Capsulas de Carreño

El Sueño Mundialista: desde la mirada del hincha. Por Armando Villegas

Por Armando Villegas

*El Mundial es un momento único para reencontrarse con su identidad y sentido de pertenencia.

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Cuando es el año del mundial,  se genera una alegría inmensa e indescriptible,  que sólo es compartida por millones de enamorados del deporte más hermoso que ha existido sobre la tierra,  afirmación que deja de ser modesta porque se reafirma en un amor incondicional que se siente y es vivido por y para el fútbol.

Por lo que no cabe duda que para sus amantes,  no hay ni habrá nada parecido a lo que se narra dentro del escenario de una cancha de fútbol, más que la vida misma,  porque es capaz de hacerte reír y llorar a la vez en un juego que transita en la delgada línea de lo justo e injusto, donde cualquier parecido con la realidad es sólo coincidencia.

Esta dualidad que oscila entre el merecimiento y lo fortuito,  entre la proposición y la espera,  entre la lucha y la rendición,  otorga un toque idílico a un romance que brinda felicidad o tristeza según las cartas echadas, siendo estos elementos que ilusionan y  desilusionan, los que atraen y  enamoran al hincha, personaje pintoresco que jamás abandonará lo que le produce tantas emociones compartidas,  acrecentándose su amor ante cada oportunidad  que lo invita a revivir las gloriosas victorias o las gratas revanchas que cambian la historia,  multiplicándose todas estás  emociones en su máxima expresión cuando el fondo de la escena es un mundial.

Tal vez para los analistas, el fútbol no llega cada cuatro años, pero para el corazón del hincha, cada cuatro años representa el capítulo más importante, el cual consagra a sus grandes  ídolos y sus leyendas, quienes cargan sobre sus espaldas las nobles ilusiones y esperanzas ya no de un club sino  de todo un país, que ve en ellos lo mejor que pueden poseer,  originándose   un amor  especial que se reparte sin distingo entre la diversidad cultural que se encuentra unidad en una misma bandera.

Convirtiéndose de esta manera el mundial,  en un vínculo afectivo extraordinario, capaz de agrupar tantas bellezas humanas juntas hablando una misma lengua futbolística. No importa si algunos jerarcas del fútbol son seducidos por la corrupción, tarde o temprano tendrán su castigo terrenal o celestial, lo que importa es  ese amor genuino de una hinchada que canta a todo pulmón por su selección,  es una fotografía que traspasa cualquier impureza,  es la que queda marcada en el baúl de los recuerdos.

Qué cosa puede ser más extraordinaria en un mundial, que mirar detalladamente las expresiones que se manifiestan en la hinchada ante cada movimiento que acerca a su selección a la concreción del acto esperado por todos, mágico acto que culmina con la esférica en las redes del rival,  acto que los hace estallar en una euforia colectiva, cargada de una alegría que no tiene comparación, asemejándose a una película digna de los mejores galardones, cuya hinchada merece el premio a mejores actores de reparto.

Y aunque los pies de los hinchas no tendrán la dicha de tocar el engramado de la escena mundialista, sólo unos pocos percibirán su aroma desde las gradas, pero desde esas mismas gradas y fuera de ellas, alentaran millones en una misma oración,  en un cántico profundo e inquebrantable que respalda a los que en la cancha dejaran sus almas por dejar en lo más alto a su selección, a esos héroes por quienes la hinchada entregan sus voces hasta el último aliento que se desgarra en el éxtasis de gritar a los cuatros vientos la palabra santa de tres letras que unifica la felicidad y el sufrimiento en un mismo acto.

Es cierto que al hincha se le puede cuestionar sus excesos de amor, pero cómo pedirle que ame menos,  simplemente no puede,  porque en él no existen las tintas medias y grises, no puede comulgar con la hipocresía, común en algunos hombrecitos de traje y maletín que desde un escritorio secuestran al fútbol.

Por ello el jugador siempre encuentra en el hincha el amor más puro, porque éste le da una entrega real y sincera, dada sin pretensiones ni condiciones,  es un amarte en las alturas y un amarte doble en las caídas,  porque el corazón del hincha es inigualable, siempre está en la disposición de entregarlo todo por acompañar a sus ídolos, a su selección a donde vaya,  siendo ese jugador número doce que estará  para acompañarlos por el resto de su vida.

El mundial es el escenario  por excelencia que reúne a los mejores jugadores y seleccionados del mundo, pero también a las mejores hinchadas,  siendo ellas que con sus colores y matices embellecen y dan vida al espectáculo del fútbol, porque sin ellas sería una película gris sin banda sonora, inexistente envuelta sin color en la oscuridad del silencio.

El sueño mundialista también es el sueño de millones de hinchas, que encuentran en el mundial un momento único para reencontrarse con su identidad y sentido de pertenencia, de hacer volar las ilusiones y esperanzas de ser testigo  de una Copa Mundial.
@dtarmando
@dtarmandovillegas

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