Por Jorge Iván Londoño Maya.
Columnista Cápsulas.

*Más que el empate, queda la satisfacción del deber cumplido, de la entrega, la lucha y del “rendirse jamás”.
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Cuarenta y pico mil espectadores en directo, y sabrá Mirús cuántos mirando por la caja mágica, nos dispusimos a vibrar con el clásico montañero número 312, en el que Nacional hizo de amo de casa. Equipos alineados para los himnos, Pardo de camándula en mano, quizás como amuleto, porque no me lo imagino rezando el rosario. Entrada del balón estirando cuello en convertible, y merecido saque de honor a cargo de Wbeimar Muñoz, medalla de oro en el comentario.

Inicio calmado de clásico, con un Medellín a la espera y el verde que no logra salir desde el fondo con propiedad. Torres poco a poco se va convirtiendo en el general rojo del medio campo, mientras que el trío de Nacional, el mismo que nos dio señora serenata contra el Pereira, esta vez comenzó desafinado. El DIM llega con más propiedad a predios de Mier, mientras Dorlan y Jader intentan de media distancia, pero sin lograr el objetivo.
Llega el minuto 19, para que Torres la haga un pase de antología a Pons, quien recibe en medio de Zapata y Banguero, se saca a Mier con el dedo chiquito del pie derecho y con la zurda introduce el balón en el arco totalmente desguarnecido. Acción legítima autenticada por el VAR.
Nacional aumenta la presión en busca del empate, pero la única opción real la tuvo Duque, ante pase de Román, pero el balón sale desviado. A escasos minutos de terminar el primer tiempo, se da una jugada en la esquina noroccidental, forcejeo entre Pons y Castro que estrena peinado de fiesta de quince, que termina con una palmada en la espalda de Pons, luego entra Solís y lo remata con un empujón de karateca para que se arme la de Troya. El de negro saca la roja a Castro, quien reclama airadamente; por presión de los jugadores verdes el árbitro revisa el VAR y luego de mirar, observar, ver, apreciar, otear, contemplar y analizar la jugada, se sostiene en el mismo color.
Para la complementaria sale Solís y entra Aguirre para recomponer la defensa. Nacional sigue con su salida en cámara lenta para buscar huequitos por donde filtrar el balón. Medellín replegado esperando el momento oportuno para el contragolpe. Los minutos pasan y también los reemplazos; entran Góez, Perea y Peña. Nacional se va cogiendo confianza, Sebastián asume el control del barco y se traga la cancha, secundado por Góez y el cuarteto trasero.
Dos ocasiones tuvo Nacional para empatar; en una el balón pega en el vertical y en la otra, tiro de Perea, Mosquera manda al tiro de esquina. Como era un clásico de “todito”, no faltó la lesión de Mier, para darle paso a Castillo.
En el minuto 85 se presenta una falta de Cetré a Dorlan, quien toma el balón y lo pone a 25 metros del arco de Marmolejo. Medellín hace una barrera parecida a las de Hidroituango. Dorlan despega en 5 metros cual avión caza en portaviones, y manda un misil que pega en las manos de Marmolejo y pa´entro. Gol para el empate, con saborcito a victoria, por las condiciones dadas, y gol 200 de Dorlan.
Más que el empate, queda la satisfacción del deber cumplido, de la entrega, la lucha y del “rendirse jamás”.
“El éxito de la vida no está en vencer siempre, sino en no darse por vencido nunca”. Anónimo.





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