Capsulas de Carreño

El día que el país fue paisa (Por Óscar Domínguez G.)

Oscar_Dominguez

Por Óscar Domínguez G.

 

 

*No hay que ensillar antes de traer las bestias pero me late que vamos por la segunda copa de la Libertadores.

 

Hace veintiséis años, la noche que el Nacional ganó en Bogotá la primera copa Libertadores de América derrotando al  Olimpia, del Paraguay, “el país fue paisa”, proclamó Cristina Toro, la frágil actriz del grupo Águila Descalza, en la celebración etílica que siguió a la salida del estadio El Campín.

El entonces esposo de misiá Cristina, Carlos Mario Aguirre, también Águila Descalza, – se separaron para quererse a distancia y seguir trabajando juntos- puso a su personaje, Jesusita Duque, a llamar por teléfono a Medellín a averiguar cómo estaba la parranda. “¿Cómo, querida? Que en la 70 no cabe un cristiano? ¡Bruta! Esperá un momentito que está pasando un avión”.

La consigna era:”¡A beber, paisas, a beber!” No hubo un solo desobediente.

El dueto de descalzos  le subió estrellas a la celebración y de la calle 57, donde celebraba el proletariado, siguieron al hotel Hilton a brindar con el Nacional la victoria que convirtió la alegría en histórica histeria.

En sus doscientos y pico de años de revolución, los franceses siguen proclamando que detrás de todo hombre de éxito, y de todo crimen,  hay una mujer (=cherchez la femme). Detrás de una nación, del Nacional, estuvo María Auxiliadora, cuyo santuario en Sabaneta  visitaron los jugadores para agradecerle el favor recibido.

Claro que doña Rosita Castellanos, la señora del tinto en Colprensa, aseguró que el triunfo, en realidad, se debe al Niño Jesús de Praga, a quien encomendó al equipo. La conclusión es pilada: en el cielo hubo rapiña entre los miembros del santoral para adjudicarse la paternidad responsable del estruendoso triunfo verdolaga.

Un hincha verde, en plena calle 53 de Bogotá, cerca del Campín, se encontró con un perplejo y cariacontecido partidario de Millonarios que tenía el uniforme de su equipo y le dijo: “Gracias, papá, por prestarnos el estadio”.

Me tocó celebrar la fiesta que siguió el triunfo con 37 Uribes venidos de Titiríbí y Envigado. Uno de ellos, Pedro Nel, hijo de Rafael en Celina Duque, proclamó: “Los para-guayos no quedaron sirviendo ni para-tenis”. Y ordenó más trago y viejas para “toooo…dos los animales”.

Al día siguiente del triunfo, un borrachito paisa, veeerde del guayabo,  en plena Carrera Quinta con Calle 26, le ponía la mano a los aviones y les preguntaba a los transeúntes en sus mínimos ratos de lucidez: “¿Por aquí pasa la escalera que va pa Medellín?”

Me descuadré un semestre comprando una botella Viuda de Cliquot para brindar con mis compañeros de Colprensa. Ojalá el exquisito Horacio “Loco” Jaramillo me perdone desde la eternidad el pecado de habernos bebida a la viuda del cornudo señor Cliquot Ponsardin en pocillos chiquitos para tinto (ver la foto de José del finado José del Carmen Sánchez Puentes).

Estoy consultando a un pool  abogados si hay lugar a una demanda contra Nacional porque me hizo perder una polla, pues no gané con el resultado que había escogido: 5-2.

Pero si París bien valió una misa, Nacional vale más de los 300 pesos de la apuesta. Ahhh, mejor no lo demando.

Desde el triunfo del Nacional los pinchadísimos y orgullosos hinchas recibimos besos de las bellas. Las feas los pueden enviar a lomo de culebra.

Chucho, lustrabotas de profesión,  hincha incógnito del Nacional nacido en el Barrio Antioquia dijo para la posteridad: “¿Con una hinchada de esas que viene hasta aquí, quién pierde? La hinchada se lo merece todo. Fue lo mejor”.

Hay odios que son amores con rabia. Por eso el día de la definición odiamos a Alexis García, Felipe Pérez, Gildardo Gómez y el Negro Perea. Cuando fallaban los penaltis que ejecutaban, les declarábamos personas ingratas. Ya están perdonados. Menos mal Leonel Álvarez marcó el penalti del triunfo. El abrazo rompecostillas más grande lo recibió el mechas de “Margarita”, su boa constrictor-mascota.

Ese Copa Libertadores, fue un acto de amor, de fe. Gracias a ella, como escribió un cronista, “nos Tokió contra el Milan”. Otro sentenció: “Olimpia, en portugués, se dice no-Tokió”. (En Tokio perdimos la final mundialísima pero si hubiéramos ganado todavía estaríamos empinando el codo).
Todos quedamos desgualetados de tanta alegría.

Un grafitero ingenioso convirtio una pared en rotativa y es escribió: “Bogotá, gracias, Bogotá”.

No hay que ensillar antes de traer las bestias pero me late que vamos por la segunda copa de la Libertadores. El turno para volver hilachas es para los lúcidos jugadores de Independiente del Valle que no creen ni en Poncio. Pero hasta aquí los trajo el rio, vecinos.

 

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