Por: Javier Castell López,
El Heraldo
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*Altibajos funcionales que no le permiten instalarse definitivamente en la credibilidad del hincha.
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Frente a Nacional fue una comprobación de que el Junior no logra aún consolidar un carácter fijo, un sello reconocible. Si el escaneo se hace de los primeros 45 minutos, entonces la imagen es obscura, sin brillo. Pero si la imagenología se practica para las acciones del segundo tiempo, se ve con total claridad la sanidad de sus estructuras.
Trocando los tiempos, la referencia anterior sirve perfectamente para resumir el diagnóstico del primer partido ante Cúcuta; un período agradable y otro trunco. Si esta fuera una sintomatología reciente, es decir de apenas estos dos partidos, no tendrían los directores del club que alarmarse, sino estar atentos y hacerle una vigilancia a las reacciones que se van produciendo para impedir que se convierta en una enfermedad.
Pero no. Durante el semestre pasado Junior también fue víctima de esa irregularidad que destiñe su propuesta, de esos altibajos funcionales que no le permiten instalarse definitivamente en la credibilidad del hincha. Cómo explicar que los mismos intérpretes desafinen 45 minutos contra Nacional y acto seguido sean capaces, en mi opinión, aun con la desventaja de emitirla sin el soporte del resultado favorable, de desarrollar la mejor tonada del año.
De la postura clásica del visitante de mentalidad chica, acurrucado, sin osadía; temeroso de desmarcarse para hilvanar jugadas, esperando, mientras el marcador siga en cero, a que el tiempo transcurra; jugando en la posición y no desde la posición, cediendo la iniciativa, crédulo de aquello de “hay que soportar los primeros 20 minutos en los que el local sale con todo”; al del segundo tiempo con una gran determinación, con movilidad inteligente y continua; con una especie de “excitación febril y a la vez dominada”, con las líneas cerca, gracias especialmente a Cuéllar y Celis, con generación de fútbol fluido y profundo ( cuatro situaciones claras no convertidas conspiraron contra la obtención de puntos), que se defendió atacando, y no por aquel viejo aforismo que dice que la mejor defensa es un buen ataque, no, sino porque los que no participaban directamente en la acción ofensiva estaban atentos para marcar cerca a los potenciales contragolpeadores del rival, y de esa manera contribuyeron a que el equipo permaneciera en predios del rival, que jugó, en definitiva, con actitud de equipo grande, hay un gran trecho.
Entre uno y otro, Junior tiene que decidir por el segundo y convertirlo, ya, en su estilo, en su identidad futbolística. Para estar en el podio, para enfundarse el uniforme de favorito, para ser consistente y mantener la regularidad de los mejores, debe elegir jugar así. Ya probaron que sí lo pueden hacer. Por lo tanto, no tienen excusas, tienen que asumir el compromiso. Sus dirigentes y sus hinchas deberían exigírselo.





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