Capsulas de Carreño

El liderazgo en la Selección Colombia (Javier Castell López, El Heraldo)

Javier CastellPor Javier Castell López,
El Heraldo

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*Mejor sería no olvidar que el liderazgo se nutre de las buenas decisiones. Y las últimas de Pékerman no han sido las mejores.
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La Selección Colombia no tiene líderes, es la frase que se repite en los círculos futboleros, después de su magra presentación en Uruguay. Desde el emblemático Pibe Valderrama hasta el ciudadano raso, pasando por los comentaristas de los distintos medios de comunicación, se han encargado de popularizar la presunción. Y digo presunción porque ninguno de los anteriores opinadores tiene acceso directo, cercano, con los momentos de intimidad de la selección. Nadie está presente en el hotel, en los viajes, en los entrenamientos, en el camerino, lugares en donde, como en el terreno de juego, también se gestan los líderes de un equipo.


En esos lugares, en esos momentos, es donde se construye la sana convivencia. Es ahí donde los jugadores pasan un gran tiempo reunidos, se conocen, fabrican empatías y se clasifican los roles. Es ahí donde necesitan suplir la proximidad por la conexión y eso se logra cuando cada uno sabe quién es en el equipo, qué papel desempeña. El partido es el instante más importante, pero el más fugaz. Así que aseverar que la selección Colombia carece hoy de líderes, por lo que se vio en uno o dos partidos, es apenas una percepción muy superficial y sin soportes fidedignos. Algunos, para reforzar su teoría, reclaman que no hay un liderazgo como el del Pibe en aquella selección de los años 90. No hay nadie que “le pegue un regaño” al compañero, que “le miente la madre en el camerino al que no corre” como “hacia el Pibe”.


Se olvidan que esa faceta del liderazgo del Pibe solo era posible y en algunos casos tuvo efectos positivos, porque el Pibe era en el terreno de juego, durante los 90 minutos, el que hacia mejor a sus compañeros; el que nunca se escondía, el que siempre apoyaba al que tenía el balón; el que gestaba el pase gol; el que no defraudaba. Sin estas virtudes a la hora del combate, lo otro hubiera perdido todo valor motivacional. Sin su liderazgo futbolístico, su autoridad para los regaños no hubiera sido reconocida por sus pares. Sus “regaños” hubieran sido motivo de discordia. El perfil del liderazgo de esta selección es el de su técnico Pékerman. Un hombre sereno, sin actitudes y sin expresiones bruscas y mucho menos descalificadoras.


Muy comprensivo ante los fallos de sus jugadores, pero también muy exigente en el comportamiento profesional de estos. Dentro y fuera del campo. Hay que tenerlo claro, se puede liderar de distintas maneras: algunos son seguidos por su calidad en la ejecución de la tarea; otros porque son incansables y su esfuerzo físico contagia a sus compañeros; algunos más porque son ejemplo como persona, por su responsabilidad, buen trato y generosidad. Mejor sería no olvidar que el liderazgo se nutre de las buenas decisiones. Y las últimas de Pékerman no han sido las mejores.

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