Capsulas de Carreño

Entre periodistas: Vivimos de milagro..


    “No le tengo miedo a la muerte, pero yo no tengo prisa en morir. Tengo tantas cosas que quiero hacer antes”, frase del científico británico Stephen William Hawking, quien en vida dijo que era aficionado al fútbol por ser hincha del Cambridge United Football Club y del Liverpool por aquello de Los Beatles. 

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 POR WILLIAMS VIERA, desde USA.

 

 

Hace más de un año llegó un ‘enemigo invisible’ global que cambió el modus vivendi del género humano y durante este periodo, ¡qué sabe nadie!, de cuántos amigos o amigas, familiares y allegados dejaron de hablar del amor, de acercar sus manos, de apretarlas en un saludo, de abrazarse y de besarse porque se bajaron del bus de la vida sin realizar tantas cosas que querían hacer.

De ese grupo, Miller Pinto Cobos en Cápsulas, ha divulgado la partida de colegas jóvenes y veteranos que dejaron huella en el periodismo que es una maravillosa escuela de vida y en la que, como dijo el poeta británico Roger Wolfe con su estilo que se inserta dentro del realismo sucio, “Si eres periodista deportivo o de otra índole, lanza la mierda y lávate las manos”.

Wolfe vive en España y es hincha del Real Madrid. La expresión del poeta británico que escribe en español ¿sería por aquello del Covid-19? No lo sabemos.

Lo que sí podemos contar es lo que han sufrido algunos de los colegas que fueron atacados por el ‘virus indeseable’.

 

Una batalla

Juan Fernando Mora, en Miami, en el comienzo de la pandemia, se infectó, pero se recuperó en solitario.

En el momento que Juan Fernando Mora, periodista caleño, radicado hace mucho tiempo en Miami, Florida, y quien trabaja de comentarista para el canal ‘Bein Sports’, es el mismo que no olvida una frase del narrador Jairo Aristizábal Ossa, conocido como ‘La precisión en la jugada’, cuando le dijo, al verlo sin los audífonos durante una transmisión de un partido de fútbol aficionado por Caracol-Cali, “Juan Fernando, un soldado nunca deja el fusil”.

La frase le caló al joven comunicador de entonces, pero en este tiempo, con el fúsil en su poder, no pudo evitar ser infectado en un momento en que se había quedado sin amor en un abrir y cerrar de ojos.

“No sé como sucedió, creo que fue durante un descuido en el momento de quitarme la máscara. Eso ocurrió en los primeros meses de la pandemia. La batalla que sostuve aún la tengo fresca en la memoria y puedo decir que me aferré a la esperanza”, dijo Mora, ya recuperado de la infección.

‘El joven Mora’, como le decía Mario Posso Posso (q.e.p.d.) volvió a sus labores cotidianas y ya se le ve y se le escucha por el canal en el que trabaja.

 

Ruido de bielas y piñones

Jairo Chávez Ávila, comentarista de ciclismo de RCN y conocido como el hombre que nació sin pecado original, hoy en día dice que “soy un sobreviviente de Covid-19”.

“La verdad es que no sé en donde me contagié de coronavirus. Lo único que sé es que estuve en unas competencias de ciclismo transmitiendo con RCN y de un momento a otro sentí los primeros síntomas en la casa. Tuve temblores y comencé a sentir dolores musculares, pero después no tenía olfato ni gusto”, contó Jairo Chávez Ávila, el hombre del ciclismo, desde Cali.

Uno de los médicos que atendió al comentarista radial le dijo que “el contraer el virus es muy sencillo. Si alguien se quita la máscara, en el momento de comer, junto a familiares u otras personas, hay un alto porcentaje que en ese momento se produzca la infestación”.

Chávez Ávila, el hombre que nació sin pecado original, contó que llegó a la casa, después de las competencias ciclísticas en que estuvo e “inmediatamente me acosté. Estaba desconcertado. Me sentía cansado y tenía fiebre. Sin embargo, logré superar ese ataque que parecía de un pelotón persiguiendo al líder de una prueba en bicicleta. Solo escuchaba el ruido de piñones y bielas”.

 

Dilo Texas…

El periodista bugueño Martín Alonso Aragón

En ningún momento, Martín Alonso Aragón, periodista de Buga, Valle del Cauca, y de quien, hace muchos años, en el Parque José María Cabal, alguien gritó, “amenazaron a Martín Alonso” y que por consiguiente, él tuvo que emigrar y cambiar de estilo de vida, volvió a vivir un momento de tinieblas en un lugar en donde para la pasión, en semejante universo en el que estamos viviendo, probablemente, todos hemos sufrido antes de bajarnos del bus de la vida.

Y en esta oportunidad, nadie le dio el pitazo. ‘El indeseable’ se apoderó del periodista que realiza ‘Dilo Texas’, pero también de su señora, Diovany, y debido a “nuestra fe estamos contando lo que nos sucedió”, dijo Martín Alonso.

Las hijas del periodista, Laura y María Paula, temieron lo peor, principalmente con Martín Alonso por ser “un sobreviviente de cáncer”.

Martín Alonso contó que “al despertar, cada día, sangraba por la nariz y botaba coágulos de sangre. Tenía náuseas, como mi esposa, y en ocasiones diarrea intensa hasta el punto que podíamos registrar un accidente. La verdad es que tuvimos miedo, pero por fortuna pasamos la crisis”.

En esta ocasión, nadie le dio ‘el pitazo’ que iba a sufrir de coronavirus junto a su señora. Se libró de milagro.

 

‘Volví a vivir’

Ernesto Barrera, periodista colombiano radicado en Miami, estuvo durante 30 días en cuidados intensivos debido al coronavirus.

Mientras unos se recuperan de manera rápida de la infección del coronavirus y se olvidan que la vida se vive un momento, otros en la soledad de un cuarto de hospital, imagínese, y enseñados a hablar, de no guardar silencio durante la transmisión de un programa radial, tal el caso de Ernesto Barrera con ‘Tiro Libre con Barrera’, él buscaba las palabras. Pero no las encontraba. Estaba en el limbo de la vida.

     Barrera había ingresado a cuidados intensivos, el 1 de diciembre de 2020, en el Hospital Kendall en Miami. Y mientras permanecía acostado en la cama, con los ojos cerrados, escuchaba la máquina de oxigeno, como un zumbido, pero no podía hacer una analogía con el bullicio de las tribunas de un estadio en el momento que salían los jugadores de los equipos que iban a jugar un partido de fútbol.

Quien veía a Barrera, en ese momento, no podía saber qué ocurría en su interior. ¿Su alma peleaba por seguir ocupando aquel cuerpo? ¿O cambiaría de estuche?

     Él, debido al ‘bicho implacable’, como lo contaron los médicos y las enfermeras que lo atendieron y que le dieron cualquier cantidad de medicamentos, cumpliendo con aquella frase del filosofo francés François Marie Arouet Voltaire, en que los “doctores son personas que recetan medicina, de la que saben poco, para curar enfermedades que no conocen en personas de las cuales no saben nada”, parecía, con los ojos cerrados, que se alistaba a emprender un largo camino.

 “En esa quietud veía personas que había conocido y que habían muerto. Veía, igualmente, seres que me decían que no era mi tiempo de irme. Aquello parecía una locura y visualizaba a aquellos que podían abrazar, besar y gritar que tenían Covid-19”, contaría Barrera después de 30 días de estar en la sala de cuidados intensivos.

    En ese periodo mientras las autoridades sanitarias recomendaban que todos siguieran los protocolos de bioseguridad, a nadie le importaban debido a la ociosidad de los turistas y de los habitantes que llegaban hasta las playas, sin máscaras y sin conservar la distancia física, para fumar marihuana y para beber todo tipo de licores como si aquello fuese el festejo de los muertos realizado por borrachos que invadían las calles y el que moría, ni siquiera tenía tiempo de poner atención en ello. Todo era capricho del cielo, es decir que sufrían y esperaban el momento.

    Parecía que nadie hubiese muerto por el coronavirus mientras en las unidades de cuidados intensivos no habían camas ni siquiera para atender a los heridos de peleas, de accidentes vehiculares, de personas baleadas o de quienes sufrían de alguna otra enfermedad.

    “Pasé mi cumpleaños sin recordar ni siquiera el día. Todo estaba patas arriba. Me convertí en un ratón de laboratorio mientras estaba dormido. Lo único que me daba vueltas era que no podía pagar los recibos de pago. Estaba sin trabajar y en un hospital. Era como si me estuviera preparándome para el fin de mis días y en una de esas noches, de fiebre y dolor de cabeza, escuché que me decían, ‘el día del Señor vendrá cuando menos se espera, como viene un ladrón de noche’…”, dijo Barrera, quien sigue en periodo de recuperación en su casa junto a su esposa, Patricia, y el resto de su familia que sentía la pena de la separación y que se agrandaba por la circunstancia en que aquel hombre había aprendido a defenderse de la vida con el andar de las manecillas, pero en aquel momento en que luchaba por vivir en vez de morir, el escepticismo le mostraba de nuevo que es como el vino diario de la vejez.

Los casos referidos de los periodistas que sufrieron Covid-19 y que se recuperaron son simples sombras errantes en la tierra del dolor en la que estamos prisioneros, confinados y aislados, pero abandonados a los recuerdos.

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