En el DIM: Fútbol que aleja…

Con algunas pinceladas en el período inicial, el  fútbol  rojo  de la décimo tercera fecha,  no fue  más que la reiteración de las  estériles jornadas anteriores. Empate en casa con La Equidad. Foto
EL PODEROSO DIM – @ElPoderoso_DIM.

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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.
María Victoria Zapata, Dama Roja del comentario o simplemente Pola. 

 

 

 

¿A qué juega el DIM?  Es la misma pregunta de cada fecha, de cada jornada y de cada seguidor rojo.  Es la pregunta sin respuesta  para una  hinchada cada  vez más burlada, más humillada, más irrespetada. Porque cada presentación del Equipo del Pueblo, en el Atanasio Girardot o fuera de él, es sinónimo de  mediocridad,  dolor, frustración o  decepción.

 

Ayer, ante La Equidad, se repitió la película tantas veces vista  de un onceno displicente y sin ambiciones,  de un fútbol sin fondo, forma, carácter ni objetivos. Un 0-0,  que responde a lo que  el DIM mostró en la cancha – nada –  y  prácticamente pone  la rúbrica a otra eliminación, ésta más anunciada y presentida que todas las que le han antecedido en los últimos años.

 

Con algunas pinceladas en el período inicial, el  fútbol  rojo  de la décimo tercera fecha,  no fue  más que la reiteración de las  estériles jornadas anteriores y la semblanza de unas políticas administrativas que, lo hemos repetido hasta el cansancio desde hace 7 eternos años,  no tiene en su “agenda” ni en sus planes las  metas deportivas ni la trascendencia institucional.

 

Porque con algunas muy contadas excepciones,  el de ayer y el  de toda la temporada, volvió a mostrarse como  un DIM sin brújula  y despojado de  un fútbol que  lo identifique, de estructura táctica o estratégica,  de ambiciones, de su fortaleza  mental, de su sentido de pertenencia  e, inclusive, de su afinidad con la hinchada. Un partido y un resultado que golpearon e irrespetaron nuevamente a los seguidores rojos.

 

Un  DIM  que no produce esperanza y, por el contrario,  nos duele demasiado.  Y nos  aflige todavía más  por el carácter exclusivamente negociante de una dirigencia que relegó el ideal de la gloria al  más lejano y oculto de los rincones.  Un Independiente Medellín   que  también  desde sus disposiciones  técnicas es incongruente  en la escogencia de las nóminas titulares al  dejar  de lado a futbolistas  de  buen rendimiento para  priorizar  o justificar la contratación de jugadores sin nivel ni categoría.

 

Un DIM que lastima con su fútbol apático, incoherente, vulnerable e incapaz y  que  además carece de líderes en el terreno de juego, en zona técnica  y, fundamentalmente,  en sus oficinas. Un DIM privado de todos los valores inherentes a la alta competencia, un DIM que no tiene más dolientes que su afición.

 

Por ello, este  un  DIM que se  distancia cada vez más del buen fútbol y  de las metas materializadas en  títulos. Pero es también un DIM que, al cambiar anhelos por frustraciones de manera tan repetida , aleja igualmente a su afición de las graderías del estadio, incluso de las pantallas de sus televisores.  es un  fútbol sinónimo de desazón, de burla  a la hinchada.

 

Los hinchas  rojos ya perdimos la cuenta de los sueños que  se quedaron a mitad de camino en los últimos años,  de las ilusiones que se desvanecieron en segundos debido a pésimas decisiones técnicas  y , sobre todo, de las  erróneas políticas dirigenciales y las  desatinadas contrataciones de jugadores sin nivel ni arraigo afectivo con el DIM. Y  también estamos cansados de ese fútbol  sin alegría, sin identidad y sin resultados.

 

Por los fracasos recientes y los que se avecinan, seguramente todas las responsabilidades recaerán en un Cuerpo Técnico que  hasta el momento no ha dado la medida  Y  en unos jugadores muchos de los cuales no merecen siquiera  vestir la sagrada camiseta de DIM. El problema del DIM, sin embargo,  se gesta en su dirigencia, en sus discordantes políticas administrativas y en su absurda contratación de jugadores.

 

Mientras no haya  dirigentes  identificados  e interesados verdaderamente en  el posicionamiento del equipo ni  cambios radicales en el manejo del DIM desde su cúpula, las  alegrías serán fugaces y las ilusiones estarán cada vez más distantes. Veremos desfilar mil y un técnicos, mil y un jugadores y mil y un  sueños rotos. La sumatoria de tanto desatino con   este fútbol atropellado, anárquico y escaso de ambiciones alejará cualquier triunfo, cualquier anhelo, cualquier título… y también nuevamente  a la hinchada roja del estadio…
[María Victoria Zapata B.]

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