Por Christian Leblebidjian, Canchallena
*Es difícil encontrar un punto débil en Barcelona, aunque se puede apuntar el ala derecha como uno de sus principales focos ofensivos.
River está hoy por debajo de Barcelona a nivel global y también de sus propias posibilidades. Marcelo Gallardo hace pruebas, aunque en el medio tiene la presión por dar vuelta la serie con Huracán, por la Copa Sudamericana, para extender los partidos oficiales y llegar al Mundial de Clubes con alta intensidad en la competencia. El equipo de Luis Enrique se asegura rodaje por sus participaciones en la Liga de Campeones y en la Liga de España.
El primer inconveniente de River es general. Cuenta con varias individualidades que no están en buen nivel y por eso no está finalizando correctamente ataques que antes resolvía con facilidad. Defensivamente, tratará de presionar en bloque y a partir de sus delanteros, Alario y Mora, quienes (para colaborar con los volantes) cometen infracciones a la par de los medios en el retroceso. Pero el desafío para Gallardo estará en encontrar ese tándem izquierdo que tantos dolores de cabeza le está dando luego de la ida de Rojas y de tener lesionado a Vangioni.
Partiendo desde un 4-4-2, el Muñeco parece tener hoy a Barovero; Mercado, Maidana, Balanta y Casco; Sánchez, Ponzio, Kranevitter y Gonzalo Martínez; Mora y Alario. Y uno de los duelos imaginarios en el hipotético cruce con Barcelona estará entre el ala izquierda de River contra el sector derecho de Barcelona. El DT sigue sin encontrar ese mediocampista externo por la izquierda. Hasta ahora probó con Bertolo, Lucho González, Martínez, Driussi, Tabaré Viudez y hasta con Mayada. Pero ninguno se adueñó de la posición.
Así, teniendo en cuenta no sólo la solidez defensiva sino la mejor forma de atacar, no sería descabellada una prueba que hasta ahora Gallardo no pudo hacer: Casco como lateral y Vangioni como volante, como utilizó Ramón Díaz a Placente y Sorin para jugar de visitante en la Copa Libertadores 1996. Con Vangioni más suelto, se aseguraría llegada al vértice del área rival y la posibilidad de sacar esos centros-gol que pueden ser aprovechados con apenas un toque por Alario (como en el 1-0 a Tigres, en la final de la Libertadores 2015), Mora (como el 2-0 a Liga de Quito) o Sánchez (como ante Chapecoense, en Brasil), los últimos anotados con asistencias de Viudez y Pisculichi.
Barcelona encuentra motivos para motivarse hasta Lionel Messi. Con el habitual 4-3-3, tiene varias formas para desequilibrar: con juego corto y asociado, a partir de un alto porcentaje de la posesión, pero también con lanzamientos largos, con cambios de frente para que sus finalizadores ataquen los espacios. La lógica del Barcelona encuentra en el poder ofensivo de Messi, Suárez y Neymar un arma clave: los tres pueden arrancar por la derecha, el centro y la izquierda, respectivamente, pero se mueven de tal forma que Suárez puede terminar como wing derecho enviando un centro para que Neymar o Messi definan como «9» en el punto penal.
Es difícil encontrar un punto débil en Barcelona, aunque se puede apuntar el ala derecha como uno de sus principales focos ofensivos, a partir de lo que pueden generar las proyecciones de Dani Alves, el pie a pie de Rakitic y sus cambios de frente con ambos perfiles; y los espacios que pueda fabricar Messi, corriéndose desde la derecha al centro. Y si no está Leo, surge un Sergi Roberto capaz de aportar diagonales como para sorprender con asistencias, como sucedió en el 1-0 de Suárez en Madrid.
Si bien un eventual River-Barcelona tendría demasiados duelos y puntos de cuidado, Gallardo sabe qué sector le reclama hoy una prioridad.





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