Capsulas de Carreño

El mundo se ha deleitado con Messi una tarde de sábado

 

Por Hugo Illera, Diario Deportes.

 

 

*Es el primer partido del mundial catarí en el que me he emocionado. Es que fue luchado, peleado, jodido.
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Y cuando no quedan más fuerzas, queda el corazón. En esa sentencia se ha sustentado el fútbol argentino para ganar cosas. Estoy viendo a Messi ser el alma y motor del juego entre Argentina y Australia y me he acordado de ello.

Jackson Irvine ha agarrado a Messi por la camiseta y lo ha tirado fuera de la cancha. He comentado que, lo peor que pudiera hacer el equipo australiano es sacarle la piedra a Messi. El gran jugador del fútbol mundial, cuando se siente ofendido por el juego anti deportivo, se crece aún más.

Messi y la selección argentina han comenzado a poner el corazón en el juego, no a pedacitos, sino todo y más. Y Messi también ha comenzado a sacar sus mejores galas, sus mejores fintas, sus mejores amagues, su mejores pinturas de esa malicia que es difícil interpretar en los duelos individuales.

El juego es peleado de parte y parte, pero Australia no tiene a Messi. El árbitro polaco Szymon Marciniak ha conversado con Irvine para serenarlo a él y a sus compañeros y ha evitado mostrar más tarjetas amarillas después de haberlo amonestado a él.

Messi se pasea por el centro del campo. Le están haciendo el corralito que ya conoce por haberlo sufrido en dos finales de Copa América con las Chile de Sampaoli y Pizzi.

Ahí va Lionel. Recibe, corre, su pie izquierdo es la chistera de donde saca la magia, amaga, dribla, pasa a uno, a dos, pero el tercero lo incomoda y le quita el balón. Messi ríe, se está recreando como aquel Lionel del Barcelona.

De Paul, su guardaespaldas, ha recuperado el balón otra vez, corre el minuto 34, Australia se defiende con su arquero Ryan Mathew y sus 10 compañeros, todos, ¡dentro de las 18 yardas!, con ocho argentinos ¡lanzados al ataque!

Ahora es el Minuto 35, el balón a quedado en Alexis Mac Callister que proyecta un pase hacia Nicolás Otamendi, el zaguero central, que está en el área grande de los australianos como cualquier número 9, a su izquierda está Lionel.

El balón le rebota en el zapato a Otamendi en momentos en que Messi ha iniciado su carrera y el balón queda en él y en su pie izquierdo y en cuestión de un segundo ha impactado la bola que pasa por tres defensores de Australia y se mete por el costado derecho.

La pelota ha pasado por el mar de piernas integrado por Aaron Mooy, Duke Mitchell, Keanu Baccus y Kye Rowles. El arquero Ryan Mathew se ha estirado, a ras de pasto, para interceptar el balón, pero ya está golpeando contra la malla del arco. Golazo con la firma y el mejor estilo de Lionel Messi y la pared construida por el DT Graham Arnold de Australia se ha caído.

Es de esos momentos mágicos que no se olvidan jamás. Fue el gran instante de felicidad en el Bin Ali Stadium de Al Rayyan. La tribuna se mueve y canta como si estuvieran en cualquier estadio argentino. Messi levanta el puño y la tribuna enloquece, delira.

Ha terminado el primer tiempo y Messi ríe, hace gestos a la tribuna, y camina al vestuario.

A los 13 minutos del segundo tiempo ha llegado el gol de Julián Álvarez, por un error del arquero Mathew presionado por Rodrigo de Paul, y Argentina deja de caminar por la cornisa. Ahora, con 2×0 a favor y montada en el juego, se mueve a placer.

Sin embargo, a los 32 ST, Enzo Fernandez ha metido el balón en su propio arco después de remate de media distancia de Craig Goodwin, que impactó en su espalda, luego un rechazo deficiente de Nicolás Otamendi y, con el 2×1, la tribuna azul y blanca ha pasado del carnaval al templo. Todos rezan, se comen las uñas, gritan, Australia se ha envalentonado. El juego se torna desordenado. El balón va y viene. Ahora a Argentina le acecha la posibilidad de un empate y un alargue. Qué te parece Pibe.

De pronto, el estadio entero, y supongo que en la Argentina también mientras ven el partido por televisión, se ha producido un instante de silencio.

Un centro desde la izquierda ha quedo en los pies de Garang Kuol, un jovencito de escasos 18 años, nacido en Egipto, pero naturalizado australiano, después de superar la zona de zagueros completa de Argentina.

Está solo, sin referencias para marcarlo. Solo él con su camiseta amarilla, frente al arquero Dibu Martínez que sale a su encuentro con su uniforme rojo que se le ha ido creciendo al joven Kuol. Ahora el Dibu se hace más grande. Se tira abriendo el compás de sus piernas y los brazos para achicar el arco. Kuol patea el balón con remate de derecha cuando ya tiene al guardameta encima y el balón impacta al Dibu en su codo izquierdo, hace un rollete, se da media vuelta rápida y cae en sus manos.

Mamita querida. El instante de silencio se ha vuelto una algazara, en Argentina y hasta en mi vecindario también.

El Dibu Martínez ha caído a los pies de Nicolás Tagliafico y Nicolás Otamendi comienza un “que crezca la pila” sobre el cuerpo de su arquero en el que también participa Enzo Fernández.

El partido termina a los 45+7:25 ST. El camarógrafo que tiene la steadicam corre como despavorido al campo buscando a Messi, me imagino el grito desesperado del director de la transmisión solicitando a Lionel en imágenes.

Ahora el mundo entero puede ver a Messi, camina solo, diría que deambula más bien. De Paul se le acerca y lo abraza como para el resto de la vida y le dice cosas. El camarógrafo ahora sí está en su salsa. Está mostrando lo que todos quieren ver, al Messi ganador, al Messi incansable, al Messi batallador y al Messi que ahora ríe con la tribuna.

El estadio está lleno aún, nadie se ha ido. Ni argentinos, ni australianos. Los jugadores de ambas selecciones se saludan y algunos se abrazan. Uno de los australianos le pide a Messi intercambiar camisetas y él le contesta, con el dedo índice mostrando el camerino.

Han pasado 10 minutos, ahora 15, la tribuna canta, Messi levanta el puño derecho por enésima vez, el resto de su selección también.

Es el primer partido del mundial catarí en el que me he emocionado. Es que fue luchado, peleado, jodido.

Si los jugadores y los hinchas pudieran quedarse en este instante para siempre, lo harían…

Barranquilla
Sábado 3 de diciembre, 2022

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