Capsulas de Carreño

Favoritismo a la colombiana (Luis David Obando López)

Luis David Obando

Por Luis David Obando López

 

* Claro que se puede soñar. Lo importante es despertar con el trofeo en alto.

 

En los anales del fútbol solo hay lugar para los campeones: las memorias de los torneos, desde los locales hasta los universales (si los hubiera), reservan una sola línea de registro, y la acapara el primer lugar. Del segundo para abajo, que se acuerden los hinchas, y eso si la jungla del tiempo no termina cerrando la trocha y dejando en la ruina del olvido lo que alguna vez fue acercamiento a la gloria.

Bastará la tratativa de un censo: ¿Alguien (sin ayuda de Google) recuerda en detalle hoy en día la selección Colombia del Caimán Sánchez; la de Pedro Zape (hoy en Nacional), Diego Umaña, Alejandro Brand, Willington Ortiz, Ernesto Díaz, Ponciano Castro, Juanito Moreno,  Eduardo Retat y un gran etcétera de estrellas que fue el primer equipo tricolor (en ese entonces de camiseta naranja) que asomó las narices a un título en Suramérica?

Corría 1975. El Suramericano (así llamado) no era un evento centralizado sino que se jugaba al estilo de las eliminatorias mundialistas, con partidos de ida y vuelta, también en semifinales y final. Sacar puntos (sumaban de a 2 por triunfo) en el peligroso Defensores del Chaco en Paraguay en épocas de tiranías, era cosa de titanes, y lo lograban. Colombia, 13 años después, seguía viviendo del épico 4-4 frente a la Unión Soviética en el Mundial de Chile, y el júbilo nacional presagiaba un nuevo referente para el ensueño. El título estuvo al alcance de los guayos. Perú, por esos años  potencia con el Nené Cubillas y Oblitas al frente, lo dejó en su puesto tras una final de tres partidos con desempate en Caracas. Consuelo: Díaz, del Santa Fe, goleador (4, empatado con el argentino Luque, tres años después campeón mundial en Buenos Aires).

¿Quiénes dijeron que lo recordaban? Sin duda no es solo cuestión de edad: tampoco habrá mucho detalle en la memoria para las gestas en Copa América de los equipos de Maturana y Bolillo en tiempos de bonanza en los 80 y 90, ni de los fiascos del Chiqui García. El palmarés solo registra en letras doradas el título como locales en 2001, con ausencia de Argentina por razones de seguridad en época de alta intensidad guerrillera. Solo en ignoradas columnas secundarias aparecen los terceros lugares en 1987, 1993 y 1995, y hay que escarbar demasiado para rememorar la cuarta posición de 1991 y 2004.

Pero todavía sin jugar, el presente es el que cuenta, y Colombia (como casi siempre desde hace 28 años), llega a Chile con rótulo de, por lo menos, finalista de esta Copa América 2015. No podía ser menos luego del mundialazo en Brasil 2014, y no pocos sueñan con un juego de revancha con la auriverde para dirimir una superioridad que aún hoy sigue en duda, y no solo por una jugada de gol anulada. Esta vez (como casi siempre, de nuevo), Colombia ‘suena’ a campeón, y así se hace saber en caudales de tinta, de verbo y hasta de pixeles. ¿Y Brasil, y Argentina, y Uruguay? ¿Y el local, con el aliento en el estadio de una masa enfervorizada por asuntos tanto deportivos como políticos? No importa, parece.

Claro, hoy está Pekerman en el banco, y juegan Falcao y James y Cuadrado y Ospina y Jackson… Dan ganas de gritar ¡goooool! con solo nombrarlos. Obvio, se puede soñar, pero con los pies en la tierra. Sí hay con quien, y de mucha calidad, pero el asunto también (y a veces más) es de ‘chip’ mental. Ahí es donde se juega el verdadero partido Colombia: consigo misma. Con sus ambiciones, pero también muchos miedos históricos por superar. ¡Claro que se puede! Pero la primera victoria está en el camerino. Y ahí, viendo a Pékerman y su indudable liderazgo, resurge el sueño…  Lo importante es despertar con el trofeo en alto.

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