Capsulas de Carreño

Están en paro hace rato. Por Luis David Obando

Por Luis David Obando

* Eso del cese, que legalmente no podría llamarse ‘huelga’, no es novedad en nuestro fútbol.

—–

Muy, pero muy mal asesorados están los jugadores agremiados en la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro). En lo legal y en lo comunicacional. En lo segundo, porque han manejado literalmente a las patadas su propia imagen en el litigio que han armado en lo que, bien llevado, pudo ser una concertación laboral. En lo primero, precisamente por las fallas de modo y lugar en las que han incurrido para gestionar sus pretensiones.

En lo que respecta a imagen pública, con todo y el pleno derecho que les asiste a la asociación y la búsqueda de mejoras en sus condiciones de trabajo, definitivamente no han tenido cómo superar el muy bien sustentado imaginario de que se trata de personas que trabajan máximo seis horas diarias (la jornada no suele pasar de cuatro) para ganar sueldos astronómicos.

¿Cómo explicarle a cualquier persona que con lo que gana mensualmente en Colombia un jugador de fútbol como salario (sin contar premios, bonificaciones y porcentajes de transferencias, amén de contratos publicitarios), pueden vivir muy bien entre 80 y 100 familias, y más en algunos casos? Eso es lo que no han podido resolver en asuntos de opinión pública, y que da la apariencia de estrambótico a su listado de peticiones. Se podría hacer, pero no han sabido hacerlo.

En asuntos de derecho, la cosa es aún más complicada. Sin ser este ni mucho menos un escrito de carácter legal, es claro que no existen violaciones al derecho a la asociación ni se ha coartado la negociación colectiva, sino que, en supina ignorancia de los procedimientos (¡y aun invocándolos!), no han identificado claramente el actor patronal: strictu sensu, intentar negociar un pliego de peticiones (y sin presentarlo formalmente como tal) con la Dimayor en lugar de con los directos contratantes (los clubes), es similar al hipotético y nulo caso de que los sindicatos industriales intentaran adelantar sus petitorios ante la ANDI.

Por lo demás, y en esto es más que claro el comunicado del Atlético Nacional la semana pasada, el mismo ordenamiento legal señala los tiempos, las formas y fases para adelantar las negociaciones colectivas (a las cuales sin duda existe inalienable derecho), de manera tal que a esta hora ni siquiera se ha dado inicio a la etapa de arreglo directo, como para ahora hablar de huelga. Este factor vicia de ilegalidad el anunciado paro en sus mismas raíces, dando lugar a eventuales despidos con justa causa si los futbolistas hacen realidad su amenaza.

Y para rematar, hay que decirlo bien claro: la calidad que en general se muestra en las canchas no es que dé para muy altas pretensiones. Y esto va tanto para Dimayor como para jugadores: el nivel de la Liga en Colombia es pobre, y de ahí para abajo ni hablemos. Habría que empezar por que los directivos expliquen qué diantres hacen 20 equipos en primera división, cuando no hay ni 16 que se merezcan esa distinción, o cuáles son las matemáticas que aplican para la insalubre repartición de los derechos de televisión entre los clubes afiliados.

Si los directivos no han podido con ese manejo, ni esperanzas de lo que podrán hacer en una negociación laboral. Y si los jugadores ya no llegan al balón o se mantienen tirados en el piso, “muy vivos”, haciendo tiempo en lugar de juego, no hay de qué hablar. Mejor dicho: el fútbol colombiano es mucho lo que lleva en paro, así que lo del cese no es ninguna novedad.

Compartir:

Un comentario

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top