Capsulas de Carreño

El arquero, sus triunfos y sinsabores (I)

Por John Cardona Arteaga.
Profesor Universidad de Antioquia.
Expresidente DIM.

En crónicas anteriores hemos expuesto la importancia de algunas posiciones en la conformación de los equipos de fútbol. En particular, se ha tratado sobre la relevancia brindada a los delanteros goleadores y el interés suscitado en la historia por los porteros, asunto que se ha reconocido en el tango y en la literatura sobre el fútbol.

No obstante, resulta paradójico que, en el mercado global del fútbol, en las fabulosas transacciones de deportistas se muestre una significativa superioridad de los delanteros sobre los arqueros, en materia económica. Existe una notoria contradicción de las visiones existentes entre el papel del cancerbero y del delantero goleador; casi una relación de dominado y dominante.

En otras historias, además de referirnos a jugadores en otras posiciones, hemos tratado la vida deportiva exitosa de los guardavallas Ricardo Zamora, Amadeo Carrizo, Ubaldo Fillol, Julio Elías Musimessi y Jaime Lema. De ellos el tango reconoce sus proezas.

El guardavallas ha sido visto como un deportista sujeto y a merced de los atacantes contrarios. Se le tilda de culpable en la derrota de su equipo, así hubiera realizado grandes atajadas durante el mismo partido. Nunca se asigna la responsabilidad que le cabe al delantero o al volante que malogró las oportunidades ante el arco contrario. Siempre la víctima es el guardameta.

Desde el punto de vista existencial tenemos un elemento capaz de sufrir la inclemencia de las críticas de aficionados y comentaristas. Siempre de él se recuerdan los goles infantiles que sufrió, pero nunca las grandes atajadas que hicieron triunfador a su club o que dieron lugar a la obtención de campeonatos.

La historia repite con crueldad la mala fortuna de Moacir Barbosa Nascimento, arquero de la selección brasileña protagonista del “Maracanazo”, en la pérdida del Campeonato Mundial de Fútbol 1950. Aunque todos los analistas conceptúan que las fallas para semejante derrota fueron cometidas por jugadores de campo, la culpa siempre se le asignó a Barbosa, a pesar de haber sido distinguido como el mejor portero del mundial. Ese terrible sino lo persiguió el resto de su vida, solo acallado con su muerte, cincuenta años después en el año 2000.

Están frescas aún las imágenes de Loris Karius, guardameta de Liverpool en la final de Champions League 2018, bañado en lágrimas y ofreciendo disculpas a los aficionados después de su encuentro con el Real Madrid. Dos visibles errores suyos originaron la derrota de su equipo, a pesar de la presencia en la cancha de Firmino, Salah y Mané. El estadio Olímpico de Kiev fue el escenario, más que del descalabro de un equipo, de la aniquilación personal de un deportista, de quien se olvidaron sus buenas actuaciones anteriores.

En la literatura del fútbol el arquero es sujeto de interés por parte de diversos autores y algunos de ellos han sido protagonistas del arco. Son los casos de los escritores Albert Camus y de Mario Benedetti, quienes han resaltado en sus escritos su participación como cuidapalos.

En un artículo de la Revista Diners 335 – junio de 2006, titulado “El día que Eduardo Galeano le hizo un gol a Mario Benedetti”, manifestando su gusto por el fútbol Benedetti expresa:

“Si una aspiración clara tenía yo, era jugar de arquero. Vocación que tuvo un grave tropiezo cierta tarde en que, durante un partido infantil, un delantero del once contrario produjo un tremendo disparo que me acertó en pleno estómago y me envió con pelota y todo y al borde del desmayo, más allá de la línea de gol…

Albert Camus, por su parte, fue portero profesional y en alguna ocasión teorizó sobre ese severo cometido y llegó a la conclusión de que el de guardameta era sin duda el puesto más ingrato de todo el equipo: cuando los compañeros festejaban un gol, él siempre estaba lejos y solitario, sin poder compartir esa alegría; en cambio cuando el equipo contrario lograba un gol, como arquero se sentía irremediablemente culpable.

Creo que mis últimas (ya había pasado mis 50) defensas de una portería tuvieron lugar en improvisados partidos entre intelectuales. En uno de ellos Eduardo Galeano me hizo un gol infamante, poco menos que generacional; para colmo quedó registrado en una foto de ignominia.”

https://revistadiners.com.co/cultura/15718_mario-benedetti-miedo-al-penalty/

Recientemente fue conferido el premio Nobel de literatura 2019 a Peter Handke, quien en su obra muestra su gusto literario por el fútbol. En su libro El miedo del portero al penalti expresa metafóricamente las angustias, vivencias y la soledad del ex arquero Josef Bloch, venido a menos y despedido de su último oficio como mecánico. En la parte final del libro se presenta quizás el único diálogo de toda la obra entre un representante de jugadores, interesado en mirar exclusivamente a los delanteros y Block, encargado de resaltar la capacidad del guardameta y las vivencias específicas en el cobro de un penalti: “Él no podía estar mucho tiempo mirando hacia allá, contestó el representante, involuntariamente volvía la mirada hacia los delanteros. Cuando se miraba al portero, parecía como si tuviese uno que ponerse bizco”.

Por su parte, Galeano en su obra El fútbol a sol y sombra retrata al golero en términos literarios, no lejanos de su encargo tormentoso y amargo:

“Es un solo. Está condenado a mirar el partido de lejos. Sin moverse de la meta aguarda a solas, entre los tres palos, su fusilamiento. Antes vestía de negro, como el árbitro. Ahora el árbitro ya no está disfrazado de cuervo y el arquero consuela su soledad con fantasías de colores.

El no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace”.

La posición del cuidapalos, fuera de todo equilibrio, se expresa en el siguiente texto:

“Bichos raros o perros verdes: son los porteros, seres misteriosos de natural solitario, aunque su aislamiento no alcance a comportar hurañía. Asumen con envidia domesticada su papel de personajes secundarios cuando llegan los faustos y los premios. Saben, por ejemplo, que será en otros estantes donde lucirán los trofeos, en otras sienes donde descansarán los laureles: Casillas no ganó el Balón de Oro tras frenar a Robben en el Mundial y difícilmente Neuer logrará arrebatarle el premio a cristiano.

Pero ambos seguirán cuidando sus redes con el cariño de la araña que teje su propia malla.  No en vano, únicamente Lev Yashin recibió tal distinción. La Araña Negra tan solo. ¡Tan sola ella!”

https://www.fundeu.es/recomendacion/porteros-arqueros-metas-cancerberos-cuidapalos-sinonimos/

No en vano se han acuñado una serie de términos para atormentar el papel del guardameta como víctima, recurriendo a palabras tomadas del lenguaje bélico. El cancerbero está sometido al glosario de términos derivados del inglés chut: disparo, remate, tiro, cañonazo, latigazo, obús, misil.

Asimismo, a su contradictor, el delantero goleador, se le ha reconocido con términos guerreristas como bombardero (Valenciano, Pizarro, Vela), pistolero (Magán), Cañonero (Lolo Fernández, Tiko), mortero (Aravena, Ferreyra, Masantonio), dinamitero (Lángara), tanque (Rojas, Paredes, Silva, Denis, Ruiz), torpedo (Müller), rifle (Andrade, Pandiani).

Sobre este tópico se puede referenciar la película de El cañonero de Giles, basada en la vida exitosa de Bernabé Ferreyra, apodado “El mortero de Rufino”, famoso jugador de River desde 1932. En este filme también participaron Adolfo Pedernera y José Manuel Moreno, compañeros de Ferreyra. La Marcha del fútbol, que se interpreta en este filme, lleva la letra del director de la película, Manuel Romero y música del pianista Alberto Soifer. Fue grabada más tarde por Francisco Canaro con Roberto Maida. Se puede ver la película completa en:

https://www.youtube.com/watch?v=DK94HtKAvvE


Los guardavallas y la música

El caso que hoy nos ocupa tiene gran relieve en el fútbol de Argentina y de América. Nos referimos a Amadeo Carrizo de River, Ricardo Zamora de RCD Español, Real Madrid y Barcelona España, Américo Tesorieri de Boca Juniors, Carlos Ísola de River Plate, Ubaldo Matildo Fillol campeón con Argentina en 1978, Julio Elías Musimessi de Boca, Jaime Lema “Lemita “de San Lorenzo, Mierko Blazina de San Lorenzo, Luis Islas de independiente, Juan Batasso de Racing Club, Miguel Rugilo de Vélez Sarsfield, Eduardo Alterio de Chacarita Juniors. A algunos de ellos hemos dedicado un espacio en anteriores entregas de estas historias y a otros los seguiremos abordando en estas crónicas para destacar sus hazañas y la música con la cual se les ha rendido tributo.

El gran José Alfredo Jiménez, del fútbol a la música

Abrimos un espacio es este relato para abordar un hecho que aparece escondido en el baúl de los recuerdos. Se trata del ídolo de la música popular José Alfredo Jiménez, quien decidió orientarse por sus composiciones musicales cuando era portero del fútbol profesional mexicano, militando en los clubes Oviedo y Marte de la primera división. Antes le había tocado desempeñar diversos oficios para ayudar a su madre en la economía familiar. En Oviedo en 1942 le tocó compartir el arco con Antonio Carbajal, quien se convertiría en el eterno arquero de la selección mexicana con cinco participaciones en las copas mundiales. En alguna ocasión José Alfredo le informa a Carbajal que se retira del fútbol porque lo suyo es la música y así cada uno siguió por los senderos del triunfo en su respectiva actividad.

Para acompañar este relato se puede escuchar el vals Ella, de la autoría en letra y música por José Alfredo Jiménez, cantado por Tino García con la Orquesta de Ángel D’Agostino en 1955.

https://www.youtube.com/watch?v=d2FH6_JX_Xc

[John Cardona Arteaga – Profesor Universidad de Antioquia – Expresidente DIM]
Medellín, febrero de 2020
(Continuará el próximo viernes)

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