrada de Rivero por el evangelista.

 

De ahí en adelante es Nacional el que comienza a mandar en el campo, y tiene dos o tres oportunidades de gol con Arce, Viveros y Morelos que había entrado en el minuto 73. Pasan los minutos y Nacional se dedica a “marear” el balón llevándolo allá, trayéndolo acá, para adelante y para atrás; es decir, dejando que pasen los minutos, al sentirse ganador.

 

El técnico Restrepo agota todos los cambios, entre el ingreso de Vinicius y Moreno, que le dan algo de aire renovado al Medellín en el ataque; basta recordar en el minuto 83 el  remate de León que es mandado al tiro de esquina por Ospina.

 

A aparece el minuto 88 para que Vinicius aproveche un centro para marcar de cabeza el gol del empate, y el gol que castiga cuando se subestima al contrario por una superioridad que a la larga es un simple espejismo. Para redondear, Campuzano y Brayan León ven cada uno la tarjeta roja por agresión mutua.

 

No es la primera vez, ni será la última que Nacional desestima las oportunidades. Para resaltar, la enjundia que pusieron los jugadores rojos al final del partido, que les representó un empate que se veía complicado, pero no imposible.

 

Este jueves será la primera oportunidad de las tres que tendrá Nacional para recomponer su torcido camino en la Copa Libertadores. Ahí´ta La Virgen que no se repita lo de hoy.

 

“Las oportunidades son como los amaneceres, si uno espera demasiado, se los pierde”. William George Ward.

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