Capsulas de Carreño

Este Junior de pesadilla… Por Hugo Illera Jiménez, Diario Deportes

Por Hugo Illera Jiménez, Diario Deportes

 

*Ser últimos en el grupo sin victorias, sin goles, sin puntos y eliminado no dan margen como para pensar que el equipo esté listo para pelear la novena estrella.

Lo más normal que puede pasar es que, ante la debacle del Junior en Copa Libertadores, se pida la salida del DT Luis Fernando Suárez. Hace un tiempo que me convencí que, en los éxitos y fracasos, la responsabilidad es compartida entre el técnico y los jugadores. Es posible que muchos de los hinchas, golpeados por la más triste de las campañas, estén pidiendo, como casi siempre, la salida de Suárez, que se traiga a Comesaña y asunto arreglado. No voy a polemizar sobre eso porque es lo que se estila en el fútbol del mundo. No hay resultados, el técnico se va, los jugadores se quedan. Pero de verdad, ¿los aficionados creen que la responsabilidad de semejante humillación es absoluta del técnico Suárez?

Estoy viendo la alineación con la que el Junior fue campeón en diciembre pasado en Medellín de la mano de Comesaña. Aquella tarde noche llena de emociones, que rayaron en el paroxismo, el equipo barranquillero alineó a nueve jugadores que actuaron esta noche en la goleada en contra vs. Palmeiras en Sao Paulo. Hablo de Sebastián Viera, Marlon Piedrahíta, Jefferson Gómez, Rafael Pérez, Luis Narváez, Víctor Cantillo, Luis Díaz, Teófilo Gutiérrez y Fabián Sambueza. De aquella alineación no estuvieron hoy, Gabriel Fuentes (suspendido), James Sánchez (lesionado), Jarlan Barrera (en Rosario Central) y Yony González (en Fluminense). Los mismos jugadores que jugaban como los dioses y que eclipsaron a los demás en la prensa deportiva y en la cátedra. Los mismos que jugaron la final de la Copa Suramericana y los mismos que ganaron la octava estrella.

Pero, ¿por qué el Junior actual no juega como el que fue campeón siendo la misma nómina? Mi concepto es que con Comesaña había una caja de cambios llamada Jarlan Barrera. Junior históricamente ha basado su juega con un volante 10 clásico. Hablo del Pibe Valderrama, Giovanni Hernández, Víctor Pacheco, Nene Mackenzie, Pato Gasparini, Marquinho, el maestro Alfredo Arango, Carlos Babington y, un poco más atrás, Dida.

A pesar de toda la historia de encuentros y desencuentros con Jarlan en el último tiempo, por su decisión de quedarse con sus derechos y marcharse, con él el fútbol fluía. Explotaba la velocidad de Díaz, la habilidad de Teófilo, y en Cantillo y James encontró socios para la generación de ese fútbol maravilloso que hoy extrañamos.

La ausencia de Jarlan llevó a buscar un volante 10 clásico y se trajo a Matías Fernández. La idea era congruente con la necesidad de llenar ese vacío y de tener la caja de velocidad que no es otra cosa que aquel jugador que maneja los tiempos del partido. Cuando hay que acelerar, cuando hay que bajar la velocidad, cuando hay que enfriar, y cuando hay cerrar el juego. Hasta ahora es un fracaso. A pesar de saber que jugaba poco en México y de no tener una buena condición física que sólo daba “para que jugara 20 minutos” se trajo por un pedido expreso del DT Suárez y así lo dijo Antonio Char cuando dio la noticia al periodismo.

Siempre me quedó la sensación que Matías se contrató a pesar que en la nómina estaban Sambueza, Hernández, Torres y hasta el propio James que podía hacer la posición en caso de necesidad. Creo que el caso Matías fue el punto de quiebre. Junior había comenzado muy bien el año jugando con la misma vistosidad de la liga anterior, le ganó la Superliga al Tolima, ganó tres partidos consecutivos y, a partir del juego vs. Rionegro la noche del debut de Matías, algunas cosas fueron bien evidentes.

Junior pasó de ganar sus juegos a empatarlos casi todos y la impronta de equipo goleador se fue quedando a la vera del camino hasta el punto de no poder anotar un solo gol en los cuatro partidos perdidos de Copa Libertadores. Para decirlo como ya lo dijimos, Junior comenzó a desmoronarse hasta caer por el barranco la noche de este miércoles de eliminación.

Junior va bien en la Liga Águila, no va a salir del Grupo de los 8, le restan sumar 4 puntos de 18 para clasificar y estará listo para pelear por retener el título. Pero, lo visto en Copa Libertadores, las cuatro derrotas sucesivas con 0 goles anotados y 7 recibidos no dan, a sol de hoy, para pensar que eso pueda ser posible.

El Juniorismo está herido en su amor propio. Ser últimos en el grupo sin victorias, sin goles, sin puntos y eliminado no dan margen como para pensar que el equipo esté listo para pelear la novena estrella.

Ojalá, pero habrá que mejor mucho. Comenzado por regresar a su identidad que no es otra que el fútbol bien jugado, vistoso para la tribuna y con gol. Don Fuad está cabrero. Eso me aseguraron…

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Un comentario

  1. javier Albeto Dávila

    12 abril, 2019 at 11:20 am

    *Por comentario de Hugo Illera
    Amigo Illera, la apoteosis del Junior no fue contra Medellín, fue contra Paranense, cuando pudieron ganar la Suramericana y un penal cobrado por Jarlan, más con afán de gloria y de despedida por lo alto, lo llevó a errar ese pena máxima y tiró por la borda el sueño de una afición.

    Contra Medellín, solo la suerte los salvó para poder obtener el título, porque los remontaron fácilmente y solo un rebote infortunado de Murillo y la desviación de un balón en la pierna de Pertuz, permitió ese gol de González y garantizó la vuelta olímpica, pero el fútbol fluido ese día no se presentó en el estadio antioqueño.

    Tiene razón en lo del futbolista chileno, pero tiene mayor responsabilidad Teo, que en esta copa nunca jugó y se hizo expulsar y los bajos niveles de Díaz, Piedraita, Sambueza, Cantillo, Fuentes y Sebastián y solo están pretendiendo desviar la atención sobre lo más fácil, pero cuanto dinero devengan los otros, para ese paupérrimo nivel con que están jugando.

    Suárez tiene responsabilidad y mucha y la mayor es dejar que esos jugadores con ese nivel futbolístico, estuvieran presentes en los partidos y no meter la muñeca para haber sido eliminado con honor, así hubiese sido utilizando jugadores del equipo B o juveniles.

    Es triste que un esfuerzo tan grande de unos directivos lo boten a la basura unos jugadores que solo han llenado sus bolsillos en esa institución y siguen devengando y perteneciendo al equipo cuando deberían tomar otro camino y ojalá no sea de premio,sino de castigo.
    Javier Alberto Dávila, Medellín

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