Capsulas de Carreño

El recuerdo de Darío Hoyos Hoyos

Equipo Millonarios de Medellín, categoría infantil, 1962 con el técnico Humberto «Turrón» Álvarez.

Por José Saúl Velásquez Restrepo

A propósito del cabo de año de Mario Agudelo Pérez en el mes de Enero, y en simultánea, la muerte de mi gran amigo, Darío Hoyos ex compañero de estudio, y de fútbol, como asistente del maestro Turrón  Álvarez en el equipo Millonarios de categoría infantil en la liga antioqueña, patrocinado por el Dr. Gabriel Ochoa Uribe, me he puesto a recordar un poco.

En una zona muy grande de Medellín, la iglesia de la América ejercía el liderazgo católico de un gran número de barrios con muchas canchas (potreros) donde con porterías rústicas o con piedras se organizaban partidos de fútbol con gran facilidad, sin uniformes  y sin árbitros, lo que facilitaba enormemente el aprendizaje elemental y la práctica de tan pegajoso deporte, con el liderazgo de los equipos profesionales DIM Y NAL.

Allí no había botiquín, ni agua, ni pito, ni banca, ni rayas, ni tribunas, ni guayos, ni medias, ni reloj  pero sí un gran entusiasmo por figurar como futbolista destacado y anotar goles que tenían que ser muy claros, hasta llegar a la cifra convenida para terminar el partido.

Ese ambiente de fútbol sirvió para que surgieran grandes figuras de la época como Mario Agudelo, Oscar López, Cunda, Valencia, Orlando Maya, Uriel Cadavid, Hugo Gallego, Orlando Saráz, Fabio Ossa, Ramón Vélez, Alfonso Jaramillo, Ramiro Monsalve, quienes abrieron las puertas del profesionalismo para que se animaran dirigentes a organizar equipos para competir en la liga antioqueña con todos los formalismos y la logística requerida.

A finales de los años cincuenta, llegó Turrón a vivir cerca al colegio Calasanz y de una, con mucha vocación, en 1962  empezó a armar un equipo en el barrio. Darío entabló buena amistad con el maestro y se convirtió en su gran amigo y le colaboraba como asistente.

Para cumplir su misión recorría los potreros buscando aspirantes para ir a prueba. En pocos días, seleccionaron el equipo de la foto, que jugaba el cuatro- dos –cuatro y que llenaba de público las canchas para ver dirigir al maestro que para ese tiempo se vinculó al DIM, donde terminó su exitosa carrera como futbolista profesional.

Al año siguiente, 1963 el profe se vinculó como entrenador del famoso Vicuña y una buena cuota de los jugadores del Millonarios pasamos al nuevo equipo con representantes en varias categorías lo que ofrecía muy buenas perspectivas, además del excelente patrocinio.

El muy reconocido, documentado  y ameno historiador Álvaro Galeano en una de sus columnas escribió: “Darío Hoyos llega a Vicuña-DIM y sale campeón con un conjunto de brillantes jóvenes: Humberto Toro era el arquero, también estaban Darío Vélez, Mario Sierra, Hugo Gallego, Luis Alfonso Jaramillo, Luis Alfonso Pizarro, Orlando “Meleguindo” Saraz, Hernán “Pindolo” Vélez, Raúl “Hacha” Álvarez, Saúl Velásquez. Con Saúl, Sierra, pero especialmente con Darío Hoyos, había mucha tranquilidad para que se diera la brillantez de Gallego,  Pindolo y Saraz en el medio y adelante Pizarro y Jaramillo volvieran los arcos contrarios unos verdaderos coladores”.

Darío fue un buen amigo; capaz de soportar dificultades, sin lamentarse y disfrutar la vida. Después de terminar su actividad como futbolista profesional, estudió contabilidad y se dedicó a trabajar en el sector privado hasta alcanzar una pensión que le permitió educar a sus hijos y vivir dignamente disfrutando los tangos con toda la intensidad y cantándolos en carácter de aficionado.

(Fuente: José Saúl Velásquez Restrepo,
www.financefornonfinanciers.com)

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