Por María Victoria Zapata B.
*El cuadro rojo NO ES UN LABORATORIO y eso ya lo deben tener bastante claro Leonel y el Chonto.
Vergonzosos fueron los primeros 45 minutos del DIM anoche en el estadio Feliciano Cáceres de la ciudad de Luque, en su juego de vuelta de Copa Sudamericana.
Un inexplicable y estrafalario planteamiento táctico del técnico Leonel Álvarez, con un 4-4-1-1 del que hacían parte cuatro zagueros centrales ( Mosquera, Pertuz, Saiz y Arias) y un equipo totalmente recostado en zona propia, casi deja sin vigencia la ventaja de 3 goles conseguida el pasado 24 de agosto en el partido de ida, en el Atanasio Girardot, y tira por el despeñadero la clasificación roja a la siguiente fase de la citada competencia surcontinental.
No pudo ser peor el primer tiempo Deportivo Independiente Medellín anoche ante el onceno paraguayo que, bajo la batuta del colombiano Vladimir Marín, doblegó en el período inicial a un cuadro sin fútbol, sin ataque, sin defensa y sin brújula alguna en mitad de campo ni en el banco. A un DIM que se le vio también sin alma, sin juego por las bandas, sin tenencia de la pelota, sin una función diferente a la de entregar erróneamente cuanto balón recibía, acéfalo, sin conexión entre volantes y atacantes y dominado por un Sportivo Luqueño que, con muy poco fútbol y mucha voluntad y actitud, superó al DIM en el terreno de juego y acortó peligrosamente la distancia con dos anotaciones de Marín (tiro penal, al 24) y Derlys Alegre(al 44).
Se acordó de atacar
Para el período complementario, el DIM recuperó su memoria futbolística, lo mismo que su corazón. Se acordó de jugar al fútbol, de mirar hacia el pórtico de Rodolfo Rodríguez , de manejar, cuidar y circular el balón y, fundamentalmente, de defender su clasificación que, con un 0-2, pendía de un hilo.
Con líneas adelantadas, mayor presencia del argentino Hernán Hechalar por el sector izquierdo, una sociedad entre Mao Molina y Juan David Cabezas, el retorno de Marlon Piedrahita a su posición habitual, el ingreso del delantero Fabio Burbano (en reemplazo del zaguero Hernán Pertuz, al minuto 66), el consecuente cambio de módulo, al 4-2-2-2, y más gestión ofensiva, Independiente Medellín logró neutralizar el ataque local y conservar la mínima ventaja en el marcador global (3-2), que finalmente le dio el tiquete a octavos.
Cuando se juega a NO JUGAR
No obstante el gravísimo problema por el que atraviesa el Equipo del Pueblo debido a la lesión de jugadores claves como Christian Marrugo, Luis Carlos Arias y Leonardo Castro, además de la pifia del departamento médico rojo al autorizar el desplazamiento de Juan David Valencia y John Edison Hernández a territorio paraguayo a pesar de no estar totalmente recuperados, el descalabro rojo del período inicial se le debe endosar en su totalidad al monumental yerro del cuerpo técnico del Medellín, que excluyó el juego por las bandas, llenó la zaga de centrales, redujo a la mínima expresión el aporte de Marlon Piedrahita, se encerró cobardemente en zona propia, olvidó que la mejor defensa es el ataque, menospreció a su rival, regaló el balón y le entregó el triunfo en bandeja de plata a Sportivo Luqueño.
Más allá de las ausencias de Marrugo, Arias, Castro, Valencia y Hernández, que indudablemente resienten el equipo, fueron la improvisación, la experimentación y la carencia de ambición, las que llevaron al DIM a una deplorable presentación en el estadio Feliciano Cáceres. En el período inicial Medellín jugó a menos que nada. En el complemento, y tras las correcciones tácticas y posicionales, el DIM pudo salvar, por lo menos, su clasificación.
La derrota, 0-2, y los paupérrimos 45 minutos iniciales ante Sportivo Luqueño son el resultado de un fútbol medroso y cicatero y de un ensayo altamente perjudicial para el DIM. El cuadro rojo NO ES UN LABORATORIO y eso ya lo deben tener bastante claro Leonel y el Chonto. Ojalá no se repita ese funesto experimento que anoche casi nos saca de Copa Sudamericana, muy a pesar de la holgada ventaja de tres goles conseguida en Medellín.
[María Victoria Zapata B.]





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