Frustración, decepción, dolor…

Amargura sin límite para los seguidores generada por el desconocido DIM. En cambio, Jorge Bava, uruguayo, con apenas 3 meses y días al frente del equipo, sacó campeón a Santa Fe, en una final de destacada lectura táctica. Foto @SantaFe.

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Por María Victoria Zapata B.
Columnista Cápsulas.
María Victoria Zapata, Dama Roja del comentario o simplemente Pola. 

 

…Y una historia que se repite una vez más y golpea con fiereza a la hinchada del Deportivo Independiente Medellín, que ayer volvió a poner la  nota sobresaliente en esta final de Liga,  porque anoche el Equipo del Pueblo fue inferior a las expectativas y al reto  en este partido decisivo del campeonato y lo único que  sumó, infortunadamente,  fue un  fracaso más.

Jugó un partido para el olvido, sufrió de amnesia individual y colectiva, desconoció  las bondades de su excelente rendimiento en cuadrangulares, pulverizó  su estructura táctica  y asociativa, de manera inexplicable niveló por lo bajo el rendimiento de los jugadores y  careció de un líder en el gramado.

Igualmente, invadido por los fantasmas de la fase todos contra todos dejó a un lado su fútbol, se alejó del pórtico visitante, desconectó por completo medio campo de ataque, permeó su hasta ayer sólida defensa, canjeó sus fortalezas por debilidades y nos dejó a los hinchas lastimados y  con las manos vacías.

Y también con el corazón destrozado por completo.  Ayer, las lágrimas fueron nuevamente de  dolor e impotencia, de amargura y decepción. De desconcierto ante un DIM  que se mostró  totalmente falto de jerarquía  para luchar por el esquivo título, de coraje para defender el 1-0 tras la anotación del polaco Fydriszewski, al minuto 18,  y de agresividad para buscar los goles que nos acercaran cada vez más a la anhelada estrella.

Hoy, con una congoja que tardará muchos días en ceder, nos preguntamos por milésima vez en las últimas horas por los  yerros cometidos tanto ayer como  en aquellas igualmente frustrantes finales de 2014, 2015, 2018, 2022 y 2023, por mencionar las de la actual administración,  que, en modo alguno, se compensan con el único título obtenido,  en el año 2016. Muy poca alegría para tanta amargura.

 El amor infinito e incondicional por nuestro amado DIM no puede, en modo alguno,  normalizar el extenso listado de reveses en definición de títulos (6 con el de ayer), atribuirlos erróneamente  al factor suerte, a la probalidad matemática del triunfo-derrota  inherente al fútbol,  a históricos y repetidos resultados entre rivales de turno  o a inexistentes procesos  en el  Equipo del Pueblo.  Un subcampeonato no es un logro. Es, en todo los casos referenciados desde el año 2014 ( y muchos de los que le antecedieron), un desgarrador fracaso.

Y hoy, los hinchas poderosos no sentimos más que dolor, frustración y decepción. Una amargura sin límites. Merecemos más, mucho más  que eso…!!!
[María Victoria Zapata B.]

 

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