Capsulas de Carreño

El hincha, el fútbol y el tango (I)

 

Por John Cardona Arteaga.
Profesor Universidad de Antioquia.
Expresidente DIM.

 

Aunque la primera acepción del término hincha que se encuentra en el Diccionario de la lengua española es odio, encono o enemistad (que parece más precisa para las “barras bravas”), la segunda se refiere a la orientación que interesa en este escrito: “Partidario entusiasta de alguien o algo, especialmente de un equipo deportivo”.

No podría entenderse por oposición que acompañar a un equipo lleve consigo la enemistad o el odio al equipo contrario, como parece inferirse ahora por el comportamiento de algunos aficionados, alineados más en buscar que el oponente pierda que por obtener el logro de su propio team. Podría aceptarse esa interpretación en el ámbito político, pero como siempre se ha dicho “se puede cambiar de orientación sexual, de credo religioso, de nacionalidad de partido político, pero nunca de equipo de fútbol”.

El verbo asociado a este término es hinchar, que proviene del latín Inflare (“hacer que aumente de volumen algún objeto o cuerpo, llenándolo de aire u otra cosa”), y en nuestro caso: “Apoyar con entusiasmo a un equipo deportivo.”

A veces se confunde el término hincha con fanático. A este le queda bien esta definición: “En los deportes, especialmente en el fútbol, partidario exaltado, entusiasta ciego de un bando.”

Sea lo que fuere en materia de interpretación, nos vamos a referir en esta crónica al representante más genuino y permanente de las entidades deportivas, caso específico de los clubes de fútbol. Por encima de los jugadores, directivos, empresarios, periodistas, y todos los grupos de interés asociados a este deporte se encuentra, y estará siempre, el hincha.

Sobre el origen del sustantivo hincha y su relación con el verbo hinchar o inflar, Arturo Lezcano en su artículo “Latinoamérica redonda: Barras bravas, el negocio del sentimiento”, trae una interesante historia sobre el primer hincha que se recuerda:

“Se llamaba Prudencio Miguel Reyes, era uruguayo y fue el primer hincha de la historia. En los primeros años del siglo XX, cuando las costuras de los balones se cerraban con una tira de cuero enhebrado, se hacía indispensable la acción de un talabartero, un artesano del género, para montarlos e inflarlos a pulmón. Prudencio se metía en el papel y daba rienda suelta a su pasión por ese deporte que había llegado hacía poco a Montevideo, su ciudad. En el Parque Central jugaba su amado Nacional. Y por él se dejaba la garganta, el pecho y el mostacho, inflando los balones y también gritando y animando como nadie lo había hecho hasta la fecha. Tanto se hacía notar que en el estadio se empezaron a preguntar: ¿quién grita tanto? «Es el hinchador», respondían. «El hincha».

https://www.jotdown.es/2016/11/latinoamerica-redonda-barras-bravas-negocio-del-sentimiento/

En El Fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano dedica un apartado a “El hincha”, pág.7. En un párrafo se lee:

“Rara vez el hincha dice “Hoy juega mi club”. Más bien dice: “Hoy jugamos nosotros”. Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música”.

https://narrativabreve.com/2014/09/hincha-futbol-eduardo-galeano.html

 

En la literatura del fútbol muchos autores han entonado sus letras dedicadas al cuadro de sus amores y desvelos, cuidando, por supuesto, la existencia de este deporte como sistema, algunas veces refiriéndose positivamente a los ídolos de equipos contrarios.  Ahí va una muestra que, siendo corta, expresa la relevancia de este deporte: Roberto Fontanarrosa (Rosario Central), Jorge Barraza (CA Independiente), Alejandro Wall (Racing Club) ,Gonzalo Medina (DIM), Guillermo Zuluaga (DIM), Darío Jaramillo Agudelo(DIM),Juan Manuel Roca(DIM),Héctor Abad Faciolince(DIM),Diego Tomasi (Boca Juniors), ,Eduardo Sacheri (CA Independiente), Eduardo Galeano (Nacional de Uruguay), Gunter Grass (Friburgo), Arthur Conan Doyle (Portsmouth), Camilo José Cela (Celta y Depor), Juan Villoro (Necaxa), Mario Benedetti (Nacional de Uruguay), Pablo Neruda (Magallanes), Salman Rushdie (Tottemham), Jean Paul Sartre (PSG), Vinicius de Moraes (Botafogo), Manuel Vásquez Montalbán (Barcelona), JKRowling (West Ham) y Orhan Pamuk (Fenerbahce).

El Premio Nobel de literatura 2006, Orhan Pamuk, en su libro Estambul ciudad y recuerdos describe la belleza de las calles oscuras de su ciudad y de la poesía del suburbio, desde la amargura y melancolía que patentiza la visión literaria del Bósforo y de esa histórica urbe. Amargura y melancolía muy similares al sentimiento de los porteños cuando se trata de enfocar los suburbios y arrabales de Buenos Aires. Así reflexiona: “¿Por qué me hace tan feliz oír a otros decir que Estambul es una ciudad melancólica? ¿Por qué me esfuerzo tanto en explicar al lector que la sensación que me produce la ciudad en la que he pasado mi vida entera es la de amargura?
No tengo la menor duda de que el sentimiento básico que en los últimos 150 años (1850 -2000) ha dominado en Estambul y se ha ido extendiendo por el entorno de la ciudad es el de una amargura inevitable”.

Parecería que Pamuk está totalmente invadido por un sentimiento tanguero, a su modo. ¿Será por eso que el tango es tan importante en Turquía? Amargura es la palabra más utilizada en este libro. Se destaca su interés de recorrer los suburbios pobres de Estambul como si se tratara de hacer poesía a lo Evaristo Carriego, con sus problemas y descripciones pintorescas.

Pamuk no escapa a la influencia del fútbol como una vivencia fundamental de la cultura popular; dedica su propia reflexión a los hinchas, recordando la relación con su hermano:

“Entregamos muchos años a los “partidos de canicas”, en los que reflejábamos el mundo viril del fútbol y todas sus repercusiones sociales y sus leyendas. Este juego, al que también jugábamos con fichas de backgammon, resultaba muy divertido porque imitábamos perfectamente las reglas del fútbol, la distribución de los jugadores en el campo y las tácticas de ataque y defensa, y porque se basaba en cierta habilidad con los dedos que se iba desarrollando con el tiempo y un poco también en la inteligencia y en la “táctica …

Al final de aquellos partidos de canicas, en los que representábamos con bastante acierto los papeles de federación de fútbol, de jugadores, de prensa y forofos y sin ninguno el de árbitros, como si fuéramos hinchas fogosos que se olvidan de que el fútbol es un juego y se apuñalan, también nosotros nos olvidamos de qué estábamos jugando y emprendíamos una pelea y nos pegábamos hasta que alguno se hacía daño o resultaba herido. La mayor parte de las veces, yo me encogía ante los puñetazos.

El sentimiento que presidía aquellas peleas, sobretodo resultado de la derrota, la envidia, la falta de respeto a las normas o la burla excesiva, ir a la competencia, por supuesto. Pero más que una competición por demostrar quién era más recto, más humilde o más educado, era una pura prueba de habilidad, fuerza, conocimientos e inteligencia”.

 

La identidad del hincha se construye desde la casa, en las conversaciones diarias y en la tradición de abuelos, padres e hijos. Toda la argumentación que sea necesaria es preciso utilizarla para ganar los adeptos permanentes al club en la gritería de la victoria y en la justificación de la derrota. Quiero convencerlos para que escuchen un cuento de Eduardo  Sacheri, titulado “Independiente, mi viejo y yo”, leído por su autor, para llegar a la idea convocante de la estabilidad emocional eterna como hincha.(https://www.youtube.com/watch?v=YH8CSaKNbFA)

Desde otro ángulo, sobre este tema también se manifestó el cine, mediante la película argentina “El hincha”, de 1951, dirigida por Manuel Romero y que tuvo como protagonista al destacado autor de tangos Enrique Santos Discépolo, quien en el papel de “el Ñato”, un trabajador mecánico quien solo encuentra su razón de ser alentando a su equipo, aún a costa de su estabilidad amorosa: “primero son los colores del club, después los macaneos amorosos”, dice con firmeza.

Aunque su club está en peligro de descender y es acosado por la corrupción que antepone los intereses comerciales sobre lo deportivo (cosa bien frecuente aún), vuelve a encontrar en los pibes y el potrero la razón de ser de su pasión. La película concluye con un monólogo reflexivo e irónico que tiene una enseñanza de vida:

“¿Y para qué trabaja uno si no es para ir los domingos y romperse los pulmones a las tribunas hinchando por un ideal? ¿O es que eso no vale nada?” …»¿Que sería del fútbol sin el hincha? El hincha es todo en la vida…”( https://es.wikipedia.org/wiki/El_Hincha)

La película completa se puede ver mediante el siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=D1_Yv0qTtqs

 

 El tango, la poesía y los hinchas

Es bien sabido que la mayoría de los protagonistas del tango tuvieron su cercanía con un determinado club. En algunas de sus composiciones alentaron al equipo de sus desvelos, a lo cual nos referiremos en futuras historias. Por ahora, basta una corta referencia a los colores de algunos de ellos, según nuestras averiguaciones:

Gardel era Hincha de Racing, Aníbal Troilo y Alberto Podestá de River, Alfredo De Angelis de Banfield, Héctor Varela y Ernesto Baffa de Independiente, Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Celedonio Flores, Eladia Blázquez y Rubén Juárez de Racing; Chupita Stamponi y Alberto Castillo de Vélez Sarsfield, Oscar Ferrari de Boca, el Polaco Goyeneche de Platense, José María Contursi y Rodolfo Lesica de San Lorenzo, Jorge Sobral de Estudiantes, Homero Manzi y Guillermo Barbieri de Huracán, Matos Rodríguez  y Enrique Campos de Nacional de Uruguay, Carlos Roldán de Peñarol. A Floreal Ruiz se le identifica con Boca, Platense e Independiente.

Dos tangos Instrumentales parecen identificar la afición de dos grandes músicos:

 

  • Once y uno. Tango. Compositor: José Hipólito Basso. Registrado el 17/09/1953. Está dedicado a los once jugadores que están en el césped y al “jugador número doce”, que corresponde a la hinchada boquense. Se puede escuchar este tema por la orquesta de José Basso.

https://www.youtube.com/watch?v=-ZiT5w3T8sw

 

  • A la guardia imperial. Tango. Compositor: José Leonardo Colángelo. Registrado el 05/04/1993. Está dedicado a la hinchada de Racing Club (esa fue la idea que nos trasmitió Colángelo en Medellín), aunque algunos cuestionan su título, por tratarse de la “barra brava” identificada con ese nombre. Se puede escuchar este tema interpretado por el Sexteto de José Colángelo.

https://www.youtube.com/watch?v=8vp-gNoycdc

Con relación a las letras de tango que identifican su vínculo con el hincha, seguidor, aficionado o fanático del fútbol, hemos identificado una muestra de ellas, sin ningún rigor temporal y sobre ellas haremos breves comentarios.

Empecemos por la necesaria identificación de hincha y fanático. Mientras el primero es paciente, reflexivo y seguidor incondicional, el segundo es obsesivo, intransigente y a veces insultante. Parecería que la revancha de su condición social o psicológica la encuentra en la cancha y, lo peor, en los jugadores de su club. Las relaciones deterioradas en su hogar, las dificultades en la organización en la que habita en la semana y la opresión de todo tipo que lo ahoga, parecen ser los condicionantes negativos que se descargan en el juego del fin de semana, contra el equipo “de sus amores”.

  • El destacado poeta y letrista del tango Héctor Gagliardi, reconocido hincha de la Academia, cuando empezó la racha de títulos del campeonato argentino de 1949, 1950 y 1951, para celebrar su primera estrella en la era profesional escribió el poema ¡Racing!!!…

publicado en el número 337 de la Revista institucional. Así dice su primera estrofa:

“Nació cuando Avellaneda/ era Barracas al Sur…/ mi Glorioso Racing Club/ de las luchas futboleras/ el que lleva por emblema/ los colores argentinos…/ Ese Racing que seguimos/ con la fe de nuestro aliento, / ¡tanto en el último puesto/ como en el triunfo obtenido!” …

https://www.racingclub.com.ar/archivo-historico/nota/2019/06/10237_llanto-poema-y-racing/

Quizás el tango Racing Club de Vicente Greco de 1913 tuvo que reafirmarse con las versiones de las orquestas de Alfredo Gobbi en 1949, Rodolfo Biagi en 1950 y Donato Racciatti en 1951. Justamente coincidiendo con los años del tricampeonato.

  • Asimismo, Gagliardi refleja la contradicción entre ser fanático y comportarse como un verdadero hincha, acompañando con fervor a la divisa elegida. Su poema “El fanático”, llama a la reflexión con el siguiente texto:

El fanático

Héctor Gagliardi

Es el primero en llegar
En la tarde del domingo
Con lluvia o sol, da lo mismo,
Corre a ocupar su lugar;
Es el extraño ejemplar
Del fanático furioso
Que para estar más rabioso
Se viene sin almorzar…

Producto de la pasión
De las luchas domingueras
Sube a poner la bandera
Donde llame la atención
Peligrosa ubicación
Que por alta y atrevida
Como desprecia la vida
Elige su irreflexión.

Las tribunas van tomando
Como en los grandes partidos
El compacto colorido
Que se estremece gritando,
Los de abajo protestando
Contra los sordos de arriba
Y de a ratos sacudidas
De avalanchas y entusiasmos.

Arriba con toda urgencia
La gente practica un claro
Nuestro amigo, con un palo
Repartiendo conferencias,
Sobre el tema: consecuencias
De alentar a mis contrarios,
Se queda sin adversarios
Ante tamaña elocuencia…

Vuelve a quedarse tranquilo
El gigantesco hormiguero,
Se va cerrando el agujero
Y el orador se ha subido
A su cartel preferido
Y en un silencio de muerte
Una pitada estridente
Le da comienzo al partido.

Y la pelota, corriendo
Cruza el billar de la cancha,
Pero “a los treinta” la engancha
Un empeine de boleo
Y va a tocar el solfeo
En el arpa de la red,
Y el arquero es una “V”
Aterrizado en el suelo…

Enmudecen los locales
Y se abrazan las visitas,
Y la gente que se agita
Al contraluz de la tarde,
Parecen participantes
De algún rito de alegría
Y una ducha de agua fría
Recorre las oficiales.

Por la angustia de la hora,
La ducha se vuelve escarcha,
Y el parral de otra avalancha
Trae racimos de personas,
Con furia enloquecedora
Se viene abriendo camino
El fanático, seguido
De alumnos que se incorporan…

Cabecilla de un malón
De insensatos en patota
Que salpican las derrotas
Con rumores de traición
Ofuscado batallón
Que agrandan con su rosario
El dolor de los vestuarios
Insultando sin razón.

Es una mancha de grasa
En la solapa del club,
Una tara de inquietud
Bajo el puño que amenaza,
Que, al cumplir, una venganza
Que acarician de hace rato,
Esgrime como alegato
Para eso estamos en casa.

Que junto con la bandera
que enarbola en la tribuna
le da escape a su incultura
en las tardes domingueras.
Cuando triunfa los golpea
Con su riza a los vencidos
Y en la derrota el motivo
de pelearse con cualquiera.

Fanático, te desprecio
Por la hinchada de las tardes futboleras
Que llevamos las banderas
En el alma desplegadas.
Que aguantamos amargadas
el dolor en las derrotas
sin buscar en la patota
el desquite a la pasada.

Que al equipo lo seguimos
En las malas y en las buenas
Sin gritar a boca llena
Sus virtudes, si han vencido.
Ni tratarlos de vendidos
Cuando les toca perder
Pero que vas a entender
Si nunca tuviste amigos.

Se puede escuchar este poema completo declamado por su autor:

https://www.youtube.com/watch?v=lKzr47YvaCs

Continuará ….

(John Cardona Arteaga – Profesor Universidad de Antioquia – Expresidente DIM)
Medellín, enero de 2020.

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