Capsulas de Carreño

Fútbol y país.

Por José Acosta Bedoya.

 

 

*Los culpables, siguen, unos empotrados en sus sillas dirigenciales y otros detrás de un micrófono.

Hace dos mundiales hablábamos de que en Colombia había dos clases de fútbol: el fútbol local, un fútbol que era fiel reflejo de quienes eran los dueños y su manejo, que lo situaban en los umbrales de la mediocridad y el fútbol de selección que había vuelto a recobrar la memoria del deporte que en otrora habíamos jugado y cuya madurez y jugadores de alta competencia lo habían situado en un nivel de resultados, que sin llegar al clímax total, se ubicaba en el top 5 de las selecciones de mejor fútbol en el mundo.

Pero como lo bueno no hay que cambiarlo sino mejorarlo, mientras los europeos jugaban un fútbol directo, de transiciones, de fortaleza, físico y donde todos los jugadores tenían que marcar, optaron por modificar su idea de juego y transitar por un fútbol que sin perder su técnica y algunas otras características,  es de elaboración, de equilibrio entre las transiciones de ataque a defensa y de defensa a ataque conformando un juego más eficiente y productivo, de ahí el España campeón mundial en el 2010, Alemania en el 2014 y Francia en el 2018. Ese mismo fútbol era el que teníamos y jugábamos, pero nosotros fuimos contra corriente y para estar en la línea de un “fútbol moderno”, volvimos y equivocamos el camino.

Cuando me refiero a fútbol país, sólo quiero significar que todos los fenómenos que afectan a Colombia, afectan igualmente a todos los sectores y especialmente al fútbol por ser transversal a todos los grupos de interés que conforman el escenario nacional. Así que en un país permeado por la corrupción, el narco tráfico y los grupos al margen de la ley y polarizado políticamente, encontramos estos mismos elementos en el fútbol y las diferentes entidades públicas o privadas que lo manejan.

Hoy, ya casi eliminados, empieza la búsqueda de culpables y desde las tribunas del periodismo deportivo, comienzan los señalamientos que van desde la afición, pasando por los jugadores y desembocan en el técnico como principal responsable de esta debacle. Un técnico que sabíamos que venía de fracasar con Chile pero que del abanico de técnicos que sugirieron especialmente los medios, era el mejor de todos los “malos” que habían. Un técnico que nos había devuelto la esperanza de jugar el buen fútbol que pedíamos al coronarse campeón de copa libertadores con Nacional. Un técnico que a la postre, nunca salió del modelo de juego defensivo y miedoso que en otras épocas jugaba sin resultados importantes. Un técnico que va a ser recordado como el único que en una sola eliminatoria elimina dos selecciones. Pero fue el que escogimos para tapar el fracaso que desde los dirigentes y un sector de la prensa habían llevado a nuestro fútbol al escoger un técnico que tampoco jugaba a nada y desechar al técnico de mejores resultados que haya tenido selección alguna.

Los culpables, siguen, unos empotrados en sus sillas dirigenciales y otros instalados desde las tribunas detrás de un micrófono echándoles la culpa a otros actores diferentes y protegiendo personajes en vez de estar exigiendo a los mismos dirigentes los resultados que le exigen a los jugadores y técnicos y propender por exigir un buen fútbol sin aumentar los índices de sintonía a costa de los fracasos de otros. Esos son los medios que venden con las desgracias y que no saben vender con los aciertos. Como decía Facundo Cabral: “si los malos supieran el buen negocio que es ser bueno, serían buenos aunque sólo fuera por negocio”.

Ahora, no salgan con boludeces como entregar el seleccionado a Falcao o a Yepes o quién sabe a qué otros, pues podemos darnos el lujo de que el técnico actual dirija los dos últimos juegos, no para reivindicarse, sino para que termine su ciclo de fracasos completamente. Y si por un “milagro” se clasificara, sería ir a un mundial a hacer el ridículo y sería más vergonzoso y estruendoso el fracaso para el país pero más rentable para los medios.
[José Acosta Bedoya].

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