
Por Gilberto Maldonado Bonilla
———————
*Dice el filósofo, “el arrepentimiento es tan inútil como emprender una roca a dentelladas”.
———————
Siempre he creído que los actos de arrepentimiento son una solemne pérdida de tiempo.
El reto está en la capacidad de superar los hechos sujetos de arrepentimiento. Y son un reto porque hay una responsabilidad en tanto seres actuantes. Pero también hay culpabilidad que trasciende la conciencia. El señor Javier López agredió a Jhon Edison Mosquera; acto que es reprochable desde la esfera de lo ético. Atentó contra la integridad física de una persona que, como él, se gana la vida como artista del fútbol.
Censurable la agresión y siniestro el acto de contrición, el arrepentimiento. Acto que es susceptible de repetirse por el carácter inconsciente que hay en todo acto humano. Los arrepentidos son manipuladores.
Retrocedamos al momento de los hechos. La crítica se ha venido, cual avalancha, contra el árbitro del partido Independiente Santa Fe – Atlético Nacional. La severidad de la crítica radica en el hecho que la agresión de Javier López contra Mosquera es un incidente más en lo que se considera el talmud de errores del árbitro del partido.
Por principios, no suelo ocuparme del tema arbitral. Por tanto dejo dos inquietudes frente a la agresión del jugador al servicio del equipo capitalino:
1- Imposible exigirle el don de ubicuidad al árbitro Lamoroux. El balón estaba en juego en el extremo contrario donde ocurrió la agresión hacia el jugador Mosquera. Acá se configuró una falta al llamado juego limpio. El arquero Castellanos se apresuró a reanudar el juego.
2- Viene, dice ciber-corresponsal, la fábula del pastorcito mentiroso. Cuando las cosas suceden nadie le cree.





Haz un comentario