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Por Gilberto Maldonado Bonilla.
Columnista Cápsulas.

Desde el momento en que el resultadismo fue declarado la máxima expresión, la razón prima del fútbol, se volvieron recurrentes las crisis deportivas de los equipos de fútbol profesional.
Desde la canonización del resultadismo como esencia del fútbol, paradójicamente, este deporte perdió su verdadera esencia: la búsqueda sistemática y constante del arco contrario con la misión de concretar aquello con que se ganan los partidos: el gol.
En el resultadismo podemos ver la causa prima de la crisis del fútbol; del fútbol que nos corresponde a nivel doméstico y a nivel del continente americano. Y toda crisis tiene sus víctimas, efectos colaterales, dirían algunos.
Víctimas los aficionados adoctrinados para vivir en la mediocridad. Y víctimas, los directores técnicos. Directores técnicos condenados a ver sepultados sus conocimientos y su credibilidad en la fosa de la incertidumbre, del azar.
Alguien dijo que las guerras no son para ganarlas…son para pelear. Lo mismo se podría decir en el caso del fútbol. Los partidos serían para jugarlos, no para ganarlos.
Los directores técnicos de fútbol profesional están sobre-dimensionados. Y eso es válido en el reino resultadista. Y también son convertidos en «vendedores de humo», como se dice en el léxico deportivo. Son convertidos en vendedores de ilusiones a una masa a-crítica, ansiosa de satisfacciones sustitutivas.
Además de la justicia con los directores técnicos, tenemos las injusticias con los directivos de los equipos profesionales. Ambos, directivos y directores técnicos venden el azar, lo etéreo, lo casual: el resultado. Entonces las crisis económicas crónicas y las, también crisis deportivas crónicas, son el precio que cada actor debe pagar.
Los directivos que tienen que ver como los aficionados con principios se alejan de los estadios. Y los directores técnicos condenados a ser los paganinis en primera línea de las crisis deportivas.
Entonces, el resultado por el resultado siempre será la negación de los procesos.
Gilberto Maldonado Bonilla.
Hincha de Atlético Nacional
Medellín.





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