Capsulas de Carreño

En el DIM faltó mucho más que un gol. Por María Victoria Zapata B.

Por María Victoria Zapata B.

*Y no fue suficiente  la anotación de Leonardo Castro, al minuto 60,  porque para lograr el tiquete a la final se necesitaba mucho más que eso.

Y tampoco fuimos suficientes los 18.396 hinchas que nos apostamos  ayer en la tarde en las graderías del estadio Atanasio Girardot.

Se necesitaba romper el  minucioso esquema táctico del Deportes Tolima, que dejó al DIM sin espacio ni capacidad de maniobra en zona de armado.

Se necesitaba un equipo que explotara el juego por las bandas y la velocidad de sus laterales, por encima del enredado y predecible transporte del balón por el sector central, que siempre chocaba con el férreo bloque defensivo pijao.

Se necesitaba materializar con volumen de ataque, y especialmente con anotaciones, la voluntad y ganas de los jugadores rojos.

Se necesitaba un Medellín que jugara en función de equipo, que  exhibiera  el orden y trabajo táctico de los que careció durante la totalidad del torneo, que fuera sinónimo de jerarquía, inteligencia y capacidad  de revertir situaciones adversas.

Se necesitaba un DIM que, por primera vez en el campeonato, mostrara una idea de juego definida  y  la presencia de ese líder que nunca tuvo en el banco ni en la  gramilla.

Y aunque hubo mejoría en el colectivo rojo, especialmente en el segundo tiempo, no nos alcanzó con el gol del chacho Castro porque no pudimos remontar. Tan solo igualamos la serie, porque necesitábamos  liderazgo en el cuerpo técnico  y  en el aguerrido dirigente  que hace tiempo no tenemos en el DIM.

 

Y se necesitaba  recuperar la hinchada…!!!
A la que  se terminó de desterrar con el pésimo juego en el Manuel Murillo Toro el pasado 30 de mayo y con la novela  en torno a la “lesión” del volante Yairo Moreno.

A esa afición Poderosa,   enjuiciada y condenada con tanta ligereza por una fracción de  fanaticada del DIM y  prensa deportiva, por igual, por su ausencia del estadio Atanasio Girardot.

Las tribunas semivacías, ayer, en el juego crucial ante el Deportes Tolima, hace dos semanas con Atlético Junior y durante la totalidad de un torneo   en el que mejor reporte de asistencia, de 23.140 seguidores rojos,  fue en la tercera fecha del todos contra todos, ante Deportivo Cali,  constituye el mejor indicativo de la ruptura total entre hinchada y dirigencia, de la desmotivación hacia un balompié  que no llenó retina ni alma,  del desconcierto por el trabajo de un cuerpo técnico que nunca avaló con fútbol el segundo lugar obtenido en la fase clasificatoria,  que tampoco   admitió el enorme potencial ofensivo del equipo en juegos definitivos ni en partidos en condición de visitante, especialmente  en aquellos  los que resignó la posibilidad de avanzar en Copa Sudamericana y  disputar del título en Liga Águila.

Esa comunión  existente hasta la obtención de la última estrella, en junio del 2016,  se rompió en mil pedazos con una serie de decisiones improcedentes, impopulares, disparatadas  y que  golpearon con saña, una y otra vez,  el sentimiento del hincha rojo.

Desde la no renovación del contrato al  orientador  Leonel Álvarez,  que generó demasiadas especulaciones y  muchas preguntas sin respuestas, la administración de Independiente Medellín   se encargó de minar la  confianza y credibilidad del hincha. La designación del técnico Fabio  Martínez, reversada 24 horas después por protestas de la hinchada,  la  nefasta tercera era  de Juan José Peláez, la insólita transferencia  del ídolo rojo Christian Marrugo al fútbol mexicano y la venta del zaguero Andrés Mosquera también a territorio azteca- ambas negociaciones en pleno campeonato- la  “extraña” promoción del español Ismael Rescalvo  a la dirección de la escuadra profesional,  la consecución de refuerzos sin el análisis y consulta de las necesidades  del equipo en materia defensiva, la  renuncia de un presidente de la categoría de Eduardo Silva Meluk- baluarte de la otrora unidad   entre afición y dirigencia- y, ahora, la venta de  Yairo Moreno en pleno tramo final del campeonato y plagada de mentiras y engaños,  pulverizaron por completo la fe de una hinchada que, una y otra vez, ha sido burlada y  pisoteada por una dirigencia sin rumbo ni objetivos compatibles con los de la feligresía roja.

 

¿Por qué se ausentó la hinchada del estadio?
Porque se cansó de que  la irrespetaran y  la trataran como un cero a la izquierda. El más reciente capítulo de esa burla repetida, la negociación de Yairo Moreno en instancias definitivas del campeonato. La hinchada ya NO cree en sus dirigentes  ni ha creído  en su cuerpo técnico. No tiene empatía con ellos y hoy se siente excluida y maltratada. CUANDO LA  CREDIBILIDAD SE PIERDE, la soledad se apodera de las tribunas. Esa es la  silenciosa protesta de una afición castigada una vez más por la carencia de proyectos serios y de dirigentes comprometidos. Es la silenciosa protesta de una hinchada que ya no cree en fábulas sino en hechos  tangibles.

 

¿Por qué se le condena, entonces?
Infortunadamente, la dirigencia del DIM  que encabeza Raul Giraldo se encargó de abortar el proceso que  nació a la par con el maravilloso programa Todos en Uno y de destrozar la comunión existente por entonces entre ella  y la afición.   A unos y otros   les dio  entierro de quinta categoría y la hinchada la desterró sin misericordia.

 

Hoy  solo nos quedan  un nuevo fracaso,  unas tribunas vacías y la esperanza- esa que nunca se pierde- de que, por fin,  el Deportivo Independiente Medellín encuentre  su rumbo  con  unos propietarios (otros propietarios) con aspiraciones, con objetivos claros, con  reconocimiento de la hinchada y con motivaciones  que se perciban por igual en las oficinas del club,  en  la gramilla y en las graderías del Atanasio Girardot.
(María Victoria Zapata B.)

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